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Publicado el El Mal Economista (EME)

El poder de la rosca ambiental

“Lo malo de la rosca, es no estar en ella” esa frase la escuché la primera vez cuando era estudiante de pregrado y buscaba ubicarme laboralmente, pero al no lograrlo entendí que el manejo y la dirección de la gestión ambiental en Colombia se ha convertido en un círculo de poder creado por el clientelismo, la corrupción o el cumplimiento de favores políticos.

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Por: Óscar Andrés Martínez

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El claro ejemplo de la rosca, está en la dirección y orientación de las entidades ambientales, aclaro, no es en todas, pero si en su mayoría. Además, la mayoría de profesionales del área ambiental que se preparan para ejercer profesionalmente labores técnicas y administrativas en gestión ambiental y que se encuentran por fuera de esta línea dogmática llamada rosca, hacen parte de las famosas estadísticas del DANE de desempleo o subempleo. No hay que dejar de lado que, si se busca trabajo en el sector público ambiental, se está casi obligado a conocer a “alguien” dentro de la entidad u organización para lograr obtener un contrato de prestación de servicios de millón quinientos, claro está, (si es a través de una contratación directa como se manejan la mayoría procesos de contratación en estas últimas décadas).

Por otra parte, están aquellos profesionales ambientales quienes se han desempeñado en cargos relevantes en entidades ambientales y han salido a causa de la llamada reestructuración administrativa debido a los intereses de la nueva administración o del jefe de turno, de esa forma, no hay entidad ambiental que aguante.

La evidencia de cómo funciona la rosca ambiental la podemos evidenciar a través de los nombramientos de un ingeniero de minas como Ministro de Ambiente, un médico cirujano como Viceministro de Ambiente, un abogado como Secretario de Ambiente (muy recordado por el caso de los peces del centro comercial Atlantis), sin olvidar que cómo Ministros de Ambiente han pasado toda clase de profesionales ajenos y sin conocimientos en medioambiente. Tal es el caso de periodistas, economistas, directores de marketing y el ultimo ministro, un abogado ex gerente de servicio al cliente. Lo anterior, deja claro que estar en la rosca, sí funciona, mucho más, si se está en favor de las políticas económicas del gobierno de turno y pertenecer a la respectiva unidad nacional, dejando de lado la institucionalidad de un ministerio tan importante para el país en estos tiempos de crisis ambientales y cambio climático.

Las reformas que ha anunciado el Ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible para darle un giro a la institucionalidad ambiental del país para lograr ejecutar los objetivos establecidos en el Plan Nacional de Desarrollo “Todos por un Nuevo País” y los compromisos internacionales adquiridos con anterioridad, pueden quedar en solo anuncios. Porque con las políticas agrarias, mineras, de transporte y energéticas que están a cargo de otras instituciones del Gobierno podrían dejar en entre dicho la efectividad de la reforma ambiental, ya que puede convertirse en una piedra en el zapato para el desarrollo de los proyectos que están adelantando los ministerios de Agricultura, Transporte y Minas. La probabilidad de que esa anunciada reforma ambiental termine como la aprobada reforma tributaria es muy alta, debido a la forma en que se tramitan las reformas en el congreso, a través del famoso lobby, “el pupitrazo” y por supuesto la gestión “eficaz” de la rosca parlamentaria acomodando los artículos de acuerdo con el grupo económico al que se esté afectando.

Por otra parte, el discurso del presidente Santos en el lanzamiento de la iniciativa crecimiento verde liderada por el Departamento Nacional de Planeación que propende por el desarrollo económico sostenible, la conservación ambiental y la inclusión social, no es más que uno de los requerimientos para acceder a la OCDE, allí se señala que se debe desarrollar un manejo integrado del agua, desarrollar sistemas de transporte masivo, incentivar el uso de energías renovables, promover el manejo integrado de residuos sólidos, entre otros, es decir, iniciativas y más iniciativas.

El punto es que, si no existiera ese exasperado proyecto de acceder a la OCDE, todo seguiría igual, la degradación ambiental y los conflictos ambientales en las regiones se mantendrían sin ninguna medida. El último conflicto ambiental que salió a la luz pública fue la carretera entre los municipios de Calamar y Miraflores en el Guaviare, ubicada en la mitad de la selva amazónica; donde las autoridades ambientales desde el Ministerio de Ambiente hasta la Corporación del Norte y Oriente Amazónico brillaron por su ausencia y con las consecuencias irreversibles sobre el ecosistema. Este conflicto deja en evidencia que la rosca ambiental fomenta la des institucionalidad ambiental, la falta de participación, y los bajos resultados de la precaria gestión ambiental que se adelanta en los últimos años.

El gobierno anuncia con bombos y platillos los dividendos ambientales de la Paz, pero la realidad es que las políticas económica y ambiental de Colombia están dirigidas en sentidos opuestos, por eso Minambiente está por fuera del gabinete del postconflicto. Mientras tenga más prioridad para el gobierno obtener recursos o dinero a través de la explotación de hidrocarburos y minerales, todos los planes ambientales van a seguir siendo solo unas buenas propuestas.

Las consecuencias de esta rosca ambiental se ven en que las autoridades ambientales son débiles, con poca injerencia en el manejo y administración de los recursos ambientales de sus regiones, con un poder de vigilancia y control casi nulo. Otra consecuencia, es que los profesionales ambientales están desarrollando labores alternas para sobrevivir en el mundo laboral. Este es el poder de la rosca ambiental, manejada bajo intereses económicos y burocráticos, todo a costa de degradar y acabar con el patrimonio ambiental colombiano. Finalmente, “Lo malo de la rosca, es no estar en ella”, lo malo es que acaba con todo lo que encuentra a su paso.


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