Parsimonia

Publicado el Jarne

Prácticas veraniegas

La ciudad comienza a ser inaguantable. El calor entra por ventanas y balcones para desesperación de los vecinos. Los niños y adolescentes han vuelto a casa; los padres recuerdan porque los habían apuntado a todo tipo de actividades para que estuvieran ocupados hasta las siete de la tarde mientras un ejército de jóvenes tomará el mando: los becarios.

En este Madrid se han terminado las actividades que mantenían ocupados a los abuelos. No quedan muchas obras que se puedan ver y con las deudas que tiene el ayuntamiento, pasarán años para que la ciudad vuelva a ser aquella urbe mítica de obras donde se podía uno pasar más de 18 horas viendo picos, palas y zanjas gracias a las obras de nuestro anterior alcalde, el faraón Gallardón.

Era una ciudad fantástica en el imaginario colectivo de los más de 65 años donde siempre había entrenimiento y diversión gracias a sus miles de zanjas y tuneladoras que garantizaban el disfrute y los días eternos apoyados sobre las vallas. Hoy de esa ciudad sólo queda el recuerdo de un tiempo mejor, cuando el barrillo y los ruidos le daban esa imagen de urbe moderna en construcción que nunca ha podido alcanzar.

En este Madrid agónico y veraniego, el ejército de reserva del proletariado va a tomar la ciudad. Ataviados con toda clase de títulos, con mucho conocimiento teórico y escaso práctico, los becarios se disponen a asaltar al poder a la menor oportunidad que se les deje. Están dispuestos a sacrificar el verano por pocos euros,  llevarán cafés, aprenderán a utilizar el aire acondicionado y harán las tareas más aburridas con esmero y dedicación.

Da igual que sean periódicos, despachos de abogados, talleres o bancos, la gente se quiere ir vacaciones y alguien tiene que hacer el trabajo durante el verano. Es la ley de la oferta y la demanda y alguien tiene que estar guardando el fuerte mientras una parte del país descansa. Vosotros salvaréis la civilización, becarios.

En Twitter: @Jarnavic

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