Mercadeando

Publicado el Dagoberto Páramo Morales

Saturación y hastío

¿No tendrá el presidente Iván Duque un asesor político -ya no de marketing- que le haga ver lo equivocado que está en su estrategia de comunicación? ¿Alguien cercano a él entenderá que los presidentes -como producto central del marketing gubernamental- son percibidos de una forma mucho más sensible entre la ciudadanía, sobre todo cuando se está haciendo frente a una inédita situación que requiere de un timonel que genere credibilidad? ¿Comprenderán sus subordinados que su obligada presencia diaria en los medios de comunicación va produciendo un desgaste de tales dimensiones que hoy prácticamente nadie lo ve y lo escucha, más allá de su famélica fanaticada?

Es increíble lo que a diario se ve en ese programa hecho al mejor estilo de “Aló, presidente” del difunto Chávez -a quien prometió no hacernos parecer-. No solo se han estado derrochando ingentes recursos que tanto necesitamos, sino que se ha convertido en un verdadero abuso de poder. Si bien es cierto en sus inicios produjo algunos impactos positivos ver al presidente que parecía ponerle el “pecho a la brisa” con las que el coronavirus arrasaba nuestras azarosas existencias, da tristeza -por decir lo menos- verlo hoy tratando de conservar una audiencia que cada día se aleja más, hastiada y saturada de tanto espectáculo vacuo. No solo sus palabras suenan tan huecas y sus gestos tan fingidos que, por distar tanto de la realidad, esa puesta en escena se convirtió en un sainete que ni siquiera melancolía produce. Cuando no es que lo han inducido a usar prendas de vestir y un recipiente marcado con su nombre -como si no supiéramos quién es-, entonces le da por actuar como el más inexperto de los conductores de programas de variedades, como cuando invitó a que un locutor de radio y televisión le cantara un gol al covid19.

Y cuando pretende asumir con seriedad su función de presidente tampoco lo logra. Invita a ministros y a algunos de sus más cercanos colaboradores -de sus entrañas- a que repitan un discurso que por lo impertinente y desconectado de la realidad solo ha producido angustia y desinformación respecto a lo que nos sucede.

¿No habrá alguien a quien él escuche, por supuesto, que le haga ver lo que significa la saturación de las imágenes en la mente de una persona, sobre todo que lo que intenta transmitir no se corresponde con lo que la ciudadanía está padeciendo? ¿Alguien que lo haga reflexionar sobre lo inconveniente que es para un producto -de todo tipo- repetir un mensaje que como una eterna cacofonía solo produce hastío? Es increíble que nadie se cerciore del desgaste que está teniendo sobre todo cuando sigue dando bandazos con las decisiones que está tomando. Por momentos el presidente se parece a esos aburridos profesores que hablan y hablan y nadie les presta atención no solo porque nada de fondo dicen, sino porque lo hacen con un susurrante tono de voz que solo produce sueño entre sus alumnos.

La pregunta es ¿por qué sus asesores lo siguen permitiendo? Dirán que no es cierto que su presencia produzca abulia y que la gente lo recibe con entusiasmo. Si es así, entonces ¿por qué la audiencia ha caído tanto? Otros afirmarán que de esa manera sigue vivo en la mente de los ciudadanos. Claro, que se mantiene vigente, solo que no dicen que el grado de recordación es negativo. O, ¿será que se apoyan en la frase popular -negativa en la práctica del marketing- que dice: “no importa que me recuerde mal, lo que importa es que me recuerde?”

Ningún argumento que se esgrima sustituye la verdadera intencionalidad que parece haber detrás. ¿Será que, de esa manera, el presidente, al fin, encontró una narrativa política sobre la cual basar su nebuloso “proyecto de gobierno”? O, lo que parece más perverso aún: ¿tener argumentos para seguir gobernando por decreto sin la participación real de los otros poderes del Estado que lucen desteñidos y ausentes, convirtiendo sus decisiones en verdaderas manifestaciones de una dictadura, al mejor estilo de aquellos gobiernos que se han empotrado en el poder y han mandado a punta de miedo y amenazas?

Si no es así, entonces, ¿cómo nos explicamos lo que sucede cada día en la pantalla de televisión -peor que una telenovela basura- en la que se sigue desconociendo lo que verdaderamente sucede y el presidente hace tantas y tan locas afirmaciones sobre lo que vivimos?

Ojalá el hastío que tenemos con tanta insensatez dicha y emprendida por este gobierno, y la saturación que ya no soportamos de la derruida imagen presidencial nos ayude a dimensionar lo que se hace necesario cambiar de forma radical. No podemos seguir así.

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https://dagobertoparamo.com

PD: Ya está en el aire el quinto programa en mi canal en YouTube “Marketing y Sociedad”. Ahora reflexiono sobre las cinco etapas que conforman el proceso de marketing y que pueden ser aplicadas en todo tipo de empresas y de cualquier tamaño.

https://www.youtube.com/watch?v=B9xepA8qNJA

 

 

 

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