Presentación en el Liceo de Ourense.
Presentación en el Liceo de Ourense.

 

Atendiendo la invitación de la Fundación Carlos Casares de Galicia para hablar sobre la Décima Cimarrona, viajamos a España el decimero Kongo Kimbiza -El Diablo- y yo, para presentarnos en el evento denominado Coordenadas 2023 en el marco de la Feria del Libro de Santiago de Compostela, evento llevado a cabo el 12 de junio en la Praza Da Quintana, próxima a la célebre e histórica iglesia donde reposan, según la leyenda, los restos del apóstol Santiago. Así mismo las puertas del histórico Liceo de Ourense se abrieron para exponer las “Palabrerías de la marea”, y finalmente en la localidad gallega de Vilar de Santos en el “Arca da Noe”, pudimos compartir con nuestros amigos gallegos este importante tema que de una u otra manera nos hermana aún más.

La justificación es simple pero profunda, el Pacífico colombiano recoge la herencia oral de tres continentes: América, África y Europa; ahí se conjuga el modelo lingüístico heredado de la décima espinela, el asombro introspectivo del nativo latinoamericano y la festividad elocuente del africano. Las palabrerías de la marea recogen esa maravillosa herencia para compartirla y volver a una de sus fuentes, España.

El sacerdote Vicente Gómez Martínez Espinel (Ronda, 1550 – Madrid, 1624), músico y escritor del Siglo de Oro español, hizo importantes innovaciones a estas artes, como la de agregar la quinta cuerda a la guitarra -tema en discusión-, y la de perfeccionar la décima con las combinaciones abbaaccddc, popularizándose de tal manera que en su nombre se le denominó Décima Espinela o simplemente Espinela. “La espinela consta de dos redondillas de rima abrazada, en las que se introducen dos versos de enlace, también octosílabos, que repiten las rimas última y primera de cada estrofa y ligan la tesis y conclusión del pensamiento expresado.” Cervantes, Góngora, Quevedo, Lope de Vega, entre otros, emplearon este sistema, la célebre “La vida es sueño” de Calderón de la Barca emplea esta estructura. Leamos una décima de Espinela:

 

No hay bien que del mal me guarde,

temeroso y encogido,

de sinrazón ofendido

y de ofendido cobarde.

Y aunque mi queja, ya es tarde,

y razón me la defiende,

más en mi daño se enciende,

que voy contra quien me agravia,

como el perro que con rabia

a su mismo dueño ofende.

Ya esta suerte, que empeora,

se vio tan en las estrellas,

que formó de mí querellas

de quien yo las formo ahora.

Y es tal la falta, señora,

de este bien, que de pensallo,

confuso y triste me hallo,

que si por vos me preguntan

los que mi daño barruntan,

de pura vergüenza callo.

 

No se sabe a ciencia cierta cuándo llegó a América, los registros hablan de que bajo esa estructura se trató de evangelizar a los indígenas, calando mucho más en el alma popular bajo la forma de poesía tradicional, como poesía repentista, alimentó la lírica y la épica latinoamericanas e inclusive permite aún narrar la historia de estos pueblos. Lo cierto es que encontró terreno fértil en los pueblos originarios, ya que la tradición oral fue uno de los principales métodos de mantener sus tradiciones, sin desconocer que muchos de ellos tenían complejos sistemas de escritura incomprendidos por los europeos; así mismo a la llegada de los africanos, a quienes se les prohibió expresarse en sus propias lenguas y mucho menos mediante la escritura, encontraron en ella la forma para mantener contacto con sus dioses y con los suyos a través de cantos y versos recitados mientras ejercían las duras faenas a las que fueron sometidos.

Una de las formas más tradicionales es la de enfrentamiento entre dos o más, espacio para demostrar la fluidez verbal y la capacidad mental para responder al contrincante. En algunos lugares se acompaña con música de guitarras, cuatros y arpas, en otros lugares con tambores y marimbas, en el caso del Pacífico nariñense se hace sin ningún tipo de instrumentos, ahí el decimero es voz y tono de lo que se quiere expresar. En Galicia y Portugal la regueifa recuerda a la décima espinela, aunque este es un canto que enfrenta a dos o más personas que siguen un mismo cantar, fue así como la presentación en Santiago de Compostela llamó la atención de Séchu Sende, uno de los organizadores de la Regueifesta, “El principal objetivo de este proyecto es que el público entre en contacto con la improvisación oral en verso a través de la experiencia del regueifar, concretamente en el ámbito escolar”, un punto de encuentro más con la propuesta que ahí presentamos.

Cabe mencionar que también las jotas de picadillo de Aragón, así como la payada de Argentina y Uruguay, la paya de Chile, el socavón de Perú; y en Colombia la trova antioqueña, la copla llanera, en donde se enfrentan unos con otros, recogen esas tradiciones que mezclan las composiciones literarias, casi siempre repentistas, con música de la región. Muchas de estas expresiones están presentes en el Caribe colombiano, en Montes de María se narra su historia y su resiliencia de esta manera, y los juglares vallenatos sin tanto ornato siguen relatando sus fantasías hechas realidad.

Benildo Castillo, célebre decimero.
Benildo Castillo, célebre decimero.

 

Se reconoce a nivel general que la décima tiene un carácter colectivo, se hace para comunicar al pueblo una historia, para mantener la tradición, por ello tiene también una función social que cumplir, entretiene desde luego, pero en el trasfondo hay un mensaje político, una crítica a la sociedad o a sus integrantes, por eso fácilmente el decimero puede pasar del amor a la crítica, de lo personal a lo comunitario, ahí afianza su razón de ser. Se mantiene en el sentir popular de su expresión, quizá por ello desapareció de España y se mantuvo en América y en Las Canarias, como una posibilidad de narrar el mestizaje mismo al que fuimos sometidos y en el cual hoy nos identificamos. Hay que entender que el mestizaje va mucho más allá del mero cruce de etnias, de colores de piel, es una posibilidad que se da en el mundo desde que el ser humano migra y se relaciona con los otros, no sin razón las culturas, por más puristas que aparezcan, tienen en su entramado profundo la síntesis de varios pueblos.

Los viajeros nacionales y extranjeros que recorrieron el Pacífico colombiano a finales del siglo XIX recogen las impresiones que tuvieron al escuchar a hombres y a mujeres que amenizaban las reuniones con las décimas, así lo expresa Córdovez Moure y más detenidamente Rufino Gutiérrez en el libro “Por el sur de Colombia”, escrito en 1893, quien acopia de memoria algunas de las décimas que escuchó en Barbacoas, tanto a lo divino como a lo humano:

Tengo vijta una paloma

Y la rama en que e ajienta.

Cuidá con e libro e cuenta

Dejste mes para delante.

Voy á juntá uno rialito

Pa comprá mi cuchillito

Y mi caja e julm inante.

Pólvora también bajtante,

Para andá de loma en loma

Con mi ponchito re lona.

Pocque aquí en ejte paí

Tengo vijta una paloma

Y la rama en que je ajienta,

Cuidá con e libro e cuenta,

Le dé un palo y me la coma.

 

Quizá la impronta de la obra de Candelario Obeso, “Cantos populares de mi tierra”, publicado en 1877, hacen que Gutiérrez escriba las palabras como las escucha, un aporte muy significativo para quienes abordamos el estudio de la décima cimarrona. Además, recoge las voces de mujeres decimeras, las cuales desaparecieron durante un buen tiempo de los escenarios locales, por lo menos en el Pacífico nariñense, reapareciendo con voces importantes y singulares como la de Katerine Maribel Quiñones, conocida como “La Tunda del Telembí”, es decir que hay una ancestralidad también femenina que es importante visibilizar.

"La Tunda del Telembí".
“La Tunda del Telembí”.

 

En todos los escenarios visitados, la metodología fue muy sencilla y efectiva: mi papel fue el de contextualizar un poco lo que aquí he descrito e inmediatamente Kongo Kimbiza “El Diablo” nos sorprendía a todos con una décima improvisada, teniendo en cuenta tanto la conversación como el público que estaba presente, de tal manera que ese diálogo permitió al final interactuar con quienes nos acompañaban, generando así un mutuo aprendizaje sobre una herencia que nos es común. Carlos Rodríguez “El Diablo”, tiene décima para todo, para lo divino y para lo humano, aquí una muestra recogida de su blog “El Decimarrón”:

 

Como un capricho bendito

que me corre por la venas

Tumaco tú me has marcado

para morir en tu arena

Cuando mi Dios te creo

se inspiró en el paraíso

así con nobleza y gracia

Tumaco te dio bautizo

te llenó con el hechizo

de leyendas y de mitos

un testimonio infinito

en la gente reflejada

y lo esparce la ensenada

como un capricho bendito.

La tierra de caballito

de Benildo y de Faustino

juglares que te ensalzaron

con galas y pergaminos

dándole toques muy finos

en una delicia plena

por mi sentidos resuena

un caliente currulao

y el sabor de un pusandao

que me corre por las venas.

El Morro es fiel muestra

de belleza y señorío

como insignia de un pueblo

tesonero y muy bravío

tu ficus es desafío

del sueño más encantado

un milagro reflejado

como señal de grandeza

por tu paz y tu pureza

Tumaco tú me has marcado

Por siempre te han llamado

hermosa perla del mar

por tus bordes y ribetes

de mariscos y manglar

bajo tu sol quiero estar

quemando mi piel morena

todo lo tuyo me llena

que tienes tierra no sé

he de volver de donde esté

para morir en tu arena

 

De tal manera que la Décima Cimarrona regresó a España, allá se dejó sembrada una semilla que esperamos siga floreciendo, para así seguir compartiendo nuestras tradiciones bajo la egida de la Fundación Carlos Casares y el Liceo de Ourense, a quienes damos las infinitas gracias por la acogida que tuvimos, así como a la importante gestión de la escritora tumaqueña radicada en España Stella Estrada Mosquera, nuestro grato abrazo siempre.

Kongo Kimbiza, “El Diablo”, en Ourense.

 

 

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