Lloronas de abril

Publicado el Adriana Patricia Giraldo Duarte

La verdad de lo que somos

Por: Adriana Patricia Giraldo Duarte

Nadie puede incendiarnos los ánimos al darnos los abrazos pendientes.

Ni a ti, que nos sobrevuelas para darte cuenta de lo que verdaderamente sentimos, mientras consuelas ese deseo de una segunda oportunidad.

La aplazamos. Nos quedamos de este lado del mar, abrazando como Luna, al desprotegido que solo llora el desconsuelo de no tener futuro.

Parece que se quedó todo a medias, atenuando las ganas de viajar, de empacar o desempacar esa maleta de sueños.

Y además de los abrazos solidarios, hemos visto aquellos en los que triunfa el bien.

El de la novia esperanzada en su beso de matrimonio, y a la espera de un respiro que le de fuerza al porvenir.

El de los hijos sanando lo que no dijeron a tiempo, porque siempre quisieron asomarse a su madre, y respaldarla y subirla en el podio de la verdad, tan lejos del padre que ahora llora no haber hecho lo mismo.

El de los niños sedientos que se tiraron del barco para ver el ángel de la guarda.

El de la luz perpetua, que se persigue en una conexión de zoom, para confirmar que todos éramos los amigos de la misma caravana.

El que se da luego de la lectura del libro preferido, en el que lloramos dos veces con la misma historia de amor.

Nadie puede incendiarnos los ánimos. Ni la voz que nos une al espíritu, ni la fuerza, el impulso, el motor de esa pequeña conexión que nos mantiene a salvo.

Vamos de paso, analizando este camino. Y respiramos, y nos damos cuenta de que sí podemos transformar con la generosidad, en la permanencia del tiempo, en la complicidad necesaria, en la imagen de mañana que desde ya celebramos juntos, porque contiene el valor y la verdad de lo que somos.

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