Todas hemos sentido algo de esa pesadez. Los movimientos en los que no hay placer, ni lucidez, sino una herida abierta y una daga afilada, rígida, empuñada, pronunciada, que te quema.
Todas hemos sentido algo de esa pesadez. Los movimientos en los que no hay placer, ni lucidez, sino una herida abierta y una daga afilada, rígida, empuñada, pronunciada, que te quema.

Para @laboticadehada
Imagino, Isabel, cómo se congela la flor roja que te pega a la vida. Creo que alcanzo a sentir solo un poco de ese agarrotamiento.
A las mujeres nos dieron el mismo molde, pero no las mismas seguridades.
Imagino también lo desesperada que estás por encontrar una explicación final.
Todas hemos sentido algo de esa pesadez. Los movimientos en los que no hay placer, ni lucidez, sino una herida abierta y una daga afilada, rígida, empuñada, pronunciada, que te quema.
Hemos sentido una pizca de ese dolor, Isabel. Solo una pizca, si lo comparamos con lo que describes.
Algunas han sido más conscientes y nos explican, nos animan y nos rodean.
Cada ciclo rojo nos recuerda el privilegio de estar en el mundo. Vivas, algunas veces con dosis pequeñas de ánimos matutinos, recordándonos, en extrema realidad, que los logros no tienen techo.
Aun así, las mujeres estamos hechas para no apagarnos, para trascender, para explorar y respirar la luz que hay detrás de cada pérdida.
Nos explicaron que adentro hay círculos diminutos que se mueven sin pedir permiso. En cavidades que lo llenan todo, y que luego se vacían, dejándonos una sensación de muerte con un anuncio misterioso sobre el futuro.
Pero tu fuerza está en lo que escribes, Isabel. En los días donde percibes belleza, aún en lo inacabado.
Tu magia está en la honestidad con la que rayas letras, en cómo logras entender un cautiverio que pasará, porque nada hay más grande que tú misma. La mujer que se ve con otro sentido, que entiende la desnudez y proyecta el futuro, a pesar de las cosas que perdió.
La maravilla de tu vitalidad, tan femenina y propia, es que nos invitas, a mirar obligadamente la liberación de nuestras propias decisiones.
Y claro que somos compasivas frente a tu sentir, cuando dices que mueres de tristeza y cansancio. Tratamos de entenderte.
Pero si vuelves a pasar por tus líneas de hada, vas a sentir el pálpito de una vida que te ha hecho más consciente, menos tortuosa, más necesaria para ti misma.
Has visto los verdaderos hilos que sostienen los amores valientes, y eso es una lección que nos habla de resistencia, de transformación, de cómo las mujeres podemos crecer, confiar, atendernos a tiempo, sin ignorarnos, y vernos de inmediato, sin destruirnos.
En tus letras hay un mensaje claro para las demás, porque procuraste “quedarte con el dolor, aunque el dolor venga; quedarte con la desesperación, aunque la desesperación venga; fluir con lo que va sucediendo”.
Confía, hada, en la energía sutil y poderosa que te sostiene, que nos sostiene, porque en esa flor roja está tu vida, se abre camino nuestra verdadera vida.
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