Los datos que dejaron los juegos del Tolima y DIM en las fases 2 y 3 del torneo continental. Ahora están en ronda de grupos, y allí deberían pagar una deuda con el fútbol: el tiempo efectivo.
Los datos que dejaron los juegos del Tolima y DIM en las fases 2 y 3 del torneo continental. Ahora están en ronda de grupos, y allí deberían pagar una deuda con el fútbol: el tiempo efectivo.

Hay una cifra que explica casi todo. En la fase previa de la Conmebol Libertadores 2026 los juegos apenas alcanzaron, en promedio, un 49,26 % de tiempo efectivo, equivalentes a 49 minutos y 13 segundos de balón en movimiento, menos de la mitad. Ese fue el contexto en el que Deportes Tolima y Deportivo Independiente Medellín lograron avanzar a la fase de grupos, cuyo sorteo se realizó este jueves. Clasificaron, sí. Pero los datos muestran cuánto jugaron realmente. Las cifras, obtenidas de OPTA a través de 365Scores, permiten dimensionarlo.
Con el camino ya trazado tras el sorteo —y con Santa Fe y Junior también instalados en la fase de grupos— vale la pena volver sobre lo que dejaron Tolima y DIM en esa ronda previa. El análisis cobra más sentido ahora: no solo explica cómo sobrevivieron, sino qué tan preparados están, desde el ritmo de juego, para competir en un escenario más exigente. Por primera vez en cinco años estarán los cuatro clubes colombianos en esta instancia, y el dato de cuánto se juega empieza a pesar.
Este análisis tomó como muestra 11 partidos de las fases 2 y 3 del torneo; los tres de mejor registro sin equipos colombianos y los ocho duelos que jugaron Tolima (4) y DIM (4). Y el balance deja una lectura clara; por momentos hubo intensidad, pero la continuidad fue todavía frágil. Apenas el 45 % de esos partidos superaron la media de la muestra: 49,26 % de tiempo efectivo jugado, eso en cancha son unos 49 minutos y 13 segundos.

En ese escenario, Tolima dejó la mejor señal. Su partido ante Deportivo Táchira marcó el registro más alto, 57,17 % de tiempo efectivo y 55:31 minutos de juego real sobre 97:06. Hubo además 18 remates, con ocho al arco, una precisión de 44,44 %. Tolima remató cinco veces y anotó una vez: 20 % de efectividad. El juego se detuvo 90 veces y el tramo más largo sin interrupción fue de 3:48 minutos. Aunque no fue un partido perfecto, sí mostró continuidad y mejores secuencias.
El contraste aparece rápido. Aunque el duelo Nacional Potosí vs. Botafogo fue el segundo con mejores cifras en tiempo efectivo, registra una caída fuerte en precisión. Hubo 33 remates, pero sólo cuatro fueron a puerta, eso es apenas el 12,12 % en precisión. Y si se mira la conversión pura, el dato es más frío todavía: un gol en 33 remates, es decir, 3,03 % de efectividad. Mucha llegada, pero poca puntería.
Tolima volvió a aparecer bien ubicado en la vuelta frente a Táchira. Ese juego cerró con 50,74 % de tiempo efectivo y 49:50 minutos de balón en juego. Fue un registro superior a la media y confirmó que el equipo pijao, en esta fase, sostuvo mejor el ritmo que la mayoría. En términos agregados, los pijaos se ubicaron arriba del estándar: 49,53 % de tiempo efectivo (49:52 minutos).
La otra cara del reloj

En cambio, Medellín quedó por debajo del estándar entre colombianos: 43,81 % (43:28 minutos). Respecto a los tolimenses, la brecha es de 5,7 puntos porcentuales, y eso equivale a más de seis minutos menos de juego real por partido. En esta fase la continuidad no fue lo suyo; su mejor partido en la muestra fue ante Juventud con 48,11 % de tiempo efectivo (48:14 minutos de juego real). No es un desastre, pero quedó por debajo de Tolima y del promedio general.
Los datos más bajos confirman la tendencia. El partido Tolima vs. O’Higgins en Ibagué —clave para la clasificación— duró 102:30 minutos, pero sólo se jugaron 44:23, se detuvo 103 veces, el VAR tomó 2:30 minutos y el mayor tramo sin interrupciones fue de apenas 2:00 minutos. Ese duelo tuvo 24 remates, 10 al arco, para una exactitud de disparos del 41,67 %. Tolima lanzó 12 veces, ocho fueron a puerta y anotó 2 goles; la efectividad fue de 16,67 %.
Sin embargo, el caso más crítico fue el de Medellín ante Juventud. En ese juego se dio el registro más bajo de toda la muestra con un tiempo efectivo que cayó a 39,32 %, eso es apenas 39:52 minutos de 101:23. Hubo 24 remates, nueve fueron al arco, la precisión alcanzó el 37,5 %. El partido terminó con tres goles, pero eso no alcanzó para disimular la fragmentación: se detuvo 120 veces y el tramo máximo ininterrumpido fue de sólo 2:13 minutos.
A esto se suma un dato que explica buena parte del problema de ese juego: 35 faltas. Un juego constantemente interrumpido difícilmente puede sostener el ritmo. Las faltas, de hecho, ayudan a leer el fenómeno general. El duelo Tolima vs. Táchira tuvo un poco más de la mitad del anterior, 18 infracciones; mientras que Tolima vs. O’Higgins llegó a 26. En el otro extremo, Nacional Potosí vs. Botafogo registró apenas 14 faltas, un indicador de continuidad. Es muy lógico, pero esto demuestra que a menor interrupción, más fútbol. Así de simple.

Ahora bien, cualquier comparación con el fútbol europeo sería un despropósito. Son contextos distintos, ritmos distintos, arbitrajes distintos. No se trata de poner todo en la misma balanza, pero sí sirve como referencia para entender hacia dónde debería apuntar la vara. En el Bayern Múnich 4-1 Atalanta, por ejemplo, el tiempo efectivo fue de 65:01 minutos sobre 96:18 (67,51 %). Allí el juego se corta menos y el árbitro parece intervenir poco. No es sólo otra intensidad, es otra cultura de juego.
De cara a la fase de grupos, este análisis deja una tarea pendiente. La IFAB ya anunció medidas para mejorar el ritmo desde julio próximo: límite de tiempo para saques de banda y de meta, para sustituciones y para atención de lesionados. Habrá que ver cuánto impactan de verdad, pues la regla de los ocho segundos al arquero, por ahora, parece haber movido poco la aguja y seguirá necesitando evaluación.
Es claro que Tolima salió mejor parado que DIM en esta variable silenciosa, pero quizá más decisiva, el tiempo efectivo. Ambos —además de Santa Fe y Junior— estarán en fase de grupos y seguramente para algunos, deportivamente cumplieron; económicamente, también. Pero hay una tarea pendiente; para competir mejor hay que jugar más. En el fútbol moderno es imprescindible que el balón ruede. Y en esa variable, al menos por ahora, todavía hay mucho por corregir.
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Por: @nossadeportes
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