La controversia alrededor de AtlasIntel no solo pone en duda el rigor con el ejerce su oficio. También expone una crisis mucho más profunda: la degradación del periodismo político y la peligrosa normalización de cifras electorales sin suficiente verificación técnica. Y en ese escenario, la responsabilidad de la revista Semana no puede pasar inadvertida.

Para nadie es un secreto que la Revista Semana pasó de ser un referente de investigación periodística a convertirse en una plataforma de amplificación política donde la espectacularización de las encuestas parece importar más que el rigor metodológico.

El reciente informe de la Comisión Técnica y de Vigilancia de Encuestas del Consejo Nacional Electoral (CNE) es demoledor: AtlasIntel habría presentado como encuestas probabilísticas lo que en realidad serían sondeos telefónicos imposibles de auditar plenamente y, peor aún, incompatibles con los estándares legales vigentes.

No se trata de un simple tecnicismo estadístico. En democracia, las encuestas electorales son instrumentos de enorme poder. Moldean percepciones, construyen narrativas de victoria, afectan mercados políticos y pueden influir directamente en el comportamiento del electorado. Cuando una firma difunde datos sin cumplir los parámetros exigidos por la ley, el daño no es solamente académico: es institucional.

Pero aquí surge la pregunta incómoda: ¿qué papel juega el medio que decide publicar y promover esas cifras?

Semana no puede escudarse en la supuesta neutralidad de “solo informar”. Un medio de comunicación con alcance nacional tiene la obligación ética de verificar la solidez de aquello que publica, especialmente cuando se trata de mediciones electorales. Más aún en un contexto colombiano donde las encuestas han sido utilizadas históricamente como herramientas de presión política y manipulación de opinión pública.

Resulta alarmante que mientras se cuestiona la metodología de AtlasIntel, Semana haya preferido convertir cada medición en un titular estridente, casi siempre acompañado de interpretaciones políticas convenientes y narrativas de impacto inmediato.

El pasado 29 de abril, la Revista Semana tituló: “Abelardo de la Espriella le toma ventaja a Paloma Valencia y enfrentaría a Iván Cepeda en una eventual segunda vuelta, según encuesta de AtlasIntel”. Un titular y un tratamiento en donde lo único que parece importante para Semana es el abogado y candidato y no los resultados de la supuesta intención de voto.

El problema no es únicamente publicar encuestas; el problema es hacerlo sin el debido contraste técnico y sin advertir al lector sobre las dudas metodológicas existentes.

La situación se agrava cuando el propio informe del CNE señala que el margen de error del 2 % divulgado por AtlasIntel no sería matemáticamente sostenible bajo las condiciones descritas. Esto significa que millones de ciudadanos pudieron haber consumido información electoral presentada con una precisión estadística presuntamente inexistente. Y Semana ayudó a legitimar esa percepción.

La revista, lejos de ejercer un rol crítico frente a la encuestadora, terminó funcionando como caja de resonancia de resultados cuya credibilidad ahora está bajo seria sospecha. Esa conducta refleja una lógica mediática profundamente irresponsable: primero el impacto, después las preguntas.

El periodismo serio no consiste en reproducir cifras porque generan clics o controversia política. Consiste en someterlas al escrutinio más riguroso posible, especialmente cuando pueden alterar el debate democrático. Si una encuesta incumple la ley o utiliza metodologías opacas, el deber de un medio no es amplificarla acríticamente, sino investigarla.

La petición de la Red de Veedurías para suspender el registro de AtlasIntel no es menor. Revela la gravedad de un escenario donde la confianza pública en las mediciones electorales podría quedar severamente erosionada. Y esa erosión también alcanza a los medios que decidieron convertir esas encuestas en noticia sin suficiente prudencia editorial.

El caso AtlasIntel debería abrir una discusión nacional sobre la responsabilidad de los medios en tiempos de polarización. Porque cuando el periodismo abandona el rigor y se convierte en operador de narrativas políticas disfrazadas de información técnica, la democracia entera termina pagando el precio.

Nota recomendada: ¿Juan Carlos Abadía opera políticamente desde la prisión?

Avatar de Sevillano

Comparte tu opinión

1 Estrella2 Estrellas3 Estrellas4 Estrellas5 EstrellasLoading…


Todos los Blogueros

Los editores de los blogs son los únicos responsables por las opiniones, contenidos, y en general por todas las entradas de información que deposite en el mismo. Elespectador.com no se hará responsable de ninguna acción legal producto de un mal uso de los espacios ofrecidos. Si considera que el editor de un blog está poniendo un contenido que represente un abuso, contáctenos.