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Publicado el Andres Vargas

Tranquilidad: la llave de ‘Charlie’ Sepulveda

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A Carlos Sepúlveda le gusta el tenis desde que era pequeño. Y resulta poco convincente creer lo contrario, toda vez que su familia es de tenistas: su papá fue jugador y cuando dejó de serlo se dedicó a entrenar a otros para el deporte de la raqueta; sus tíos también se dedicaron al tenis. Casi cumple dieciocho años, y desde los doce ha sido número uno de Colombia. En todas las categorías juveniles: doce, catorce y dieciséis, ha sido catalogado como un jugador con talento. Él cree que es por su tranquilidad en la cancha que ha sobresalido.

Sepulveda

Pero sobresalir no es suficiente. Para cumplir sus sueños, que por ahora son jugar torneos Futuros y Challengers, más adelante ser jugador profesional y luego llegar a los diez mejores del mundo, tuvo que empezar desde chico a trabajar arduamente. Cuando empezó en la categoría de los doce años, se veía con Manuel Arias y Daniel Galán en las últimas instancias, ya para llevarse el título debajo del brazo. Con Arias, eran rivales en el campo de individuales, y equipo cuando debían trabajar para los Suramericanos, en los cuales siempre ha representado a Colombia.

El año en que estaba en la categoría de doce años, a ‘Charlie’ nadie le ganaba, y junto con Arias y Esteban Gutiérrez consiguió el tercer lugar para Colombia en los Suramericanos, y el primero para él solo en el país. Después, en la categoría de catorce años, también se quedó con el número uno del escalafón, aunque no con el tercer puesto de los Suramericanos, sino con la clasificación al mundial.

Fueron a República Checa, en donde la experiencia de jugadores de 180 y 190 centímetros les mostró que el camino era más arduo de lo que pensaban. Ese fue un año de aprendizajes para Sepúlveda: su hasta ese momento irrefutable número uno se le escabulló de las manos y ya le ganaba su compañero de carreras, Arias. “Era entre nosotros (Arias y Sepúlveda), eso sí; de resto, nadie nos ganaba”, dice.

“Él se desarrolló, creció más, y yo seguí igual: controlar la bola y no sacarla del campo”, así explica ‘Charlie lo que sucedía en ese momento, sin tener claro sí era que él se había frenado o si Arias había ascendido mucho más que él, o ambas, o ninguna.

El camino del crecimiento no es fácil, y cuando llegó a la categoría de los dieciséis años se encontró  con jugadores que estaban en muy buen nivel. Seguía tambaleante, y cuando le empezaron a ganar jugadores diferentes a Arias se le “bajó un poquito el nivel” y no se sentía “muy a gusto”. Estaba “muy triste porque era duro que la gente empezara a criticar que no ganaras los partidos. Había mucha tensión cuando entraba a los partidos, porque tenía la presión de siempre ganarlos y sobresalir entre los mejores”….

En esa categoría conoció a otros jugadores. De las estrellas jóvenes de hoy, jugó con el brasileño Orlando Luz (febrero 8 de 1998), quien llegó a semifinales de Roland Garros junior 2014, fue campeón en dobles de Wimbledon Junior, y medallas de oro en dobles y plata en individuales en los Juegos Olímpicos de la Juventud de Nanjing, ese mismo año. Cuando jugaron, un contundente doble 6-3 a favor de Orlando le volvió a mostrar a Carlos que llegar a ser profesional es más que talento.

Le quedó claro que llegar requiere de mucha concentración y trabajo: físico y de tenis. Entonces empezó a trabajar. Sabía que su fortaleza, la tranquilidad, se le estaba yendo; que se le iba en pleno partido, y de paso a él se le iba el partido. Incluso todavía “me está costando mucho estar tranquilo en los partidos”, relata. Ahora que llega a la categoría de dieciocho años sabe que debe ordenarse mentalmente si quiere ascender. “Darle más al físico, que es importante ya que todos los partidos van a ser muy duros, y al saque, que es lo primordial”.

Ahora que piensa en Challengers y Futuros, sin duda alguna, el actual número dos junior del país debe superar los obstáculos. “Llevo este año preparándome para Futuros. Estoy entrenando en las mañanas y en las tardes: tres horas de físico y seis de tenis. Y también estoy trabajando la parte psicológica. Lo primordial para un partido es lo físico, pero para mí lo primordial es lo mental”.

En su juego, “la cabeza es un 60 por ciento”, aun así sabe que no es suficiente: “Me han dicho que tengo talento, pero 60 por ciento no lo es todo”. Y como no todo es talento, “toca entrenar para llegar a ser un tenista profesional”, sentencia.

“Y respetar a todos tus contrincantes, no importa su categoría, pensar en eso verdaderamente es llegar a ser un tenista profesional. Esa siempre ha sido la enseñanza de mi papá y la que más tengo presente”, remata Carlos Sepúlveda.

Sin embargo, no todo parece promisorio cuando uno habla con él. Mientras conversaba en la cafetería del Centro de Alto Rendimiento de Bogotá, frías palabras emergieron: “O si no me iré a Estados Unidos a una universidad. Esto es muy duro, falta más apoyo”…. ¿Cuál creen que fue la pregunta?

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