Lloronas de abril

Publicado el Lloronas de abril

La nueva piel

Por: Adriana Patricia Giraldo Duarte

Vamos aprendiendo, a veces con dolor, que no somos las mismas.

Vivimos episodios para comprobar, inconscientemente, la existencia de algunas estaciones del destino.

Cada mañana nos enfrentamos a los ojos del pasado. Los retamos, con un par de lágrimas, como si no nos perteneciéramos; respiramos, anhelamos que volviera ese último suspiro, y nos laceramos un poco sintiendo que los demás fueron más culpables que nosotras.

Rumiamos errores y los compartimos con ellas, como para no sentir la carga implacable del tiempo. En la espera de la libertad fuimos tan duras con nosotras mismas, pese a que centramos la intuición en la próxima pisada del camino, y funcionamos con su luz, con un escaso tiempo para pensar.

Allá donde palpitaba la verdad, nos llenamos de miedo, y no la perseguimos, y nos cansamos de ver la cara de sorpresa de las amigas, y nos ganaron las atrocidades que presenciamos, y finalmente, no dijimos nada.

Nos creímos valientes, cuando en realidad fuimos las más cobardes, las incapaces de levantar la voz porque nos acomodamos al último deseo de los poderosos, y fuimos complacientes, implacables, absurdamente cotidianas.

De repente cambió el sol. Se arrimó a nuestras horas, zarandeó la rutina y convirtió la nostalgia en esperanza.

De repente cambió el sol. Dejamos atrás el instante en el que fuimos otra mujer, la que quemó la piel y motivó un nuevo despertar.

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