Minería sin escape

Publicado el JD Angulo Argote

La Colombia ¡Oh-diosa!

Hace ocho días fueron las elecciones presidenciales de la primera vuelta en el país del sagrado corazón, Colombia. Al día siguiente, un lunes festivo me levanto y reviso el twitter como es de mi costumbre y entre ellos veo uno en particular.

Se trata de un exfuncionario que ha ocupado de los mejores cargos públicos en el país, entre ellos: expresidente de Ecopetrol (en el sonado caso del desfalco de Reficar), exministro de Hacienda y Crédito Público y recientemente aspiró como precandidato presidencial.

Su frase fue la siguiente:

No duda: ingeniero mejor que guerrillero “Juan Carlos Echeverry”

Como dice mi estimado amigo Ricardo García Barbas, primo, ellos jamás patean la lonchera, algo le van a tirar. Bien hizo usted de bautizarlos como los pimpones “saltan de rama en rama sin pudor alguno”, toda su vida detrás del erario. Afuera, les espera un semáforo.

Ahora contextualicemos el mensaje de este exfuncionario. Vivimos en la Colombia odiosa, perdón, ¡Oh-diosa!. Este exfuncionario se refiere a un candidato que desde su simple posición política, ha generado resistencia de aceptación en la individualidad colombiana. Esta persona hace más de 32 años se desmoviliza del grupo M-19 (surge después de las regularidades “robo” en las elecciones presidenciales del 19 de abril de 1970) e ingresa a la política colombiana y desde ese preciso momento, carga con la cruz del guerrillero, más no la del exguerrillero. “Prefiero verlo en el monte y no sentado en el congreso…sicario, sicario, sicario, le expresa en repetidas ocasiones un expresidente y exsenador de Colombia”. Se imagina como caló ese mensaje ¡Oh-diosa! en la individualidad colombiana.

Ahora hablemos un poco de la Colombia ¡Oh-diosa!.

Se refieren y señalan, aquellas personas que reclaman derechos dignos como: educación de calidad, salud, bienestar, seguridad, empleo y respeto por la constitución.

Aquellos que por su pensamiento libre de religión, son señalados de ateos y por ello, no le sirven a Colombia, según su fe, la de ellos, solo “el religioso” defiende la democracia y la libertad. El resto sobra.

Y desde la mirada no ¡Oh-diosa!.

Aquella Colombia que ve normal cuando se roban $70 mil millones y no pasa absolutamente nada, la que no le exige a los gobiernos apostarle por construir sociedad, me refiero al índice de desarrollo humano (IDH). Colombia ocupa el vergonzante puesto 83, año 2020-2021. Y cada año desmejora, nuestros indicadores lo dicen.

Aquella que se niega y defiende unos impuestos regresivos, y que aquel que tiene más, no se le debe causar el impuesto de la riqueza, mientras que las economías de los países de la OECD, tales como: España, EE.UU., Chile y Alemania si lo aplican como debe ser. En pocas palabras, estas personas pagan el 1% del impuesto de sus patrimonios cuando superan altos montos, llegando a recaudar hasta el 5% del PIB. Si Colombia lo hace, no hay necesidad de reformas tributarias para la clase media y baja, ni aumentar el IVA. Estoy seguro que, esas millones de personas que se ven beneficiadas por ese compromiso de aquellos que pagan el impuesto a la riqueza en esos territorios, hoy día disfrutan en equipo y los ¡Oh-diosas! de esos países, no están señalando aquellos que, gracias a ese recaudo, tienen mejor educación, salud y servicios básicos, no los ven como vagos, flojos o que quieren todo regalado.

Aquellos que están en contra de los subsidios, pero en plena pandemia de la Covid-19, salieron corriendo a solicitarlo. ¡Oh-diosa!

La Colombia ¡Oh-diosa! habla del perdón, pero con o-Dios y solo abren el corazón desde su conveniencia. Miren esos viciosos (se refieren al consumidor de marihuana y no al de alcohol, su doble moral) y en la casa se embriagan delante de los hijos o van a las iglesias, pero, están con o-Dios. ¿Saben cuándo se construye sociedad así? Nunca.

Finalmente, recuerdo la respuesta de un compañero de trabajo residente en Canadá, cuando en una reunión virtual de trabajo, un cliente quería saber si era conveniente enviar a su hijo a estudiar en ese país y este le dijo: “Este lugar, es el territorio políticamente mejor para vivir ¿Y por qué? En medio de las diferencias, puedes ser negro, ateo, musulmán, colombiano o exguerrillero, lo que quieras ser, pero el canadiense respeta, aunque quizá en el peor de los casos haya algunos que tendrán que morderse los labios”. Por ahora, en la Colombia ¡Oh-diosa! jamás. Así son, y así serán. Ojalá nos libremos de 4 años más de aguante.

 

 

Comentarios