Bernardo Congote

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Carta abierta al periodista Guillermo Santos

Apreciado columnista. Cordial saludo. Le formulo estas glosas a su afirmación: «Qué tal ese senador (sic) Roy Barrera(sic)… al quitarles la responsabilidad por la muerte de niños reclutados por ellos (los capos del narcotráfico y bandas delincuenciales), termina asignándosela al Ejército Nacional, que lo único que hace es protegernos…» (El Tiempo, noviembre 11, pg. 1.12. “El nuevo gerente de TIC”).

 

  1. El término «ese» que Ud. utiliza públicamente, es despectivo hacia funcionario público y, en el menor de los casos, no le sale bien a un ciudadano que forma parte de la élite. A no ser que quiera probar el ciudadano que, en Colombia, formar parte de la élite, equivale a desnudar el cierto carácter lumpenburgués de la misma.
  2. El Senador Roy Barreras, no se apellida Barrera, apreciado miembro (¿exsocio?) de la prestigiosa casa de periodismo El Tiempo.
  3. El Senador Roy Barreras, ejerce esa responsabilidad política por decisión del voto popular, de manera que, en absoluto, algún ciudadano del pueblo votante (¿Usted vota o es de los que se abstienen?) podría cuestionar la legitimidad y legalidad de su proceder público, en el caso particular de la protuberante necesidad política de censurar al hoy renunciado Ministro de Defensa de este régimen.
  4. Si el ciudadano Santos posee pruebas en contrario, y no las ha denunciado, estaría incurso en prevaricato por omisión en cabeza de un particular.
  5. El debate parlamentario impulsado por el Partido de la Unidad Nacional o «de la U», en cabeza del citado Senador, le regaló al país uno de los escasos episodios de nuestra precaria historia democrática mediante el cual el Poder Legislativo ha ejercido, eficaz y eficientemente, su facultad de control político constitucional ante el Poder Ejecutivo.
  6. En el citado debate, en relación con la muerte (en zona de guerra) de varios menores de edad, a la sazón visitantes (¡¿ ) (se viene a saber ahora) de un campamento probadamente habitado por la insurgencia, en absoluto el Senador habría apelado por que se libere de responsabilidad penal y política a la insurgencia por el reclutamiento de menores. Si Ud. tuviera pruebas en contrario, insisto, no las ha mostrado en su nota periodística y, por tanto, le convendría publicarlas so pena, insisto, de prevaricar por omisión.
  7. En el citado debate, también el Senador Barreras fue claro en precisar que la responsabilidad de un crimen de guerra recae sobre ambas partes en contienda. En en este caso, sobre el Ejército Nacional ejecutando una acción de bombardeo públicamente autorizada por su Comandante en Jefe desde Casa de Nariño que terminó con la vida, entre otros, de varios menores de edad.
  8. Liberar al Ejército Nacional de su responsabilidad por bombardear un campamento insurgente en el cual, previa y probadamente, se sabía de la presencia de menores, resultaría otra irresponsabilidad. Se caería de su peso, por inane, la falacia que Ud. pretende vendernos de que quien dispara (en cualquier circunstancia), resultare irresponsable por disparar. Y, peor, si se le prueba, como todos lo hemos visto probado en el debate que nos ocupa, que nuestro auto denominado “heroico ejército” habría ignorado de forma voluntaria los reportes sobre la presencia de menores en el objetivo (emitidos meses atrás, por ejemplo, por el Personero de San Vicente del Caguán). Con el agravante de que los habría ocultado a sabiendas.
  9. No puedo dejar a un lado aquí, ciudadano Santos, que éste se ha revelado como comportamiento rutinario de la precaria inteligencia militar. No olvidamos algunos que uno de sus más gruesos errores llevó a su Comandante en Jefe, el actual ocupante de la Casa de Nariño, a dejar a Colombia en ridículo ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, no hace mucho, ciudadano Santos.
  10. El hecho de que el Ejército tenga por misión protegernos a los colombianos, no prueba, simultáneamente, que eso sea «lo único que haga», como Ud. lo afirma. Porque existen corriendo por estrados varios miles de procesos contra altos, medios y bajos mandos militares por acciones protuberantemente ilegales que han atentado contra la vida de varios ciudadanos colombianos, algunos de ellos, también menores de edad.
  11. A no ser, ciudadano Santos, que el cierto perfil lumpenburgués, del que Ud. se ha probado ejemplar evidente mediante su despectiva, por decir lo menos, afirmación pública, le lleve, sin sorpresa alguna para algunos de nosotros, a afirmar en público que, en Colombia, sólo son ciudadanos los habitantes de Rosales, El Poblado, Villa Country o el Oeste de Cali o Mesa de los Santos en Bucaramanga…

El autor es profesor universitario colombiano, miembro del Consejo Internacional de la Fundación Federalismo y Libertad (www.federalismoylibertad.org), autor del libro La Iglesia (agazapada) en la violencia política (www.amazon.com) y escribe el blog argentino: www.federalismoylibertad.org/agenda/articulos

 

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