Mercadeando

Publicado el Dagoberto Páramo Morales

Tinteros

Nadie sabe con exactitud cuántos son estos seres que recorren a Barranquilla de un lado a otro en busca de clientes ávidos de degustar sus productos que en su mayoría calientes se encuentran disponibles para su consumo. Pretender contabilizarlos con exactitud en procura de determinar el verdadero impacto que tienen en el conjunto de la economía barranquillera, es prácticamente misión imposible debido, en buena parte, al elevado grado de informalidad y de organización que los caracteriza. Algunos conocedores afirman que el número total de ellos oscila entre 1200 y 1500 trabajando con el apoyo de los llamados “cafeteros” quienes como productores del tinto son los encargados de financiar parte de la operación diaria.
Algunos sondeos iniciales muestran a un “gremio” lleno de informalidad pero cargado de ganas de salir adelante mediante el ejercicio de un “oficio” que para algunos es transitorio aunque para otros éste sea su única profesión.
Existen, al menos, 3 tipos de tinteros. Unos, el 30% más o menos, conformado por personas provenientes del campo y de otras regiones de la costa y del país, quienes, sin recursos suficientes logran que el “cafetero” les deje en consignación –les fíe- 4 termos para salir a vender –tinto únicamente-, para con ello pagar la primeras ventas y financiarse su “plante” para continuar con su labor diaria. Para una parte de ellos este trabajo es temporal.
Un segundo grupo que parece representar el 50% del total tienen una mejor estructura de trabajo. Para ellos ésa es su “profesión”, utilizan unas cajas en las que transportan de 6 a 8 termos y ofrecen una mayor variedad de productos, puesto que además del tinto, venden chocolisto, leche caliente, y aguas aromáticas que la gente muchas veces exige sean mezcladas con leche.
Un tercer y último grupo de tinteros representan el restante 20%. Ellos, ya de un mayor nivel económico y conocimiento del mercado, utilizan unas carretas de ruedas o bicicletas especialmente acondicionadas, para vender además de lo que expenden los otros dos grupos, golosinas, chocolatinas, chicles, “snacks”, y toda suerte de productos que de acuerdo con su experiencia saben que algunos clientes les demandan.
En toda esta cadena que termina en consumidores de diferentes condiciones sociales deleitándose con estos productos, emergen como agentes de mercados claves, los denominados “cafeteros”. Generalmente propietarios de cafeterías, son los encargados de producir en grandes grecas, los ríos de tinto que se consumen en esta ciudad no obstante el calor que azota los cuerpos sin piedad alguna. A través de su poder económico y su sensibilidad social se han convertido, en algunos casos, en los grandes protectores de los tinteros quienes en algunos casos son ayudados, incluso, recibiendo un lugar donde pasar la noche. Los termos que son de su propiedad, son prestados a los tinteros quienes pagan por ello una cantidad fija, para obtener de sus ventas al menudeo un promedio del 100% de utilidad. Al público le son vendidos a precios accesibles para todos los estratos sociales puesto que lo ofrecen en diferentes presentaciones dependiendo del tamaño del vaso -1 o 2 onzas-.
Hay que ver a estos tinteros recorriendo las calles ofreciendo sus productos en una ciudad en la que tomar tinto se ha vuelto una costumbre para muchos incomprensible por el estereotipo cultural que se mantiene, relacionado con las altas temperaturas que por estos lados se siente con más fuerza de la imaginada y bajo las cuales podría parecer incongruente que la gente prefiera ingerir bebidas calientes y no frías.
Ellos, tinteros, vendedores ambulantes, individuos con negocios unipersonales, sensibles, albañiles desempleados, campesinos emigrados a la gran ciudad, desplazados, desocupados, pero sobre todo seres humanos con alto sentido de la responsabilidad familiar y social, son otra expresión de esa particular forma que tenemos los colombianos de rebuscarnos la vida para seguir en la batalla por salir adelante a pesar de los grandes inconvenientes que vivimos y, de paso, contribuir a darle forma a un mercadeo a la colombiana que por haber nacido y mantenerse en la informalidad no deja de serlo por más que muchos quieran negarlo con testarudez, soberbia y discriminación intelectual.

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