Parsimonia

Publicado el Jarne

Aquel Madrid que no vivimos (I)

Aquel Madrid no había dejado de ser esa urbe gris y sucia que se veía en Luci, Pepi, Bom y otras chicas del montón que había rodado Almodóvar en 1980. Madrid seguía siendo ese rompeolas de todas las Españas, más de unas que de otras, siempre funcionarial y todavía centralista. Esa ciudad invible pero insustituible que diría Sabina en el disco La Mandrágora y que describiría en Pongamos que habló de Madrid. Pero en esa misma película, la juventud madrileña empezaba a divertirse después de los años de blanco y negro del NO-DO.

La ciudad se puso de moda y, por una vez, parecía que escribir en Madrid no era llorar como decía Larra. Aunque la verdad es que escribir no se escribió, o por lo menos no perduró ni estuvo a la altura de la Barcelona de los 70; poco más allá de La luna de Madrid. Eso sí, se cantó, a veces sin tino, se disfrutó y se recuperó el tiempo perdido durante la dictadura para divertirse, hubo un cambio crucial en las costumbres sociales de los españoles y las artes plásticas tuvieron una época dorada con la comedia madrileña y sus pintores. No es un mal balance para los tiempos que corren.

Pero para disfrutar la libertad primero había que conquistarla. Y no fue fácil. Primero en el Tardofranquismo y después en la Transición. Con un proceso entre ruptura y reforma que acabó en una reforma profunda.

La izquierda llega al poder

Una vez que se asentaba la democracia, se envió el antifranquismo al vertedero de la historia. Nuevos aires, nuevos tiempos. Primero, al partido había sido el principal baluarte en la lucha contra la dictadura: el Partido Comunista de España. El PCE fue el partido de izquierdas del antifranquismo y durante mucho tiempo todo el antifranquismo, salvo grupúsculos que surgirían con fuerza a partir de los años 60 como el FELIPE o la ORT.

Pese a su glorioso pasado de lucha y resistencia, el PCE no era el partido para la joven democracia española. Pesaban los años y el PCE fue incapaz de modernizarse. Lo intentó con el Eurocomunismo, pero la cosa no salió bien. Con la llegada de la democracia, llegaron las elecciones. Los comunistas se enfrentaron a un rival más débil en apariencia que el Franquismo, pero que acabó siendo más letal: las urnas. Tuvo muy malos resultados en las elecciones constituyentes y en las que vinieron después, cuando el PSOE lo fagocitó. Después vendrían varias crisis y no sería hasta el nacimiento de Izquierda Unida, a raíz del referéndum de la OTAN, cuando comenzara a levantar cabeza de nuevo.

El principal partido de la izquierda española iba a ser el Partido Socialista Obrero Español (PSOE). Desaparecido durante todo el Franquismo excepto en algunos núcleos históricos donde mantuvo cierta actividad, el PSOE volvería a ser el partido de izquierdas de referencia que había sido hasta los años 30. Había comenzado un proceso de fuerte renovación desde el Congreso de Suresnnes en 1974. En esta localidad del sur francesa, abandonó el marxismo y una nueva generación de políticos provenientes del interior frente a los exiliados se hicieron con el aparato del poder.

Comandados por el Clan de la tortilla aunque comieran naranjas y con el apoyo de los partidos socialdemócratas europeos, los socialistas tenían un líder fuerte, Felipe González y una mano derecha, Alfonso Guerra, que serían imbatibles durante más de 10 años elección tras elección gracias a su conexión con las clases medias y el discurso de renovación y modernización que hicieron los socialistas. En el 82 ganan las elecciones por mayoria absoluta y un año antes fracasa la última gran intentona golpista de los militares. Hay alternancia en el poder; la democracia se consolida.

 Pero unos años antes el PSOE alcanzaría las grandes alcaldías con apoyo de los comunistas en 1979, en lo que sería una reedición del Frente Popular. En esas elecciones sería elegido alcalde Madrid Tierno Galván con el apoyo del PCE. Cuatro años después, en el 83, los socialistas barrerían y se harían con la alcaldía en solitario gracias a la gestión de Tierno y los ecos de la victoria abrumadora de los socialistas en las generales de 1982.

Un alcalde para la Movida

¿Quién era Tierno? Enrique Tierno Galván, también apodado cariñosamente El Viejo Profesor fue alcalde de Madrid desde el 79 hasta su muerte en 1986. Desde la Universidad de Salamanca, fue uno de los profesores que se rebelaron en las primeras revueltas universitarias. Formó su propio partido político durante la Transicion y más tarde se incorporó al PSOE, como un verso suelto que todavía se declaraba marxista. Algo que Reagan no perdonó en su visita del 79, cuando decidió no ir a un acto protocolario en el ayuntamiento de Madrid y que repitió en su visita  del 85.

Tierno ha pasado a la historia como un alcalde mítico. Populista, dotado de un gran sentido del humor que dejaba trufado en sus famosos bandos municipales, Tierno acabó con el scalextric de Atocha -una mole de cemento y hormigón-, promovío la Movida regándola con abundante dinero y dejó paso a las nuevas generaciones al grito: «El que no esté colocado, que se coloque y al loro». Acabó con el chabolismo que existía desde los años 60 en algunas partes de Madrid como Vallecas o Villaverde y recuperó algunos espacios de la ciudad como el parque del Retiro o el entorno del río Manzanares.

No siempre con igual fortuna: cuando recuperó el Manzanares, llevó también patos.  A los madrileños les gustó la ribera del río, pero más los patos porque los cazaron y se los comieron. Por eso en la canción Así estoy yo sin ti de Sabina, que es de esa época,  comienza con un Sólo como un pato en el Manzanares.

Cuando murió, se le hizo un entierro al que acudieron miles de personas con carruaje digno de un Jefe de Estado. Con él se perdió una parte importante de la ciudad y de los madrileños. Quizás un poco como ocurre en la novela La ciudad de los prodigios de Eduardo Mendoza cuando muere Onofre Bouvila en Barcelona. Con Bouvila, que muere en 1929 coincidiendo con la segunda Exposición Universal que acoge la ciudad condal, se va un parte importante de la ciudad. Lo mismo ocurre con Tierno y Madrid.

 Madrid toma el relevo a Barcelona

¿Y qué promovió Tierno desde el ayuntamiento? Tierno dejó paso a los que venían y subvencionó a nueva ola de jóvenes que se movía por aquel entonces. Influenciados por el punk, el rock y la new wave, Madrid era un hervidero de tribús urbanas. Los mods estaban de nuevo de moda gracias a la película Quadrophenia y recalaban en Lavapíes. Había rockers como Loquillo y artistas inclasificables como Alaska. Una ciudad de pelos de colores y pantalones de cuero que contaba Miguel Ríos en su canción Madrid 1983 o en la última estrofa de La puerta de Álcala.

 Los viejos cantautores quedaron apartados mientras que los nuevos aires que llegaban de Europa y de Estados Unidos iban alcanzando a una nueva generación. Las noches de Santa Bárbara, Oliver y Boccacio continuarán, pero La Movida pone de moda Malasaña y como templo moderno, Rockola. Mayo del 68 queda lejos y el concierto de Raimon en la Complutense es ya parte de la historia y de la vida de una generación anterior.  Los viejos cantautores quedaron anticuados. Había pasado el tiempo de cantar frente a la dictadura, los poetas del pop revindicaban su sitio. Algunos se supieron reinventar como Sabina y otros como Serrat estaban por encima del bien y el mal. Aun así, no era su hora, era la hora de otros.

De alguna forma, el Madrid de los 80 tomó el relevo en cultural a Barcelona, que languidecía después de la Gauche divine. Bien es verdad que el nivel cultural de aquella Barcelona no se puede comparar con la Movida Madrileña, que fue de clase media y más popular. Tenía un caché difícil de superar. De la Barcelona de los 70 surgieron grandes literatos y editores como Montalbán, Herralde, Goytisolo y Tusquets arquitectos como Bofill, cantantes como Motta y Serrat o fotógrafos como Maspons y Colita. También recalaron en Barcelona sudamericanos como Gabo o Vargas Llosa. No sería hasta los Juegos Olímpicos del 92 cuando la ciudad condal volvería a estar en la cresta de la ola.  En los 80, era el momento de Madrid; aunque esto queda para otra entrada.

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