Ciclismo con J

Publicado el Jhon Jaime Osorio

Giro 2022 – Etapa 2: Yates se paseó por Budapest y se hizo conocer

Budapest es una ciudad para recorrer despacio. Es una urbe enigmática y hermosa a la vez. «La perla del Danubio» es una estampa llena de historia. Sus 7 puentes clásicos transitables para peatones, sus cafés literarios decimonónicos, los castillos, el parlamento, sus construcciones religiosas, sus barcos navegando el río,  su centenar de museos, sus baños termales y sus galerías de arte demandan tiempo de quien realmente quiera disfrutar en detalle esta capital dinámica, cosmopolita e innovadora. Sin embargo, hoy, «La Perla del Danubio»  reservó su escenografía para el paso vertiginoso y raudo de los 176 ciclistas que participan en el Giro de Italia. Era la etapa 2. Día de contrarreloj. Una ocasión en la que se justificaba atravesar velozmente la ciudad.

El trazado era muy corto, de apenas 9,2 kilómetros. Una distancia de prólogo si hubiese sido el tramo de apertura de la carrera. El Giro de este año es el de menor distancia en ejercicio contra el cronómetro desde 1.962. Salía de la Plaza de los Héroes, buscaba el margen izquierdo del Danubio, pasaba frente al  majestuoso Parlamento neogótico, recorría la ribera del río, cruzaba el puente Margarita (Margid Hit), atravesaba casi que en zig zag el otro lado de la ciudad y terminaba subiendo hasta la Plaza de Buda frente al castillo real. Los lugares más emblemáticos de la ciudad estaban  incluidos en el breve trayecto.

Los primeros 8 kilómetros eran planos pero con muchas curvas y giros que no permitían llevar un ritmo constante. Recorrido muy técnico. Los 1.3000 metros finales eran de para arriba, con una superficie de adoquín urbano que agregaba dificultad.  El promedio de velocidad de la mayoría estuvo arriba de los 44 kilómetros por hora. Los ciclistas solo tuvieron tiempo para pedalear. Ninguno alcanzó a mirar la bella arquitectura de los antiguos pueblos de Buda y Pest, que se unieron en 1873 para constituir la gran ciudad. Tampoco apreciaron los hermosos detalles del edificio del Parlamento, construido en 1885 siguiendo los planos de Imre Steindl. El arquitecto local quedó ciego dos meses antes de que se terminara la construcción y nunca pudo ver la factura final en cemento de su obra gráfica.

El primero en marcar su tiempo en la meta fue el belga Harm Vanhoucke, que registró 12’48». Después de él, solo siete ciclistas más se sentaron en la «silla caliente», a la que solo accede quien vaya superando el mejor tiempo en la fracción. Después de Van Houcke, estuvieron en el asiento Alex Dowsett, Jos Van Emde, Edoardo Affini, Lennar Kamna, Matteo Sobrero, Tom Dumoulin y Simon Yates. De todos ellos, realmente el campeón del Giro del 2017, Dumoulin, no se alcanzó a sentar. Aunque paró el cronómetro en 11’55» y fue el primero en bajar de 12 minutos el tiempo para el trazado, cuando iba para el mueble entró a la meta el británico Yates, que venía en el turno siguiente. ¡Oh sorpresa!  Puso un 11’50» imbatible para el resto.  Es la primera vez que gana al crono en una gran vuelta. Golpe de autoridad y primer aviso a todos los favoritos a pelear el título.

Cuando Yates se sentó en la silla faltaban 23 ciclistas por realizar el recorrido. Solo uno lo inquietó; justo el último en salir. El líder de la clasificación general Mathieu  Van Der Poel empezó el ascenso a la Plaza de Buda  con el mismo registro parcial del británico y al final cedió 3 segundos, pero no entregó la camisetea rosa. Entre los jefes de filas hubo cierto equilibrio de fuerzas, pues se marcaron diferentes cortas. Todos, excepto Iván Sossa, que tuvo una mala jornada, están en el margen del minuto en la clasificación general. La visita a Hungría termina mañana con una etapa larga y plana por la llanura Panónica, con una casi previsible llegada masiva.  Van dos días emocionantes en el corazón de Europa. El tercero no puede desentonar.

 

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