Presentamos aquí una breve introducción a los llamados Cultural Studies indicando algunas de sus caracteristicas y apuestas epistemológicas.
Presentamos aquí una breve introducción a los llamados Cultural Studies indicando algunas de sus caracteristicas y apuestas epistemológicas.

“Cultura implica una configuración de prácticas de significación, que hacen inteligible al mundo y se encarnan en unas correspondientes formas de existencia, desde las cuales se naturaliza o se disputa un arbitrario y contingente orden social”. (Eduardo Restrepo, 2022, p. 172).
Los Cultural Studies surgen en Inglaterra a mediados de los años cincuentas del siglo pasado y se institucionalizan a partir de la creación en 1964 del Center for Contemporary Cultural Studies de la Universidad de Birmingam. A su nombre se asocian grandes académicos e investigadores como Richard Hoggart, Edward P. Thompson, Raymond Williams y, uno de los más importantes, Stuart Hall (1997).
Estos estudios nacen en un momento crucial en Europa, específicamente durante el autoritarismo y el intervencionismo soviético en la Europa del Este, el autoritarismo de izquierda, el descrédito del Socialismo real, el verticalismo partidista, los procesos de descolonización del Tercer mundo, y los cambios socioeconómicos que permitieron que ciertas clases ascendieran a ocupar puestos académicos en las universidades. En términos generales estos estudios surgen en un contexto de descrédito del marxismo, el surgimiento de nuevas teorías e ideologías, aspectos como el cuestionamiento del sujeto y los problemas de identidad y, ya más adelante, la rehabilitación del placer, el consumo de los medios de comunicación, el auge del neoliberalismo y la mayor circulación mundial de los bienes culturales (Urteaga, 2009).
En términos políticos, surge, entonces, la llamada New Left (Nueva Izquierda), muchos más amplia, antidogmática, antieconomicista, crítica de las prácticas dogmáticas y verticales de los partidos comunistas tradicionales. Al respecto hay que decir que los investigadores mismos, como afirma Eduardo Restrepo (2015), fueron académicos, pero, especialmente, intelectuales, es decir, vinculados con procesos de cambio social, comprometidos políticamente, como el caso de Stuart Hall. Sin embargo, en la versión americana de los Estudios culturales, estos son sometidos a una “reinvención” donde se despolitizan y se produce una fetichización de la teoría (Jameson, 2016, p. 38; Restrepo, 2022).
En estricto sentido fue un grupo marginal a la academia inglesa, pues el Centro de Estudios Culturales Contemporáneos se creó en Birmingham adscrita al Departamento de Inglés. Su apuesta fue experimental y le apostaron a la investigación de objetos de estudios poco explorados por la academia mainstream. Para esta academia institucional y acreditada, lo que estudiaban los nuevos estudios culturales era algo exótico. Por eso, como lo muestra Fredric Jameson, los estudios culturales surgieron debido a una incomodidad con otras disciplinas: la historia, la sociología, la antropología, interesadas en el estudio de archivos, de los grandes problemas de las estructuras sociales o el estudio de culturas foráneas. Por eso, “los Estudios Culturales, en este sentido, son posdisciplinares” (Jameson, 2016, p. 9). Aquí la pauta la da el objeto mismo de investigación más allá de los métodos o los objetos de estudio determinados por cada disciplina. Por eso no se ocuparon de temas canónicos, sino de todo aquello que había sido descuidado por las disciplinas o por los nuevos fenómenos sociales emergentes. Ahora, ¿en qué consistía, entonces, su apuesta? Según Urteaga (2009):
Es cuestión de considerar la cultura en un sentido amplio y de pasar de una reflexión centrada a una visión de la cultura de los grupos sociales. Si sigue teniendo una dimensión política, la cuestión central consiste en comprender en qué media la cultura de un grupo social, y en primer lugar la de las clases populares, cuestionan el orden social o, por el contrario, adhiere a las relaciones de poder.
Este grupo usó frecuentemente la etnografía y trasladaron las técnicas de análisis literario al de los discursos, los productos culturales de la sociedad de masas, entre otros aspectos. Empero,
“En todos los casos se trata de estudiar lo social desde abajo y de observar la vida cotidiana de las clases populares. Los Cultural Studies nacen de un rechazo del legitimismo y de las jerarquías académicas. Se fijan en la banalidad aparente de la publicidad, de los programas de distracción y de las modas en el vestir. El estudio del mundo popular se centra menos en las figuras heroicas de los dirigentes como en la sociabilidad cotidiana de los grupos, el detalle de los decorados, de las prácticas y las costumbres. Esta apuesta implica privilegiar unos métodos de investigación capaces de dar cuenta, de la manera más precisa, de las vidas ordinarias: etnografía, historia oral, búsqueda de escritos que dejan vislumbrar lo popular (archivos judiciales, parroquiales, industriales) y no solamente la gesta de los poderosos”.
Ahora, ese interés busca determinar las funciones que esos grupos y sus culturas y prácticas asumen al interior de la dominación social, cómo se dotan de sentido, cómo construyen sus identidades colectivas, qué posibilidades hay de emancipación, de resistencias, cuáles son sus sistemas de ideas.
Dentro de las apuestas epistemológicas importantes de los Estudios culturales está:
Ahora, para el caso de América Latina estos estudios se encuentran presentes en la obra de Néstor García Canclini (Culturas híbridas) y Jesús Martín Barbero (De los medios a las mediaciones), y sus estudios sobre la modernidad, los medios de comunicación, el consumo y el problema de la identidad nacional (Castro-Gómez, 2010). Por ejemplo, para Canclini la modernidad ha ingresado a América Latina de manera mediada: no es solo una imposición, tampoco implica que haya que negarla. En realidad, se da una mezcla, una hibridación de formas, contenidos. Eso ya ocurría en el arte mexicano muralista. Había una mezcla de las vanguardias con la cultura popular. Se dio una mezcla entre lo tradicional y lo moderno. También los indígenas se han vinculado al mercado con sus artesanías con lo cual se da una “desterritorialización de la cultura popular”. Ocurre, también, en las fusiones musicales.
En el caso de Martín Barbero, él ha estudiado fenómenos de las Telenovelas y la radio, el Cine, y la manera como han contribuido a la vertebración de lo popular, lo nacional. Ha mostrado que la identidad nacional es una construcción discursiva. Los símbolos, eslóganes, escudos, mitos fundacionales, etc., son difundidos por la radio y luego por la televisión (también el museo que opera como altar de la nación) construyendo así esos imaginarios nacionales (Castro-Gómez, 2011).
Los estudios culturales, como puede verse, son un campo en disputa, un campo indeterminado, sin garantías, que no se casa a priori con teorías, métodos, pero que sí gozan de una especificidad. Según Restrepo (2015):
“La intervención es el rasgo distintivo más importante de los estudios culturales. No pueden existir estudios culturales sin intervención, ya que es en ésta que se materializa su voluntad política. […] Intervención la entiendo como praxis, esto es, una práctica orientada teóricamente hacia la transformación. Esta transformación, sin embargo, no es la de la Revolución (con mayúscula inicial), no es la de una teorización totalitaria del lugar de la vanguardia o del profeta. Es la intervención que puede operar en tres planos, y a veces en varios de ellos al tiempo. [a] En el plano de la interrupción de ciertos amarres concretos del sentido común y de los imaginarios colectivos referidos a la intercepción entre las prácticas significativas y las relaciones de poder. Interrumpir, entonces, las articulaciones de la explotación, dominación y sujeción que se naturalizan y que operan en tanto no pensables, pero desde donde se piensa. [b]Un segundo plano son las intervenciones como acciones derivadas de investigaciones concretas sobre las relaciones de poder localizadas que lo involucran a uno mismo como sujeto, pero que no se limitan a la subjetividad individual ni se quedan necesariamente en lo local. En este plano no es una intervención a nombre de otros irreductibles y distantes (marginalizados, subalternizados), sino desde las molestias existenciales del sí en relación con otros significativos. Finalmente, [c] intervención en el sentido de propiciar los insumos teóricos contextualmente basados para las transformaciones estructurales y las luchas anticapitalistas”.
Referencias
Castro-Gómez, S. (2011). 2ª ed. Crítica de la razón latinoamericana, Bogotá, Universidad Javeriana.
Hall, S. (1997). Representation: Cultural Representations and Signifying Practices. London, Sage Publications.
Jameson, F. (2010). Reflexiones sobre la posmodernidad. Madrid, Abada Editores.
Jameson, F. (2016). Los estudios culturales, Buenos Aires: Egodot.
Restrepo, Eduardo. (2015). “Estudios culturales: avatares y posiciones”. https://www.redalyc.org/journal/396/39640443017/html/
Restrepo, E. (2022). Forcejeando con ángeles. Introducción interesada a Stuat Hall. Lima: La Siniestra Ensayos.
Urteaga, E. (2009). “Orígenes e inicios de los estudios culturales”. En Gaceta de antropología, 25 (1).
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