Mercadeando

Publicado el Dagoberto Páramo Morales

Percepción, señores, percepción

¿Llegará el día en que los asesores de la presidencia de Colombia, sus ministros y su fanaticada más recalcitrante entiendan la importancia que tiene la percepción en la planeación y la ejecución de las estrategias de marketing político? ¿Dimensionarán algún día que la comunicación humana está mediada por el factor interpretativo que producen los actos de gobierno y las decisiones tomadas a todo nivel? ¿Comprenderán que la percepción incluye no solo los mensajes que se emiten, sino el tono, el momento y las circunstancias en que éstos tienen lugar, sobre lo que el gobierno cuenta, lo que el ciudadano ve ejecutar y, sobre todo, en lo que experimenta en su vida cotidiana?

¿A quién se le ocurre seguir gastando los recursos que el mismo gobierno dice son escasos en la adquisición de camionetas blindadas para su uso personal, en pertrechos para una guerra que ellos mismos dicen estar ganando, y lo peor, en tratar de construir una imagen a través de redes sociales como si el posicionamiento se lograra a punta de discursos y no mediante la realización de sus propios actos de gobierno? ¿Por qué sucede todo esto?

Es sencillamente increíble lo que nos está pasando. ¿Será un asunto ideológico o de inmadurez política? Es posible. ¿O, será que hay tanta perversidad en cada acción emprendida que lo que se quiere es generar de forma consciente y deliberada un deplorable estado de desesperanza en la mayoría de la población afectada? ¿O, será que todo esto se debe a que el gobierno ha emprendido una loca carrera para disputar el trofeo como el peor presidente de nuestra historia?

No de otra manera pueden explicarse los bandazos que este gobierno ha venido dando en aspectos claves de la vida cotidiana en medio de este confinamiento que nos tiene tan asfixiados tanto en lo individual, como en la dinámica de los negocios y la forma de recuperar la vida en comunidad. Se entiende, claro está, que estos bamboleos obedecen a que este gobierno nunca ha tenido un horizonte claro hacia donde dirigir todos los esfuerzos institucionales. Las ataduras que ha demostrado tener tanto del partido al que el presidente ha pertenecido recientemente -antes fue santista- como de su autocrático líder, lo han mantenido a la deriva como si estuviera sumergido en un torbellino del que no ha querido desprenderse.

Esto parece innegable pero los efectos en la conciencia colectiva son devastadores. El descorazonamiento que cunde en amplias capas de la población es trágico y desesperante. La angustia se ha posesionado de quienes escasamente han podido sobrevivir y podrán seguir haciéndolo en mitad de la crisis a la que se han visto enfrentados por cuenta no tanto del confinamiento mismo, sino por no poder disponer de los recursos con los cuales sufragar lo mínimo de la propia supervivencia y la de sus familias.

Las salidas en falso de este gobierno no tienen fin. ¿Cómo entender que a medida que crece el número de contagiados por el coronavirus -1000 personas por día-, el gobierno propone un “aislamiento inteligente” para abrir la economía sin contar con las condiciones que la misma Organización Mundial de la Salud (OMS) ha recomendado para hacerlo con menos riesgo?

¿Cómo aceptar que en medio de todo este clima de desconfianza y miedo de salir a la calle y tratar de retomar la vida, se haya tomado una de las más inentendibles decisiones políticas de las que se tenga memoria en nuestra historia reciente? Nombrar al hijo de un reconocido paramilitar como responsable de atender a las víctimas del conflicto -donde se encuentran los que propició su propio padre- no puede explicarse sino como un acto más de la soberbia ideológica de saberse “dueño del poder”. ¿En que sensata cabeza puede caber semejante despropósito de imagen de un gobierno?

Y ni los más íntimos amigos del presidente puestos por él mismo en los más altos cargos del poder, le ayudan. ¿Cómo se explica que el Fiscal General de la Nación -compañero de campaña del presidente- le haya abierto una investigación penal a la alcaldesa de Bogotá por haber violado las disposiciones de la cuarentena? ¿O, que haya amenazado -después pareció arrepentirse- al excandidato Gustavo Petro -reconocido por las votaciones como jefe de la oposición- con abrirle una investigación a su campaña apoyado en unos audios que más que otra cosa producen risa e hilaridad que en las redes sociales no se puede detener?

Es deplorable este oscuro panorama que vivimos en el país. ¿Cómo arreglar este entuerto en el que cada día se hunde más el presidente y su gobierno? No parece haber claridad de parte de él mismo y menos entre sus adláteres. Aunque parezca extraño es mucho lo que se puede hacer, aunque todo parte de reconocer el carácter subjetivo, acumulativo y parcial que caracteriza la formación de la percepción. Se debe reconocer también que ello no se puede resolver solo pagando mutimillonarias investigaciones para medir el grado de aceptación del presidente o, seguir copando una hora diaria de la televisión para seguir siendo intrascendente cuando las decisiones siguen siendo tomadas para una realidad inexistente.

La única salida que tiene esta encrucijada en la que andamos, es que el gobierno haga un alto serio en lo que hace, planee el horizonte futuro, y ejecute sus planes en función de nuestra realidad y no de la que tienen las enfebrecidas mentes de su círculo más inmediato.

La percepción no se puede modificar con buenas intenciones. Está estrechamente asociada a la interpretación y ello no solo tiene que ver con el discurso que puede sonar embaucador e impactante, solo se alcanza cambiando los actuales actos de gobierno para sustituirlos con medidas dirigidas a satisfacer las genuinas preocupaciones de la gente y no solo las del ensoberbecido ego del presidente y sus amigos más cercanos.

Ojalá algún día lo puedan entender.

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https://dagobertoparamo.com

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