Lloronas de abril

Publicado el Lloronas de abril

Volver al refugio

Por: Adriana Patricia Giraldo Duarte

Volver al refugio es olvidarse de los delirios ajenos, aplazar las obsesiones propias, verse al espejo con la cara limpia en la mañana y dar el primer paso sin la presión del tic-tac del reloj.

Amar otra vez la insólita pausa, sin preguntarse, sin calcular las respuestas; comer despacio, encender una vela, jugar al ocio de la trampa de las redes y burlarse sanamente de la lista de comentarios y conjeturas de los demás.

Apagar la indecisión, botar al abismo aquella palabra a la que temíamos, resistir, escribir en la primera página de la libreta que cargamos en el bolso, solo para emergencias, intentar dibujar de nuevo el recuerdo de su nombre y su mirada de despedida.

Descansar más temprano que de costumbre, entender el lenguaje del gato que sube por las repisas, despedir el fatalismo y saborear la novedad de despertarse a la madrugada.

Comprobar la fuerza de los milagros, calcular qué tanto avanza el barquito en el que va tu hermano a misión médica, comprometer la lectura nocturna del cuento aplazado que te recomendó un amigo.

Anhelar el instante en que podamos abrir la puerta para ver la película juntos, comprender que la inteligencia es asumir que no hay víctimas, ni enemigos, sino tiempos y aprendizajes. Que es en soledad cuando el mundo nos recuerda qué somos, y en la foto del periódico, cómo y cuándo sentimos la fuerza de nuestras oportunidades.

Volver al refugio es sorprenderse, reincidir en las palabras, las de luz y oscuridad, llorar por respeto a lo sagrado y entender, que ahí en la fragilidad para que la creíamos no estar preparados, es el lugar secreto donde vive la fe.

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