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Publicado el J. Mauricio Chaves Bustos

Isla Gorgona, un documento curioso del siglo XIX: Costa occidental de América. Portulano de Quito y Panamá. Plano de la Isla Gorgona. Museo Naval de España.

Plano de la isla Gorgona, Museo Naval de España.
Plano de la isla Gorgona, Museo Naval de España.

 

En la isla Gorgona, antes llamada Felipe en honor a un lejano rey, se abastecían de perlas y frutos los primitivos pobladores Tumacos y Telembíes, como luego lo hicieron los 13 de la fama, atraídos por los ensueños de riqueza que les pintó Pizarro en la Isla del Gallo, un poco más al sur, hoy actual Salahonda, en el departamento de Nariño. Por ahí navegó la Rosa de los Andes buscando vencer el poderío español para implantar una república, cuyos merecimientos los recibió el francés Federico D’Croz, cuyos herederos venderían una parte a Ramón Payán, perteneciente a una rancia familia de la aristocracia caucana, a quienes les expropiarían la isla para convertirla en una cárcel, para finalmente declararla Parque Nacional Natural.

En nuestras pesquisas encontramos en ocasiones raros documentos, algunos de los cuales ya han sido documentados con anterioridad, muchos de estos perdidos en los anaqueles de libros y tesis inconsultos. Es por ello por lo que nos ha llamado mucho la atención un mapa de la isla Gorgona elaborado con base en las observaciones del marino español José de Moraleda en su última comisión por parte de la Corona Española, de Perú a Guatemala, llevado a cabo entre 1802 y 1804.

José de Moraleda (Pasajes San Pedro, España, 1750 – Callao, Perú, 1810), nació y murió viendo el mar, de ahí su apego a la navegación y a la cartografía. En 1772 llega a América, es comisionado al Callao en el entonces Virreinato del Perú, para de ahí emprender viajes hacia el sur, hasta la Patagonia, y hacia el norte, hasta las costas de Guatemala. En Chile se lo tenía por brujo, conocedor de viejos secretos que compartió con algunos mapuches, ganándose la fama de ser un poderoso “machi”.

El objetivo de las comisiones era comparar las cartas de navegación existentes, como las de Alejandro Malaspina, e ir corrigiendo los datos con fundamento en los siguientes elementos: latitud, longitud, rumbo y distancia, mediante complicadas operaciones trigonométricas. Precisamente la principal corrección que hizo el español frente al italiano, fue la de la ubicación exacta de la isla Gorgona, de igual manera durante la Colonia se temía el paso por esta isla, hasta el punto de crear una palabra para ello: engorgonarse, que en el Glosario de Peruanismos (1946) se define como: “ENGORGONARSE. v. r. Engorgonado adj. Atascarse, embarancar, meterse un navío entre las islas Gorgona y Gorgonnilla, islas de la costa sur de Colombia. «Tiénese ·por cosa desesperada tentar un navío engorgonado del todo, pasar adelante … » P. Jerónimo Pallas S. J. Misión a las Indias. Ms. Libro 111, Cap. 111. «Ocho dias estuvo la fragata engorgonada, dando vueltas a la mar y tierra .. .» Viaje del P. Juan Vásquez S. J. 1617.”

Al trazar el mapa con detalles, el navegante español termina por acabar con el mito creado por Malaspina, para lo cual visitó la isla varias veces y la fondeó, anotando en mayo de 1803 lo que sigue: “La palabra «engorgonarse», (.) no la usarán seguramente los navegantes sensatos en un sentido tal, por lo respectivo a la náutica; pues la Gorgona como todos los lugares del globo que habitamos, tiene sus vientos periódicos constantes, y regulares variaciones de que se aprovechan oportunamente los inteligentes, absolviendo la distancia dicha en doce o quince días, y dan al más solemne desprecio semejante groseras opiniones, que oprobian hasta la razón natural.” De tal manera que su trabajo le permitió dar soluciones prácticas a los problemas de los navegantes del Mar del Sur, como lo anota Macarena Ríos (2012): “Lo anterior, no solo nos muestra que Moraleda corrigió creencias asentadas en los navegantes a partir del método científico, sino que también aportó una solución para contrarrestar los problemas que originaban las características geográficas del lugar.”

Documento del Museo Naval de España.
Documento del Museo Naval de España.

 

El documento que a continuación transcribimos, está firmado por Andrés Baleato (Ferrol, España, 1766 – Madrid, España, 1853), quien fue Teniente de Navío de la Real Armada Española y primer delineador del Depósito Hidrográfico en Madrid. Arribó al Callao en 1790, siendo designado Director de la Escuela Náutica. Fue hecho prisionero por el Ejército Patriota de José de San Martín, de donde fue deportado a España en 1822. Dentro de sus escritos, resalta la Monografía de Guayaquil, publicada en 1820. Acompañó a Moraleda en sus viajes, de tal manera que es él quien recoge las anotaciones del caso para la isla Gorgona en la actual Colombia.

El bosquejo presenta un error, quizá de impresión, ya que se dice que obedece a las observaciones hechas en los años 1800, 1803 y 1804, apareciendo ahí 1824, año en el cual ya Moraleda había muerto y Baleato se encontraba en España, aunque la nota del margen izquierdo, fechada en 1827, corresponda a su trabajo ya en la península.

El plano es del siguiente tenor:

Bosquejo horizontal y vistas de la Isla Gorgona cercana a las costas de Popayán en el mar Pacífico. Formado en 1800 por el teniente de fragata de la Real Armada don José de Moraleda, y situada su medianía en latitud N 2°57’30» por repetidas observaciones hechas en los años 1800, 1803 y 1824

Los Números de sonda son brazas de a dos varas castellanas, y sus letras indican L. Lama; P. Piedra; aP. arena y piedra; la. Lama y arena.

Esta isla es memorable por ser la primera tierra al sur de la ensenada de Panamá en la que estuvieron los españoles en la época del descubrimiento y conquista del Perú, y por la pesquería de perlas que hubo en ella antiguamente; se halla prolongada casi del norte a noreste al sur a sur oeste con el largo aproximado de 1 legua, y su ancho por el extremo del norte no llega a media milla, pero en el medio, y parte del sur tiene más de una milla de este a oeste. Su terreno forma tres elevaciones que la mayor es la del centro, e incluyendo los gigantes árboles que la cubren puede verse a 12 leguas de distancia en tiempo claro. Su costa occidental es por la mayor parte escarpada, de mucha profundidad y sin abrigo alguno, pues está descubierta a los vientos del norte por el oeste hacia el sur, que son los más recios de las estaciones; pero la costa el este es accesible y de buenos fondeaderos aunque en bastante agua, pues a 1/3 de milla de tierra no baja de 20 brazas y poco más afuera de 30 a 40 sobre lama con alguna arena fina: estos fondeaderos están en frente de dos ensenadas que forma la costa del este; la del sur se llama Puerto Español por ser el desembarcadero común de nuestra gente, y a la del norte le nombran Puerto del Inglés.

Toda la isla es frondosa, y sus robustos árboles son de maría, bálsamo, negro, roble, mangle, colorado, piñuela y otras maderas buenas: abunda de palmas de coco, y caimitos; hay algunos plátanos, piñas y otras frutas, y tiene multitud de riachuelos, arroyos y pequeñas cascadas de buena agua que se toma con facilidad.

Aunque la isla es muy fértil y solo dista 5 leguas de tierra firme no hay noticia de haber tenido población constante, pero si de estación en el tiempo del año propio para la pesca de perlas, de que aún se conservan indicios en el puerto español. Hoy solo la habitan muchos monos negros, y de los que llaman dominicos de cara y pecho blanco: varios reptiles, que dicen ser venenosos y se mató uno de 3 ½ pies de largo con hermosa piel: se vieron muy pocos pájaros, y escasean también los peces, pues en tres días ni uno picó el anzuelo; se carecía de red con la cual talvez se conseguiría pesca, bien que se atribuía esa escases a la muchedumbre que hay de tiburones y tintoreras que devoran a otros peces, y que fueron la causa del abandono de la pesca de perlas por los repetidos estragos que hacían en los buzos.

Los más de los años pasan algunos moradores de Iscuandé, Sanquianga y otros lugares de la costa a proveerse de frutas de la isla.

Al oeste 30º norte de la punta más sur de la Gorgona y a distancia de 2 millas está la medianía de la isla Gorgonilla unida a ella por un bajo de arena fina y algunas lajas que en baja mar no dan paso ni aún a las lanchas y botes. La Gorgonilla tiene de noreste a suroeste próximamente una milla y como ⅓ de ancho por la parte del sur es mucho más baja que la Gorgona, y tendrá como aquella, ocupando casi todo su terreno excelentes platanales y cocales.

Al suroeste tiene la Gorgonilla varios faralloncitos contiguos; y al suroeste sur a distancia de media legua corta hay uno grande encarpado, árido y muy blanco, que visto de lejos parece una embarcación a toda vela mirando por sotavento por una razón le llaman el Barco. El canal que queda entre el y la Gorgonilla es de mucho fondo según informe de un sujeto que transitó por allí con repetición.

A. Baleato.

Plano isla Gorgona 2009. (Internet)
Plano isla Gorgona 2009. (Internet)

 

Al margen izquierdo aparece la siguiente nota, en el mismo tipo de letra del documento principal:

En 31 de marzo de 1827 comunicó desde Londres don Felipe Bauza que creía más exacta la latitud del centro de la Isla Gorgona de 2º 55`40” deducida de la observada por don Rafael Casanova Oficial de la Marina Española, en varios días y con mucha confianza, estando fondeado en 50 brazas LA, y demarcando el centro de la isla al sur 64º0 corregido donde obtuvo la latitud  de 2º 58`40” estando el centro de la isla 3 millas más al sur.”

No sobra señalar que Felipe Bauza fue Capitán de Navío español, a más de geógrafo, cartógrafo y político, director del Depósito Hidrográfico, siendo diputado de las cortes se vio envuelto en las revueltas políticas que permitieron la llegada del absolutismo a España, razón por la cual huyó a Londres, ya que había sido condenado a muerte y confiscados sus bienes. Murió ahí en 1834, dejando un importante legado de mapas de la España colonial.

A más de la curiosidad científica y cartográfica, el documento señala la flora y la fauna de la isla, como un testimonio que puede servir para comparar el estado actual de la misma, de ahí la importancia de un mapa que, con seguridad, atraerá la atención de los viejos lobos de mar.

Pizarro en la isla Gorgona, grabado de 1726.
Pizarro en la isla Gorgona, grabado de 1726.

 

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