Parsimonia

Publicado el Jarne

Recorrido por la Gran Vía

Andar por esta avenida siempre es un buen experimento sociológico. Uno empieza en Cibeles y termina en Plaza España con la sensación de haber recorrido todo Madrid. De calle en calle y de sitio en sitio, uno puede trazar una parte importante de la historia de esta ciudad y quedarse embobado con alguno de sus mejores lugares de la Gran Vía y sus aledaños. Sólo hay que mirar con un poco de atención, detenerse y disfrutar.

La subida

El viaje que les propongo empieza en la Plaza de Cibeles. Allí está la fuente donde los hinchas del Madrid celebran sus títulos. He de decirles que últimamente tiene más movimiento Neptuno, la plaza del Atlético de Madrid. Si uno comienza a subir, enfrente le queda el edificio de Metropolis, uno de los más bonitos de la capital. A la izquierda está el Círculo de Bellas Artes. El edificio del Círculo lo corona una impresionante terraza desde la que se puede observar una buena parte de Madrid si ese día no está nublado o hay polución.

Sigamos caminando y tomemos la Gran Vía. Está parte de la avenida -como casi toda, la verdad sea dicha- está tomada por esas grandes cadenas con tiendas clónicas que han secuestrado los centros históricos de las ciudades. La capital del reino no es una excepción, pero todavía perviven algunos sitios míticos como Chicote. Este bar era el sitio adonde iba el golferío patrio, un antro de dipsómanos y abrazafarolas. De él se hablaba en una canción de Sabina, De purísima y oro. Aquí tienen la historia.

En la misma orilla en la que se encuentra Chicote, comienza el barrio de Chueca. En los años 80 y 90 era un barrio conflictivo con drogas, asalto a farmacia y jeringuillas por el suelo. Hasta que llegó el colectivo gay y lo cambió todo. Pusieron tiendas y bares, los drogadictos se murieron o se fueron a otras zonas y el barrio volvió a latir. Los habitantes acogieron de buen grado a los nuevos vecinos y se convirtió en una de las zonas más tolerantes de Madrid.

Es un barrio cálido y ennoblecido, pero también muy caro. Si engrosan las filas del bando de los perdedores de la historia -somos mayoría-, recalaran en El Tigre, un sitio donde con la cerveza, -la caña-, le ponen a uno una tonelada de tapas. El Tigre se ha convertido en una franquicia -una franquicia de la cutrez- que tiene varios bares, así que vayan a los otros de los que tiene si les gusta el concepto porque aparece en todas las guías y está lleno de turistas. Si se quieren dar un capricho, el mercado de San Antón. Si quieren beber barato, hay algunos garitos en la calle la Libertad que le podrán servir para tener guayabo al día siguiente.

La última semana de junio, cuando se celebra el orgullo gay, el barrio se llena de banderas arco iris, beodos y barras que se sacan a la calle. El ayuntamiento de Madrid en los últimos años les ha puesto todo tipo de trabas con sucesivas reducciones de horarios y multas prohibitivas. También han surgido críticos con la mercantilización de un día que siempre había sido de reivindicación. Ana Botella, nuestra alcaldesa, defendió hace poco Madrid como destino gay en una feria internacional. Ella que se había opuesto al matrimonio homosexual y había hecho estas declaraciones cuando se aprobó.

Entre las estaciones de Gran Vía y Callao

Esta es una de las zonas más vivas de Madrid. De día o de noche, siempre hay gente de un lado para otro en este tramo zumbeante de la ciudad. Uno se puede encontrar a los periodistas que trabajan en la sede central de Prisa, algunos actores pornográficos de dudosa calidad como Torbe, a los ejecutivos estirados que se van a tomar algo o a los adolescentes que van a ponerse su primer pendiente o tatuaje en las tiendas que trufan esta parte de la Gran Vía y una de sus calles adyacentes, Fuencarral.

Mención aparte merece los heavies de Gran Vía, Emilio y Jóse, unos señores que les podrán ilustrar sobre cualquier grupo de rock de los 70 y 80. Tienen una particular forma de vivir: no trabajan y pasan todo el día allí. Son un símbolo de resistencia frente a un espacio que se apropiado el mercado, de entender la calle como un punto de encuentro, no únicamente de tránsito. Hablen con ellos; se lo pasarán bien y aprenderán.

Hacía la Puerta del Sol también está Montera. Es una calle en la que varias prostitutas hacen la calle desde que yo tengo uso de razón. Cuando uno pasa por allí y va solo, le dicen todo tipo de cosas para atraer su atención y ganarse un servicio. Cada cierto tiempo salta la polémica porque haya chicas de pago en esa calle. El ayuntamiento les ha puesto todo tipo de trabas, hasta una comisaría municipal que queda un poco más abajo. Ellas siguen allí y no parece que la situación vaya a cambiar.

Si uno se pierde por esa zona y es noviembre y diciembre, verá una gran cola de gente a la espera de comprar un boleto de lotería. El puesto donde lo venden se llama Doña Manolita y parece ser que si uno lo compra allí hay más posibilidades de que le toque el premio. La hilera de personas es digna de la URSS o del Black Friday americano. La gente se desvive por los boletos y aguanta el tiempo que haga falta para obtener su recompensa: un número vendido por esa administración.

Si uno sigue andando por nuestra calle llega a Callao. Allí les espera una plaza grande en la que se dan cita todo tipo de tribús urbanas y de vanguardia. En el camino se habrá encontrado con algunas personas ataviadas con una carpeta y un peto y que le pediran dinero para cualquier tipo de causa. Al llegar allí, verá el luminoso de Schweppes, el único cartel de neón que tiene Madrid. Una normativa municipal los prohibió y este se salvó gracias a un indulto por esta escena de Álex de la Iglesia en El día de la bestia. También mantuvieron el de Tío Pepe en Sol.

La bajada

Vamos, no se lamenten por las fatigas, queda todavía el último tramo de este recorrido por la Gran Vía. Ahora bajamos en dirección Plaza España. Escondidas entre las calles que dejamos a nuestra izquierda, se encuentra la comisaria de Leganitos. Dicen que es la comisaría que tiene atribuida la población más grande de Europa. Los policías dicen que en Leganitos se aprende a hacer de todo porque uno se encuentra con todo tipo de fauna. También corren rumores de malos tratos a los detenidos en estas instalaciones.

Atravesando este parte de la calle, vemos como todo está poblado de teatros. Algunos, no sé si con mucho acierto, lo han llamado el Broadway madrileño. Predomina el musical y, esta temporada, uno de los que más fuertes están pegando es el rey león. también ha habido musicales sobre todo lo que se puedan imaginar: Queen, Mecano o hasta Sabina han tenido su musical. El plan es gastarse a partir de unos 40 euros para que incluya también cena. De actores se pueden encontrar a viejas glorias del cine o los últimos expulsados en los concursos de canto de televisión que aprovechan el circuito para poder seguir dedicándose al mundo del espectáculo.

Junto a esta parte más oficial y para todos los públicos, sobrevive todo un circuito alternativo de teatro que se ha construido en los últimos años. Son pequeñas salas, con entrada barata, sin muchas comodidades, pero con ganas de salir adelante y propuestas más arriesgadas. Algunas, formadas por gente tan interesante como Alberto San Juan. En una de estas salas de Malasaña, Daniel Crespo Saavedra y un servidor, han expuesto algunos de los textos de Madrid que he escrito para este blog con algunas de las imágenes que he ido colgando de Dani.

Si ven el el edificio de la foto, han llegado a Plaza España. Es el edificio Madrid. En esta misma plaza, se encuentra Sancho Panza. Recuerden que Don Quijote había huido. Ya que están aquí, tienen que visitar el chino clandestino que hace una comida deliciosa. Pasarse por el Tapas free, que antes era un after donde a uno le daban unos cascos para pasar la mañana del domingo y luego puedo dirigirse hacía el Palacio Real. Pero eso ya es otra entrada.

Torre de Madrid. ilustración de Daniel  Crespo Saavedra.
Torre de Madrid. ilustración de Daniel Crespo Saavedra.

En Twitter: @Jarnavic

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