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Publicado el danialf90

Razones para bajarle al uso de Transmilenio

Por: Sergio García

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Algo que ni el más visionario, ni el más técnico, puede negar, es que el sistema de Transmilenio presenta fallas que afectan diariamente a sus usuarios. La responsabilidad recae en todos. Las demoras en los buses, el estado de las vías, la falta de cultura ciudadana, la intolerancia e inseguridad, son las quejas más frecuentes a la hora de señalar las falencias que tiene el sistema de transporte público con más demanda de Bogotá. Hay tres razones diferentes a las mencionadas para que usted, señor usuario, piense si vale o no la pena bajarle al uso de Transmilenio y probar medios alternativos de transporte como la bicicleta, por ejemplo.

 Transmilenio

Foto: Archivo personal. Tomada por el autor.

Actualmente, el ciudadano promedio, usuario del sistema Transmilenio, debe levantarse entre las 4 y las 6 de la mañana, hacer fila para recargar su tarjeta, hacer fila para entrar a la estación o portal (A esto hay que sumarle el recorrido en el bus alimentador) y, por si fuera poco, meterse como pueda en un bus articulado que lo lleve a su destino, ya sea el sitio de trabajo o de estudio. Todo esto debe ocurrir antes de las 8 de la mañana, para poder decir que llegó a tiempo. Luego, en la tarde, a eso de las 5, cansado por la jornada laboral o educativa, debe volver a ingresar al sistema y repetir la historia, por los siglos de los siglos, amén.

Las razones para bajarle al uso de Transmilenio son las siguientes:

Por el tiempo de vida invertido

La siguiente tabla muestra  la cantidad de días hábiles por mes, para el año 2016. En otras palabras, es la cantidad de veces que usted, señor usuario, montará en un bus articulado del sistema Transmilenio, de ida y vuelta:

tiempo de vida invertido en Transmilenio 2

Del conteo quedaron por fuera los fines de semana y los festivos en Colombia[1].

Si restamos los 15 días hábiles, que por ley son para vacaciones, tenemos un total de 231 días. Supongamos que el usuario promedio de Transmilenio, gasta una hora y cuarto en todo el proceso –comprar la tarjeta, hacer la fila de ingreso, embutirse en un bus articulado, bajarse y salir de la estación–, sólo para el viaje de ida. Con el viaje de vuelta, el tiempo gastado es de dos horas y media.

Actividades invertidas transmilenio 2

Tiempos promedio por actividad.[2]

Quiere decir que a la semana el usuario promedio estará metido 12,5 horas en el sistema Transmilenio; al mes, 48,125 horas; y al año, 577,5 horas. Concretamente, este año, el usuario promedio de Transmilenio, pasará 24 días encerrado en el sistema.

Por su bolsillo

Si saber que, partiendo del supuesto anterior, en 2016 el usuario promedio pasará más tiempo encerrado en el sistema Transmilenio que disfrutando de sus vacaciones, no le afecta, ¿qué tal la parte monetaria?, sencillo, al mes puede estar gastando $80.000 en pasajes, ida y vuelta, durante los días hábiles, empero, pagaría cerca de $924.000 en el año. Recuerde que la “fiesta del transporte público” ahora cobra a $2000 el cover (no consumible). Eso sí, le garantiza calor humano.

Como una forma de protesta

Podría bajarle al uso del Transmilenio como una forma simbólica de protesta, pues por cada $100 recaudados, sólo $5 son para Bogotá. Los otros $95 van para los privados[3]. No es por estar en contra de que ellos ganen. En lo absoluto. Prestan un servicio y deben recibir algo a cambio; pero la reparación de las losas, por ejemplo, corre por cuenta del Distrito. Se han invertido 80 mil millones de pesos en la reparación de las losas y se estima que, por ejemplo, para recuperar la troncal de la Caracas y la Autopista Norte, Bogotá debe sacar del bolsillo un billón de pesos, además de correr con los gastos de comunicaciones, seguridad e instalaciones de parqueo para los buses articulados del sistema. Queda un mal sabor de boca al pensar en que todo el dinero invertido por parte de los bogotanos no retornará para financiar temas de salud o educación, por ejemplo. Porque cuando se habla de que el Distrito es el que paga, lo que pasa realmente es que los bogotanos sacaron dinero de su bolsillo, el Distrito lo recaudó y con eso se pagan los costos anteriormente mencionados.

***

Me resta hablar desde mi experiencia: si voy en Transmilenio normalmente me toma una hora llegar a mi sitio de trabajo. En bicicleta llegué a reducir el tiempo y tardar, en promedio, 40 minutos. Muy rara vez me detuvo algún trancón, y cuando llovía podía usar una chaqueta impermeable y combatir el variable clima bogotano. Sentí una gran mejoría a nivel físico y mental. Tanto así que un día pude llegar pedaleando hasta Giradot desde Bogotá… Pero ésa es otra historia.

Los beneficios a nivel económico fueron evidentes: una bicicleta se consigue –según lo que pude averiguar en los grandes supermercados– desde $320.000 en adelante. Pero mejores precios hay sin duda alguna en los sitios populares de venta de bicicletas como los de la Calle 13 o la Calle 68. En muchos centros comerciales es gratis el parqueo de la bicicleta. Eso sí, es recomendable llevar una muy buena cadena y saber amarrarla. Los accesorios y repuestos para bicicleta no son costosos si los comparamos con los de una moto o un carro. Y como no invertía en tiquetes de Transmilenio, me quedaba dinero para darme algún gusto de vez en cuando. Importante decir que el mantenimiento cada cierto tiempo (hablo de meses) me costaba alrededor de $30.000, incluso yo mismo podía estar al tanto del estado y mantenimiento de mi bicicleta.

Qué mejor forma de adaptarse al cambio climático que tomar conciencia y bajarse de vez en cuando del carro, de la moto y del transporte público. En lo personal, sería feliz si un día alguno de los que está leyendo esto se dice a sí mismo: “¿Por qué no intentarlo?”, toma la bicicleta y llega al trabajo o la universidad impulsado más que por sus piernas, por su fuerza de voluntad y por amor a esta ciudad.

 

 

 


[1] Realicé el conteo de días hábiles con base en el calendario para Colombia en: http://www.cuandoenelmundo.com/calendario/colombia/2016

Se tuvieron en cuenta los días de la semana, de lunes a viernes, sin contar los festivos.

[2] Los tiempos de cada actividad fueron medidos y promediados entre las estaciones Alcalá y Plaza de la Democracia. Se utilizaron para plantear la hipótesis.

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