Bernardo Congote

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Me indigna la indignación contra el Ejército

Nuevamente se levantan voces aspaventosas. Nuevamente aparecen las peticiones de perdón y cadenas perpetuas[i]. Nuevamente se derrama tinta producto de sangrados inocentes. Nuevamente la sociedad mira para el lado equivocado en relación con los delitos del Ejército (y otras fuerzas).

Contabilizamos casi dos décadas de cada vez peores estropicios militares y policiales contra civiles. Décadas de una guerra sospechosa, al cabo de la cual se ha derramado impunemente sangre de miles de civiles.

¿De qué han servido esos aspavientos, editoriales y arrodillamientos? De muy poco porque en Colombia solemos buscar el origen de ciertas avalanchas río abajo, no río arriba.

En Colombia ignoramos voluntariamente que las avalanchas arrancan río arriba y que río abajo aparecen los falsos positivos, las violadas y los robos.

Ahora: ¿Dónde quedaría el «río arriba» de lo militar? Probablemente en un adoctrinamiento que estaría sembrando comportamientos violentos y delictivos entre los miembros de las fuerzas armadas y policiales.

Ese adoctrinamiento, en el Ejército estaría orientado por un denominado “Centro de Doctrina del Ejército Nacional de Colombia”, encabezado ahora por el Coronel Pedro Javier Rojas Guevara[ii].

Pero nuestro ilustre coronel Pedro Rojas se pasea por la biblia literalmente como Pedro por su casa[iii]. Posando inclusive de erudito bíblico llama “2 Crónicas” al libro que los de a pie conocemos como “II Paralipómenos”[iv].

En el artículo que citamos, el coronel no se pone pálido escribiendo que en defensa de las batallas (hablando aparentemente del Coronavirus), según la la Biblia, ellas están amparadas por Dios.

Escuchar a un coronel del Ejército predicar como un obispo, no es gratuito. Todo porque dentro de las Fuerzas Militares y Policiales de Colombia, opera desde hace muchas décadas un departamento de la iglesia católica llamado Obispado Castrense.

El tal obispado tiene oficinas, si no las han cambiado de sitio, en algún lugar del Cantón Norte. Curiosamente, uno de los espacios de más ingrata recordación como escenario de múltiples torturas, crímenes y violencias contra civiles. Y donde también se halla el hotel que alberga a los más indignos criminales de cuello sucio de la política criolla.

Desde allí despacharía el Obispo Castrense, Monseñor Fabio Suescún. El muy católico Monseñor, además, tendría asiento (no sabemos si con voz y voto) en el Estado Mayor de las Fuerzas Militares.

Estos datos, entre otros muchos, tienen origen en una investigación académica  del autor del blog y aparecen consignados en su libro La iglesia (agazapada) en la violencia política (páginas 318 a 341) [v].

Lo anterior explicaría que la Escala de Valores con que se adoctrinan nuestras fuerzas militares y policiales provendría de la más rancia doctrina católica.

Esta suma de sinrazones explicaría por qué me indigna que la sociedad, de manera por demás hipócrita, derrame lágrimas, prédicas y reclamos contra las fuerzas armadas y policiales, pero nunca contra sus muy católicos adoctrinadores.

Cuando en Badillo se perdió la Custodia de la iglesia, el maestro Escalona escribió un vallenato de lujo al que llamó precisamente «La Custodia de Badillo». En ese canto apeló para que buscando la joya perdida “comiencen del cura pa´bajo a requisá”.

Pues bien. Para no seguir vertiendo lágrimas de cocodrilo, echando aspavientos, desperdiciando editoriales, columnas, blogs y cayendo en  hipocresías similares ante cierta proclividad delictiva inoculada en nuestro aparato militar, en Colombia deberíamos empezar a buscar responsabilidades desde la iglesia para abajo.

No sobraría preguntarles al Obispo Castrense y sus amigos[vi], cuál sería la responsabilidad de la santa madre iglesia adoctrinadora de uniformados, en la persistencia, atrocidad, sevicia y premeditación con que cometen los uniformados todo tipo de crímenes y delitos en Colombia.

Congótica 1. El Obispado Castrense es un ente dirigido directamente desde el Vaticano en Roma, por el papa de turno quien es el que designa al obispo.

Congótica 2. Colombia está sometida a esta manipulación, gracias al Concordato que mantiene vigente desde 1887 (con la complacencia de tirios y troyanos, los mismos que echan aspavientos y derraman lágrimas de cocodrilo).

Congótica 3. Los datos disponibles indican que existen obispados de ese tipo en unos treinta y nueve (39) países donde opera la iglesia católica.

Congótica 4. La autodenominada Mater et Magistra, no sólo sería la iglesia más rica y ostentosa conocida; el aparato político agazapado más perverso y el educador de civiles más dañino, sino, además, la adoctrinadora militar más poderosa (y también dañina) conocida en este planeta.

[i] https://www.elespectador.com/noticias/politica/solicitan-al-ejercito-que-pida-perdon-a-comunidad-indigena-a-la-que-pertenece-nina-violada/

Jun 26 2020

[ii] “Así dice Dios: ‘La batalla no es de ustedes, sino mía”. Diario El Tiempo, mayo 2 2020, Pg. 1.13

[iii] Posa inclusive de erudito bíblico el ilustre coronel.

[iv] Nacar-Colunga. (1969). Santa Biblia. Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos. Págs. 498-540.

[v] Congote, B. (2011). La iglesia (agazapada) en la violencia política. Charleston: Edición propia. Páginas 318-341. Disponible en www.amazon.com (USD $69).

[vi] Si los datos que poseo siguen siendo válidos, habría sacerdotes castrenses adoctrinando uniformados en buena parte, si no todas, de las Brigadas Militares (y Comandos Policiales) de Colombia

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