De La Espriella viaja por las regiones para reunirse con alcaldes y gobernadores, armarles un escándalo y distraer a la opinión pública.
De La Espriella viaja por las regiones para reunirse con alcaldes y gobernadores, armarles un escándalo y distraer a la opinión pública.

La jugada le ha salido redonda al presidente Abelardo De La Espriella. Viaja por las regiones con el pretexto de reunirse con alcaldes y gobernadores, pero el verdadero propósito es otro: armarles un escándalo en público, acusarlos de corruptos sin presentar una sola prueba en el momento, manotear frente a las cámaras y señalar con el dedo acusador.
Todo parece calculado. De La Espriella sabe que el conflicto vende y genera titulares. Por eso sus asesores graban cada regaño con calidad profesional y luego filtran los videos a medios de comunicación que no cuestionan nada. Estos espacios replican las imágenes sin preguntarse si lo que dice el mandatario es verdad o si estamos ante una simple maniobra de distracción.
Resulta muy llamativo que el show contra la gobernadora de San Andrés haya ocurrido justo cuando el país empezaba a pedir explicaciones a su esposa, Ana Lucía Pineda, por los millonarios aportes privados que recibió su fundación, «Colombia Luz y Sonrisas» para atender la crisis social que dejó el terremoto del pasado 10 de agosto. Ante las preguntas incómodas la respuesta del gobierno no fue la transparencia, sino provocar un nuevo escándalo regional para desviar la atención.
A esta táctica se sumó la artillería. Vicky Dávila publicó las declaraciones de Eva Ferrer bajo un estilo que ya no parece periodismo de investigación, sino una tribuna de chismes, rumores e intrigas.
En esas entrevistas se intentó vincular a Verónica Alcocer, expareja de Gustavo Petro, con redes de narcotráfico hacia Venezuela, pero sin mostrar un solo documento o prueba contundente que respaldara semejante acusación. Al mismo tiempo, el director del Dapre, Carlos Ríos, salió a denunciar la existencia de 48 contratos de mujeres supuestamente instrumentalizadas en la administración anterior.
Como era de esperarse, el foco de la discusión pública volvió a mirar hacia el gobierno pasado y se olvidó que al que hay que vigilar hoy es al presidente de turno. Mirar hacia atrás es el truco más viejo de la política para no rendir cuentas en el presente. Si Eva Ferrer, Angie Rodríguez o los funcionarios de la Presidencia tienen denuncias serias sobre el mandato anterior, deben llevarlas a los tribunales y sustentarlas con pruebas. Si no lo hacen, sus palabras no pasarán de ser difamaciones y cuentos de pasillo para alimentar el morbo y ayudar a destruir moralmente a alguien.
Colombia no necesita más comedia ni presidentes jugando a ser jueces en televisión. Mientras el mandatario se dedica a montar espectáculos que rayan en el ridículo, la realidad en las regiones es dramática. Miles de familias afectadas por el terremoto del pasado 10 de agosto siguen viviendo bajo carpas improvisadas, esperando la caridad de la gente y aguardando una vivienda digna que nunca llega. Es hora de que el De La Espriella deje de jugar a ser el hazme reír de los colombianos, apague las cámaras, guarde los micrófonos y se ponga a trabajar de verdad por los ciudadanos
Nota recomendada: Chisme va y chisme viene ¿Y Abelardo?: bien gracias
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