La población en los territorios pide respetar las curules de paz.
La población en los territorios pide respetar las curules de paz.

La promesa de las curules de paz nació como un acto de justicia histórica. En territorios golpeados por décadas de violencia, como el Catatumbo, estas circunscripciones no solo buscaban abrir un espacio institucional a las víctimas, sino también dignificar su voz y garantizar que nunca más fueran silenciadas por las armas. Sin embargo, cuando el mecanismo concebido para reparar termina rodeado de sospechas, la pregunta deja de ser política y se convierte en moral: ¿se está traicionando el espíritu mismo de la paz?
Lo ocurrido en la Circunscripción Transitoria Especial de Paz #4, en Norte de Santander, es profundamente inquietante. Las sospechas sobre posibles irregularidades no han cesado. Si esto se confirma estaríamos frente a una distorsión grave del principio democrático en uno de los espacios más sensibles del posconflicto.
Aún más preocupante resulta la aparente indiferencia institucional frente a las alertas tempranas. Testigos electorales y ciudadanos aseguran haber presentado reclamaciones formales por votaciones atípicas en mesas específicas, donde la concentración de sufragios a favor de una sola candidatura supera lo razonable en contextos de competencia electoral. La ausencia de respuestas claras por parte de las autoridades competentes no solo alimenta la desconfianza, sino que envía un mensaje peligroso: que incluso los mecanismos diseñados para proteger la democracia pueden volverse impermeables al escrutinio.
El Catatumbo no es un territorio cualquiera. Es una región donde el miedo ha sido históricamente un actor político, donde grupos armados han condicionado la vida cotidiana y donde ejercer el derecho al voto en libertad no siempre ha sido una garantía. Por eso, cualquier indicio de coacción electoral en esta zona debe ser tratado con el máximo rigor. Minimizarlo o ignorarlo sería desconocer el contexto y, peor aún, revictimizar a quienes precisamente estas curules pretendían proteger.
También es necesario señalar que la legitimidad no se decreta; se construye. Y en este caso, la elección de Tatiana Gaona Pinzón, más allá de su resultado formal, enfrenta un desafío profundo de credibilidad. Cuando una representación nace bajo cuestionamientos de esta magnitud, su capacidad para encarnar auténticamente la voz de las víctimas queda inevitablemente en entredicho.
Uno de los aspectos que ha llamado la atención de los denunciantes es que por parte del otro candidato, Wladimir Gómez Becerra, también se presentaron ante los testigos electorales reclamaciones en las comisiones escrutadoras municipales y departamentales por lo que calificaron “una concentración desproporcionada de votos en determinadas mesas, lo que constituye una votación altamente concentrada y posiblemente atípica (..) lo que podría constituirse como un indicio razonable de posibles prácticas que afectan la libertad del elector.
En los documentos aportados ante las autoridades competentes, se registra que el candidato, Wladimir Gómez Becerra, evidencia que una mesa de Hacarí, Norte de Santander, con un potencial de 239 electores, 138 votos fueron para la candidata Tatiana Gaona Pinzón.
El mismo escenario se repite en otra mesa de San Calixto en la que 166 votos fueron para la misma aspirante con un potencial electoral de 256 personas. Voces de esta zona adjudican a Gaona Pinzón un vínculo político muy cercano con Silvano Serrano, ex gobernador del departamento de Norte de Santander.
La democracia no solo consiste en contar votos, sino en garantizar que cada voto sea libre. Si existen dudas razonables sobre ese principio básico, la revisión no es una opción política, sino una obligación ética. Que el Consejo de Estado estudie nuevamente este proceso no debería interpretarse como un ataque a la institucionalidad, sino como una oportunidad para fortalecerla.
Las curules de paz no pueden convertirse en otro escenario de disputa clientelista. Si eso ocurre, se estaría cerrando una puerta que costó años abrir. Y en regiones como el Catatumbo, cerrar puertas suele tener consecuencias que van mucho más allá de lo electoral.
La paz no se construye únicamente con acuerdos firmados, sino con confianza. Y la confianza, una vez rota, es mucho más difícil de recuperar que cualquier escaño en el Congreso.
Nota recomendada: Mi respuesta a Ricardo Rodríguez Yee y a Luis Felipe Henao
Los editores de los blogs son los únicos responsables por las opiniones, contenidos, y en general por todas las entradas de información que deposite en el mismo. Elespectador.com no se hará responsable de ninguna acción legal producto de un mal uso de los espacios ofrecidos. Si considera que el editor de un blog está poniendo un contenido que represente un abuso, contáctenos.