Minería sin escape

Publicado el JD Angulo Argote

Colombia víctima del síndrome de Salvador Blanco

“Recuerdo mi barrio 12 de octubre de la ciudad de Valledupar, Cesar. Aquellas épocas doradas, décadas 70 y 90, donde avanzar o lograr movilidad social era posible. Se contaba con cobertura a la educación y los servicios básicos fundamentales: agua, energía y saneamiento. El resultado de todos esos derechos, se veía reflejada en la sociedad valduparense, un lugar muchísimo más tranquilo en temas de seguridad, el miedo no era el paisaje del presente. Además, el agro generaba oportunidad y progreso sustentable, permitiendo la conexión de los municipios con la capital vallenata. Hoy, el panorama es otro, las generaciones actuales de mi barrio, viven de manera crónica con el peor mal que puede adquirir una sociedad, el cual no se crea por obra y gracia del espíritu Santo o leyes divinas, se genera de manera artificial, básicamente por los gobiernos. Les hablo de la desigualdad, la cual es el resultado de ausencia de empatía o síndrome de Salvador Blanco”.

Victoria Gamboa nos ilustra con este ejemplo el concepto de empatía. Imaginemos un arenal en un parque, donde tenemos unos niños jugando, y uno de ellos empieza a llorar, de repente por mimetización motriz lloran todos, eso no es empatía. Pero si ese niño vuelve a llorar, y uno de ellos se levanta y lo toma de la mano, lo mira a sus ojos y le dice: que te sucede, tranquilo, finalmente se lo lleva a su madre, ahora si podemos hablar de empatía. Empatía es compenetrarse con el otro, es saber escuchar, comprender y apoyar a los demás sin perjuicios de por medio.

Por otra parte, todos pensemos en una cadena, donde cada eslabón enlaza: la empatía-la desigualdad-la pobreza y  la violencia. ¿Qué ha sucedido con la sociedad colombiana para que sea capaz de eliminar la empatía y aferrarse a la desigualdad? lo más destructivo de esa cadena.

«En un país pobre te pones una bata blanca de médico, y la gente desesperada confía en ti». Renee Bach

La estadounidense Renee Bach, sin estudios ni experiencia como médica, léase bien, dirige una clínica a través de la Organización Serving His Children, la cual proporciona asistencia hospitalaria a pacientes como niños malnutridos y madres embarazadas o lactantes en Uganda, África. Renee se presenta en cada lugar como un “ministerio inspirado y dirigido por Dios”. Actualmente sobre ella pesa una denuncia por la muerte de más de 100 niños. Fuente:https://www.elconfidencial.com/mundo/2019-08-15/white-savior-uganda-centro-ninos-nutricion-muertes_2176283/?utm_source=whatsapp&utm_medium=social&utm_campaign=amp.

La fe es la seguridad o confianza sobre una persona, cosa, opinión, doctrinas o enseñanzas religiosas, donde quienes sufren el síndrome de Salvador Blanco, reconocen el ambiente propicio para aprovecharse. Muchos usando el nombre de Dios al que predican como lo hace Renee. ¿Qué le sucede a la humanidad? unos porque se creen sanadores, salvadores, la cuarta persona de la trinidad, herederos de hacer milagros, otros, porque actúan como médicos, ingenieros y gobernantes, sin construir conocimiento de la mano con la experticia. Les recuerdo que, zapatero a tus zapatos.

El síndrome de Salvador Blanco se refiere a situaciones donde el ser humano realiza acciones “humanitarias y voluntarias”, las cuales pueden comprometer a un individuo o sociedad de forma positiva o negativa, en los peores casos se ocasiona la muerte, sin darle solución a los temas de fondo y forma que están viviendo y padeciendo.

Los Salvadores Blancos en Colombia, han convertido la desigualdad en un panorama social inmutable, sin esperanza a desaparecer. En los últimos 20 años la desigualdad ha crecido de forma abrumadora y tajante sin expectativas de acabar, la principal razón: ausencia de políticas fiscales, producto de un modelo económico que tiene fecha de caducidad, y de la manera más burda y obtusa lo siguen consumiendo. El remedio es crónico y peor que la enfermedad.

En estos días el presidente de Colombia Iván Duque llega al departamento del Chocó uno de los 32 departamentos del país, marginado y olvidado desde todo punto de vista, en lo económico (falta de acceso por no tener infraestructura vial, tecnológica e industrial) y social (abandono total en educación, servicios básicos fundamentales; agua, luz y alcantarillado). Con destino al municipio de Bojayá que fue segregado del  Quibdó, capital del departamento, y convertido en municipio en 1960. La cabecera municipal es la localidad de Bellavista, conocido por haber sido y seguir siendo víctima del conflicto armado de la guerra. Pensemos desde la empatía ¿en qué cabeza puede caber, que este municipio logre desarrollo bajo estas condiciones? ¿qué movilidad social le espera a sus habitantes? ¿qué presente y futuro les depara a esas generaciones?. El mandatario actual lucio su mejor bata de Salvador Blanco cuando llega con unos cuantos dulces en la mano, y posa para las fotos como si se tratara de Halloween, como si la pobreza, la violencia y la falta de oportunidades fuera un disfraz de poner y quitar, entiendo que esto viene de antaño, pero el sigue aplicando lo mismo “cero empatía”.

Cada vez que se acercan las contiendas electorales, muchos candidatos empiezan a sufrir del síndrome de salvador blanco, usan el tamal, la teja, el bulto de cemento para actuar como humanitarios y servidores del pueblo y para el pueblo, nada de esas acciones son por empatía, y nuestra patria sigue siendo víctima de este mal… del síndrome de Salvadores Blancos.

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