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Publicado el Andres Vargas

Novak Djokovic se hace más grande en Australia

Fabián Valeth Orozco @FabianV_:

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Tras un partido que fue de más a menos, Novak Djokovic derrotó a Andy Murray 7-6, 6-7, 6-3, 6-0 y se hizo con su octavo Grand Slam en la temporada. Además, se convierte en el segundo jugador con más coronas en toda la historia del Abierto de Australia, a una de Roy Emerson.

Ben Solomon/Tennis Australia
Ben Solomon/Tennis Australia

Las finales de Grand Slam parecen tener como insignia que deben ser entretenidas, espectaculares y hasta con toques de dramatismo. Sino es cuestión de ir al pasado y ver que hay un sinnúmero de capítulos que se han hecho acreedores de un espacio en la eternidad. Esta vez Novak Djokovic y Andy Murray no lucieron la definición que precisamente se recordarán por las siguientes décadas, pero sí se atrevieron a dar un partido interesante en los dos primeros sets, una lucha donde ambos no agarraban el testimonio para alcanzar el triunfo, y ese ingrediente permitió que esos dos parciales se extendieran por más de dos horas.

Por tramos era una lucha sin un protagonista principal, dos actores de reparto que no sabían cómo hacerse dueños de la parte alta del plató. Cuatro quiebres en cada una de las dos primeras mangas demostraban que no había un amo del encuentro, era una batalla entre intermitencias y genialidades; entre discontinuidades y peloteos intensos. Y aunque el serbio tuvo la chance de ganar el primer set al sacar 5-3, Murray se levantó para impedir que la primera conversación se le fuera en las silabas iniciales. Empezó a mostrar el talante que le permitió vencer al balcánico en dos oportunidades en finales de Grand Slam y forzó al tiebreak para destrabar una disputa sin jefe. Y allí falló el británico. Tras tener ventaja y luego de una doble falta, entregó a merced del uno del mundo un primer set valioso. Ese que podía encumbrar al campeón.

Entre incertidumbres inició el segundo set. Luego del agotado episodio anterior no era irreflexivo pensar que a Murray la motivación se le podría desvanecer. Sin embargo, logró irse en ventaja al ganar los dos primeros games pero todo fue tan efímero que terminó cediendo cuatro juegos consecutivos y sentirse a nada de ser devorado por un Djokovic que no estuvo en su mejor versión. Aquel soberbio jugador que cuando está combustible acaba con su presa sin temor a nada, acaba hasta con la piel del más atrevido. El escocés recuperó, incluso tuvo set point en el 5-4 con la devolución, y condujo las acciones a una nueva muerte súbita. Una que era definitiva para él, de vida o muerte, de luz u oscuridad. Esta vez no se achicó. Sostuvo la ventaja y estiró un partido elástico. Un duelo que con dos tiebreaks ya sobrepasaba las dos horas y media de juego.

El partido parecía irse hacia el lado de Andy. Un quiebre prematuro dejaba al seis del mundo como nuevo conductor del enfrentamiento y el que parecía con más gasolina para lo que quedaba de partido. Al contrario, Djokovic parecía atornillado, con las piernas pegadas al suelo y sin reacción en cuerpo y alma. Pero los guiones tomaron otro color, fueron escritos con una tinta diferente a la que necesitaba Murray. De un momento a otro bajó la intensidad, se vio con innumerables fallos y permitió que el serbio se sintiera con vida. A partir de ahí el mando quedó para el campeón allí en cuatro ocasiones, lanzó el martillazo y cerró el tercer set. Luego el cuarto sería cosa de uno. Un rosco que dejaba en el aire no solo la actitud sino las condiciones del británico, que no luchaba pelota, que había dejado la guerra perdida.

El quinto título de Novak Djokovic no se hizo esperar. Fue cuestión de que corrieran los puntos como lo hace el agua en pleno manantial. El serbio se sentía aún más grande en el cemento de la Rod Laver; ese mismo donde empieza a construir su propia historia. Fue un duelo extraño y desusado que deja dos imágenes: el uno del mundo con mente de campeón, que muchas veces gruñe la mente del rival con sus gestos de cansancio y extenuación, pero con mentalidad de ganador. Y un Murray que aún no rompe sus propios esquemas, un jugador que a pesar de ya haber levantado dos grandes no tiene la osadía de morder el polvo para hacerse más grande y ya ha salido vencido por tercera ocasión ante el serbio en la Rod Laver. Al contrario, Djokovic hilvana una historia propia, esa que lo llevará como uno de los mejores en Melbourne de todos los tiempos.

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