Parsimonia

Publicado el Jarne

Elogio al abonotransporte

El Consorcio Regional de Transportes de Madrid ha decidido retirar el abonotransporte en los próximos meses y sustituirlo por unas modernas tarjetas para moverse en bus y metro por la capital. El viejo cartón plastificado quedará como uno de esos documentos personales que se amontonan por los cajones que nos trasladan a otra época en la que éramos más jóvenes. Decretada su desaparición, le escribo un pequeño elogio a ese compañero que uno siempre debe llevar en el bolsillo.

He de confesar que odiaba el abonotransporte. Significaba tener un cometido; suponía ir a un determinado sitio todos los días. Te sacas un abono mensual porque te vas a desplazar con cierta regularidad a un lugar de trabajo o de estudio. Siempre asociaba esa obligación con ir a la universidad. La verdad es que a mí no me gustó mucho. Estudié algo que no me llenaba, o más bien, que no me apasionaba.

Por prescripción paterna y sin saber muy bien qué hacer, las circunstancias me empujaron hacer Derecho y Periodismo. Me ha costado Dios y ayuda, no tanto porque fuera difícil sino que porque no me gustaba. El modelo de aprendizaje, basado en la memorización de conceptos más que en pensar en cómo ofrecer soluciones jurídicas a los problemas, me mataba. No digo que no se tenga que estudiar la teoría y que siempre es necesario contar con una buena base, pero he decir que este sistema no me aportaba nada.

Iba desganado. Me costaba grandes esfuerzos levantarme todas la mañanas para coger el tren en Atocha; tener una disciplina para ir unas clases que consideraba innecesarias. Además, la universidad pública española gracias a sus planes de estudios da pocas posibilidades para que tú escojas tu propio camino. Es un sistema cerrado donde casi todas las asignaturas son comunes y unas pocas optativas. Dicen que para la especialización queda el máster, pero primero hay que aprobar una carrera de 4 o 5 años. Se elige muy tarde hacía dónde quieres encaminar tu vida profesional.

 Así, el abonotransporte se convirtió en un símbolo de la universidad. Asociaba esa tarjeta roja a todo lo que me disgustaba. Me recordaba qué estudiaba y que tenía la obligación de ir todos los días para hacer algo que no veía muy claro, cuando no era abiertamente hostil. Luego me reconcilié en Colombia con el Derecho, pero eso es otra historia que les contaré en otra ocasión.

Mis sentimientos hacía ese objeto que veía inútil y símbolo de la esclavitud, cambiaron con los años.Terminé Derecho y y empecé en el periodismo. Trabajé en varios sitios de prácticas. Tener el abono significaba que tenía una obligación de trabajar a diario, algo impensable para muchos españoles. Me pagaban poco y echaba muchas horas, pero se solucionaba cuando veía mi exiguo salario cada principio de mes.

Por azares de la vida, hace poco tiempo estuve cuatro meses con poco que hacer. No es que me quedase parado, seguía de voluntario en varias onegés, escribía para este blog o buscaba ofertas de trabajo, pero no tenía una obligación o rutina que me hiciera salir a la calle con regularidad. Pasaba muchas horas en casa. Fue entonces cuando eché de menos el abono. Poseerlo presupone que uno puede pagarlo y un motivo para desembolsar su precio: desplazarse a algún sitio. Tenerlo implicaba hacer algo, andar ocupado.

No tenía nada y echaba de menos juguetear con él mientras iba en metro o cercionarme antes de salir de casa de que lo llevaba encima. Estaba siempre mirando si podía ir andando a los sitios y procuraba moverme lo mínimo para no gastar dinero. Era un poco angustioso, porque en ciudad como Madrid, aunque no sea tan grande como Bogotá, siempre que tenía que ir a algún lado, pensaba en cómo evitarlo o aprovechar al máximo los viajes. Al final, te quedas en casa por no gastar y le empiezas a dar vueltas a las cosas. Y eso es malo, muy malo.

Ya llevo una temporada larga con mi abonotransporte mensual. Tengo mi tarjeta nueva para por lo menos un par de meses, mientras realizo un curso en la Escuela Diplomática. Me sirve para quedar con la gente, pasearme por Madrid, ir a exposiciones o lo que toque. Me da una sensación de libertad infinita. Unos tienen el coche para ir de un lado a otro y yo tengo algo más asequible, mi nueva tarjeta. Aunque siempre guardaré con mucho cariño mi viejo abonotransporte.

Abonotransporte

En Twitter: @Jarnavic

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