Bernardo Congote

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¿Hay un dios?

Es la primera pregunta que intenta responder Hawking[1]. Le estoy leyendo en un centro vacacional de Antioquia. Es una mañana veraniega. Sol radiante. Verde montañero. Música de carrilera. Carrieles. <<¡Quiubopues!>>. Los niños brincan en la piscina de olas. Los adultos gritan. Ríen.

De pronto veo llegar un grupo de adultos mayores. Son aproximadamente 500 personas. Averiguo y me informan que una alcaldesa en trance de reelección, invierte impuestos para garantizar que estos votantes se comprometan a reelegirla en 2019. Así se los pide en sentido discurso de saludo en el que, nótese bien, abundan las alabanzas a Dios.

Después del saludo, los visitantes salen a deambular con sus achaques por los espacios de descanso. Siendo las nueve de la mañana comienzan a hacer una larga fila para el desayuno. También recibirán almuerzo y ruidosos músicos. Todo <<gratis>>.

También es <<gratis>> la misa. A las diez de la mañana se los convoca a un gran salón cubierto por una calurosa tolda. Ha llegado el cura de la región. Todos a una los adultos que hace minutos subían y bajaban por el lugar, asombrados y regocijados por sus adornos, plantas, músicas y piscinas, terminan reunidos en el corral místico.

El cura emprende su retahíla con llamados a reflexionar sobre la muerte y el castigo a los pecadores; sus arengas para que estos seres humanos cuya edad los tiene ya al borde del cementerio, se preparen para el cielo (siempre y cuando logren pagar la misa de difuntos).

¿Qué hay en esta puesta en escena? De bulto, la connivencia entre la alcaldesa en trance electorero y el cura en trance vigilante. El cura, en absoluto llegó de improviso. El saludo divino de la burgomaestre preparó al rebaño para la llegada del pastor.

El mensaje mortecino del cura en la misa busca controlar la diversión de los visitantes. El ser humano no tiene derecho a divertirse, a gozar. Esta vida es pasajera y la recorremos por un valle de lágrimas, recuerda el cura mientras corre por el salón la bolsa que recoge las limosnas.

No es casual tampoco que los miserables terminen apesadumbrados aún divirtiéndose. Un evento que se vende como vacacional y recreativo, inyecta mensajes de muerte para seguir garantizando la fidelidad que les deben los votantes a la alcaldesa y al cura. ¡Ambos se fortalecen con el miedo divino!

A la manera de las corridas de toros, la alcaldesa emborracha a sus electores y, luego entra el cura para prepararlos a la muerte. Entre política y religión los dos micropoderes municipales logran conservar sus privilegios.

Estos ancianos regresarán a su pueblo a la vez contentos y acongojados. Agradecidos y culpables. Pero les dirán a sus familiares y vecinos que la alcaldesa y el cura son dos grandes íconos. Gracias a Dios.

El aparato político y el aparato religioso funcionan armónicamente. Dios, para la alcaldesa y el cura es un ser ausente cuyo vacío es llenado por ellos.  Omnipotente, pero son ellos quienes utilizan el poder. Omnisapiente, pero son ellos los que gobiernan. No en vano ellos son <<sus representantes>> en la tierra.

La alcaldesa y el cura ejercen un poder divino en ese municipio. Ella manda allí en el nombre de Dios. El cura gestiona los milagros. Ambos invierten en esta empresa, y ambos ganan: Ella, votos. Él, limosnas.

Al final del relato, vuelvo a la pregunta de Hawking. Y mi respuesta es: Sí. ¡Hay un dios! Durante siglos ha sido utilizado por este tipo de manipuladores para hacerse ricos y poderosos sobre la tierra.

Los políticos, multimillonarios ostentosos, ejercen el poder y cobran por ello a nombre de Dios. Los curas, multimillonarios agazapados, ejercen el ministerio divino y cobran por él gracias a Dios.

Toda teoría, toda pregunta, resulta inútil en estos cenagosos terrenos de política e iglesias. En primer lugar, porque los miserables necesitan consuelo divino. Y, en segundo lugar, porque la ciencia está satanizada en las familias, escuelas, talleres y otras instituciones.

A ninguno de los manipuladores les interesa saber si el universo tuvo o no comienzo; si Dios participó o no en ese comienzo; si hay uno o varios universos; o cómo pudo ser que una mujer virgen hubiera parido un niño; o por qué ese niño, autoproclamado << salvador>> se hizo crucificar sólo acompañado de ladrones.

Frommiana. <<Si las tendencias arcaicas las comparten muchos, tenemos el panorama de una follie a millions: el hecho mismo del consenso hace que la locura parezca prudencia y la ficción, realidad>> (Fromm, E. 2003. El corazón del hombre. México: FCE. Pg. 138).

Hawkingiana. La historia de este universo contabilizaría 13.500 millones de años y tendría por escribir aproximadamente 20.000 millones de años más. Hawking, S. (2018). Breves respuestas a las grandes preguntas. Barcelona: Crítica.

Congótica. (Buena noticia para unos pocos agnósticos. Pésima para las mayorías creyentes).

Bernardo Congote es profesor universitario colombiano, miembro del Consejo Internacional de la Fundación Federalismo y Libertad (Argentina)(www.federalismoylibertad.org) y autor de La Iglesia (agazapada) en la violencia política (www.amazon.com)

 

[1] Hawking, S. (2018). Breves respuestas a las grandes preguntas. Barcelona: Crítica.

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