Bernardo Congote

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Aplaudamos… ¡pagando los Impuestos!

Razones tienen los profesionales de la salud. Muy bonitos los aplausos pero no sirven para proteger su vida ni, por tanto, la nuestra. Expresiones emocionales los aplausos. Y ya ni suenan.

Nos convendría pasar de la lástima a la práctica. Todos pedimos: ciudadanos de a pie, empresarios de todo calibre, profesionales de todos los tipos. Pero poco se sabe de quiénes son los que dan.

Los impuestos son el camino para que el Estado nos devuelva servicios a los ciudadanos servicios. Si no pagamos los suficientes impuestos, ¡el Estado es deficiente!

Se oye por la calle que “yo no le pago impuestos a Duque”. No están del todo equivocados los evasores. Pero en lo que no tienen razón, es en creer que esos impuestos van al bolsillo del presidente (Por lo menos, no todos).

¡Ah! ¿Y que se van al bolsillo de los congresistas, militares, diputados y concejales? Es probablemente cierto. “La política es costosa”, dicen. Lo que uno no entiende es que, si es tan costosa, por qué les sobra tanto dinero en Miami, como probablemente lo hizo el “héroe” Montoya.

Sea como sea, si la coima de los ladrones de cuello sucio es, digamos del 20 por ciento, los ciudadanos evasores se roban el 100%. Sí. Quien no paga un peso de impuestos, es más ladrón que el que se roba el 20%.

Lo peor, es que en toda discusión sobre “el Estado ineficiente y los políticos ladrones”, los que hablan más duro suelen ser los que no pagan impuestos. Cuando la discusión está muy álgida, la mejor forma de callar a esos vociferantes es preguntarles: ¿Y Usted paga sus impuestos?

Los tapabocas, los guantes, los medicamentos, los uniformes, los salarios, en fin, todo aquello que requieren los profesionales para cuidar de sí y cuidarnos, cuestan plata. ¿Y de dónde viene la plata? Del Estado por la vía de los hospitales públicos (o sea de impuestos) o de las EPS por la vía de las IPSs (o sea de nuestros aportes directos).

Claro que existe la limosna. Y por estos días han aparecido numerosos donantes. Claro que no dicen que, cuando declaren el año entrante sus donaciones, ellas les serán rebajadas de los impuestos por pagar… Ahhh

El señor Sarmiento, que de tiempo en tiempo ocupa las páginas de su periódico para contarnos qué tan bueno es, dijo haber donado $80.000 millones de pesos, la misma semana en la que el Banco de la República y los ministros de turno, anunciaban «ayudas» para los bancos.

El donante Sarmiento tacaría con dos bolas: la más grande, recibiendo liquidez (así la llaman) del Banco de la República (plata de nuestros ahorros por la que no recibimos ni un solo peso). Y la bola más chiquita es que los $80.000 millones  que dice haber donado, muy probablemente en la declaración del 2020 aparecerán como impuestos deducibles (o sea, menos plata para el Estado).

Toda limosna es sospechosa. Dicen que alivia más al donante que al receptor. Pero ambos pierden. El donante porque sus culpas son más grandes que sus limosnas, y siempre queda mal consigo mismo. El receptor, porque ninguna limosna le es suficiente y siempre queda odiando.

¡Paguemos más impuestos y aplaudamos menos!

Congótica 1. ¡Y ahora las empresas salen a pedir «ayudas»! El año pasado vendieron, dicen, $50 billones y este año poco… (¡Pobrecillas! ¿Y por qué no sacan platica de sus gruesos patrimonios tal como lo estamos haciendo todos «rompiendo el marranito»? ¿Será que todavía no hay vuelos a Miami o a Islas Caimán?)

Congótica 2. Los médicos acaban de salir a pedir ( ) seguro de vida. ¡Tampoco!  ¿Con qué pagamos los demás profesionales nuestros seguros? ¡Con nuestros salarios!

Congótica 3. La Limosnera Mayor (la santa madre iglesia), acaba de padecer por primera vez la pobreza que predica: ¡se quedó sin limosnas en la semana pobre[i]! (Pero basta con que le pidan a Francisco, el Banquero Mayor, un giro en euros y en Pascua seguirán comiendo bien los obispos. ¿Conoce Ud. un obispo flaco?).

[i] http://blogs.elespectador.com/politica/bernardo-congote/llego-la-semana-pobre

14 abril 2019

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