Gol y Fútbol

Publicado el Jorge Tovar

La Liga de Naciones UEFA: El Imperio Contraataca

La UEFA, Europa, acaba de lanzar una nueva competencia: La Liga de las Naciones.  Argumentan que la idea nace del “deseo de la UEFA, y especialmente del presidente de la UEFA, de mejorar la calidad y el nivel de los partidos entre selecciones nacionales”. Dicho de otra manera, les parece que el actual esquema de jugar partidos amistosos  a elección de cada selección es inadecuado por el nivel de sus rivales.

Para ello van a dividir las 54 asociaciones miembros en cuatro grandes grupos. A su vez éstos grande grupos se dividen en pequeños grupos de tres o cuatro equipo.  Entre septiembre y diciembre los equipos de estas pequeños grupos jugarán entre sí en partidos de ida y vuelta.

El ganador de cada pequeño grupo pasa a la fase final. Los últimos de cada grupo descenderán. Con el fin de darle un poco de peso al torneo, cuatro equipos de cada uno de los grandes grupos pasarán a disputar un cupo para la Copa de Europa de Naciones, siempre que no hayan clasificado previamente al torneo en las eliminatorias regulares. La idea es comenzar el torneo en septiembre del 2018.

En la nota de la UEFA afirman de manera explícita que la Liga de Naciones UEFA reemplazará la mayoría de partidos amistosos aunque “habrá espacio para algunos amistosos, particularmente para los equipos más poderosos pues ellos se enmarcarán en grupos pequeños de tres”. Así, dice la nota, podrán jugar partidos contra sus pares de fuera del viejo continente.  De esta forma, los jugadores viajarán menos, tendrán “menos partidos amistosos sin sentido” y jugarán más con aquello de “su mismo nivel”.

Europa, la vieja Europa vuelve por sus fueros. Históricamente se consideraron el centro del mundo, y en ello el fútbol no ha sido menos.  A título de exhibición el fútbol se estrenó en los Juegos Olímpicos en 1908. No fue hasta 1924 que participaron equipos no europeos. Y el ganador fue un desconocido equipo del oriente sudamericano: Uruguay. Tras ganar el torneo también en 1928, Uruguay debió ofrecer toda clase de garantías financieras para contar con la ilustre presencia europea. Garantizó pasaje en barco en primera clase, alojamiento, comida en Montevideo durante todo el torneo más ocho días, dos pesos por dieta por persona durante la travesía y cuatro mientras estuviesen en Uruguay. Sólo cuatro selecciones aceptaron, a regañadientas, la invitación.

El consenso era, eso sí, turnarse el Mundial. Cuatro años en Europa, cuatro en Sur América. Así que en 1934 se jugó en Italia. En 1938, con la guerra ad portas decidieron que el torneo debía jugarse en Francia, hogar de Jules Rimet, el alma del Mundial de Fútbol. En 1946, tras la guerra se eligió Brasil para el certamen y, al tiempo, Suiza en 1954. Luego se nombró Suecia, dando la espalda nuevamente al continente americano. Por fin, después de Suecia, el torneo se alternó hasta que para 2002, la alternancia se hizo de carácter mundial.

Europa, eso sí, a pesar de no ganar más que los americanos sentían que los cupos eran de ellos para repartir. Famoso es el caso de Gustav Wiederkehr, presidente de la UEFA hasta julio de 1972, quien de cara al mundial de 1974 a celebrarse en Alemania Federal no entendía él por qué en un mundial europeo, Sur América debía tener cuatro plazas. En 1970 se había firmado en Casablanca un convenio en el que los europeos tendrían 8 plazas, 3 los suramericanos, 1 la Concacaf, 1 los asiáticos y 1 los africanos. A ellos, por supuesto, habría que sumar el cupo de Alemania Federal, local, y Brasil, campeón.

Los alegatos de Wiederkehr lograron que se hiciera una votación de rectificación. Ella, sin embargo terminó empatada. La presión logró que Sur América (por primera vez), se disputará un cupo con el ganador de una de las zonas europeas. El movimiento tendría consecuencias a priori imprevisibles. El 11 de septiembre de 1973, Pinochet derrocaba a Allende y, entre otras medidas, expulsó al embajador de la U.R.S.S. El problema para el fútbol fue que Chile debía disputarse ese cupo con la U.R.S.S. El primer partido se disputó apenas una semana después del golpe en Moscú y Chile logró un empate a cero. Para el partido de vuelta, la U.R.S.S. no veía garantías en Chile y solicita a la FIFA un campo neutral. La solicitud es denegada y dado que los soviéticos decidieron no viajar a Santiago, Chile clasificó.

Luego vino la Copa Intercontinental cuyas batallas ya conté con algún detalle. Lo interesante de ese torneo, hoy llamado Copa Mundial de Clubes, es que a los europeos “nunca les interesó” salvó cuando la ganaban. Si perdían es porque aquello no era más que un objetivo secundario. Ejemplo son las palabras de El País, cuando el Real Madrid viajaba en el 2000 rumbo a Japón a enfrentar al Boca Juniors: “Un viaje eterno e incómodo ha puesto al Real Madrid de muy mal humor. Ni la posibilidad de lograr en Tokio su tercera Copa Intercontinental, la segunda en los últimos tres años, le compensa.”

El día del partido escribían “El Boca Juniors lleva preparando el partido de hoy toda la vida. O todo un ciclo, todo el trayecto de la era Bianchi. La final de la Copa Intercontinental es el final del camino, el premio máximo, el gran objetivo trazado. (…) Para el Real Madrid, en cambio, este encuentro es un apéndice, un complemento, un adorno”.  Claro, cuando perdieron fue porque “el Real Madrid entregó la Copa Intercontinental de una forma intolerable. Por desidia, por desinterés, por entrar distraído al partido, con los cinco sentidos desconectados.”

Ahora, Europa nuevamente se encierra en sus fronteras. Si en los sesenta y setenta Italia y España entre otros cerraron sus fronteras culpando a los demás de sus fracasos, ahora se encierran buscando rivales ‘dignos’ de sus grandiosas estrellas. Platini, el presidente de la UEFA, está por supuesto en todo su derecho de proponer tales medidas. Pero son medidas que van contra el mundo globalizado en que vivimos. ¿Por qué no puede jugar Italia contra la humilde Colombia? ¿Por qué Alemania no puede hacer una gira por Sur América? ¿Por qué África no puede pasear sus fútbol de selecciones por los nobles campos europeos?

Incluso dentro de la propia Europa el sistema no parece el mejor. ¿Por qué esa gran generación espontánea de Polonia, Hungría o Bosnia no puede jugar amistosos contra los mejores de Europa? Quizás mis quejas sean prematuras, pero encerrarse a mirarse el ombligo no me parece solución a los problemas que dice la UEFA sufren los entrenadores europeos. El fútbol es global, debe permanecer global.

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