En días pasados escribí una columna de opinión en la que hablaba sobre los rumores que van y vienen acerca de lo que, al parecer, estaría ocurriendo al interior de la junta directiva de Ecopetrol. Estos hechos generan preocupación, al tratarse de una de las empresas más importantes del país y que cuenta con el afecto de todos los colombianos.

En ese sentido, hice referencia a lo que se dice en los pasillos, lo cual, por supuesto, genera sensibilidad, pero en ningún momento constituye delito alguno por una supuesta afectación a la honra de quienes se mencionan en el texto. Insisto: estos rumores van y vienen, y estas personas, al integrar la junta directiva de una empresa donde hay recursos públicos —así no sea enteramente pública—, están en la obligación de darle claridad al país.

Pedir que se aclare este asunto, así como se le exige a Ricardo Roa, presidente de Ecopetrol, que le explique al país todos los señalamientos que enfrenta, tanto en lo judicial como en la opinión pública, no es delito. De la misma manera, solicitarle a la junta directiva de Ecopetrol claridad sobre rumores que circulan tampoco lo es.

De este modo, señores de la junta directiva de Ecopetrol, como colombiano que quiere y respeta a la empresa por todo lo que significa para el país, y que además cotiza en bolsas en los Estados Unidos hecho que le imprime protocolos de transparencia bajo la normatividad internacional, les pido dejar la sensibilidad y actuar con altura frente al momento que vive la compañía, en medio de los escándalos que rodean a su presidente. Su gestión es fundamental para cuidar y proteger la empresa, dejando de lado cualquier tipo de interés particular, porque —no nos digamos mentiras— en todos estos espacios hay intereses, y ustedes no son la excepción.

Recibí dos cartas firmadas por los señores Ricardo Rodríguez Yee y el exministro Luis Felipe Henao, en las que explican sus actuaciones al interior de la junta directiva y niegan la existencia de cualquier conducta indebida en su gestión. A esto, por supuesto, doy toda la credibilidad y agradezco la respuesta. Sin embargo, no había necesidad de enviar cartas a El Espectador advirtiendo sobre posibles demandas por supuestas calumnias e injurias; bastaba con una llamada a mi celular, porque —insisto— no es delito manifestar públicamente una preocupación frente a rumores que van y vienen y que deben aclararse por el bien de una empresa que se llama Ecopetrol.

Les recuerdo, mis queridos y apreciados Ricardo Rodríguez Yee y Luis Felipe Henao, que esto no es ni Cuba ni Venezuela, donde opinar y expresar una opinión es prácticamente un delito.

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