Lloronas de abril

Publicado el Lloronas de abril

Las señales de la madurez

 

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Adriana Patricia Giraldo Duarte.

En la ausencia de tus señales, obligadamente tengo que respirar lento y mirarme al espejo.

Vuelvo a darme cuenta de que es el tiempo de mi propia vida. La que me acerca a la defensa de un amor puro, comprometido, eterno en la entrega, un acto de fe que lucha con las convenciones del mundo cuando dicen que nada es para siempre, que todo termina por ir de prisa a un abismo arrogante de contaminaciones.

Que lucha con esos momentos de enfrentar la muerte del olvido.  De dejarse ganar de los fantasmas de vidas que no nos pertenecen, que imponen la condena de los juegos de palabras que hemos evitado.

Estoy a punto de regalarte un nuevo año de vida.  Son evidentes las señales de la madurez, sobre todo en un cuerpo que ha avanzado por la vida para criar dos hijos.

Dos hijos a los que animo a evitar los trastornos, los dolores, los pesares, los ánimos decaídos.  A los que invito a la primavera, lejos de las señales de las renuncias.  Seres que me han visto crecer en la sincera mención de los afectos, en la única cara amable que quiero mostrarles: la de mi genio controlado y mi docilidad.

Sin embargo, no puedo fingir que vivo lejos del miedo.  Bombea taquicardias cuando no estás de mi lado. Me trae esa voz oculta que me indica que puedo ser una mujer racional y desapegada de la fe.  Que la vida debería ser igual al observarme desde arriba, en la cama, esperando dormir luego de superar mis dolores.

Sé que puedo ser vehemente en mis cuestionamientos,  viajar con nuevos niveles de compresión.  Pero allá adentro de todo, espero que entiendas que hace rato decidí amarte en la locura de la clarividencia de mi corazón, en la igualdad creciente que podemos armar superando cualquier tipo de diagnóstico.

En la ausencia de tu voz sanadora, obligadamente tengo que respirar lento y mirarme al espejo.  Aunque duela esta espera en la que solo tú entiendas que conmigo puedes actuar sin distanciamiento, consciente de que podemos recorrer la mista ruta, dando todo a cambio, sin dejar que los egoísmos nos lleven al agujero del olvido.

Vuelvo al espejo. Confío, aunque haya episodios en los que me gane el desconcierto.

 

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