Lloronas de abril

Publicado el Lloronas de abril

La caja privada del amor

 

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Adriana Patricia Giraldo Duarte

Merodearon y pasaron el día a día, de muchos días, recordándome que todos éramos enemigos potenciales.

Yo también me cansé de que me dijeran que hasta mi sombra se había convertido en una desconocida, y que era mejor levantarse y dejar la ensoñación que a todos les parecía un vínculo raro, una enfermedad, un delirio.

Llegué a creer que la estrechez de su mundo mental podía contaminarme y que de nada valían los esfuerzos privados en nombre de la fe y la rectitud.

Claro que lloré.  Los demonios fueron mil veces mayores.  Una especie de bombeo que crecía para aumentar mis miedos y renuncias.

En la noche, me olvidaba de los indeseables.  Al despertar, repetía sobre el cansancio que había pasado un tiempo más y que en el futuro volvería a sentir el pálpito sano de la primavera.

Y ahí, en medio de la confusión tú fuiste mi mayor tesoro, mi perfecto encuentro, mi verdad descubierta.

Desde que entraste en mi vida acogí la sana costumbre de cerrar los ojos y abrazarme al deseo de que no desaparezcas más nunca de mi vida, uniendo sabiamente este propósito, al vínculo materno que rechaza la desesperanza y evita los hábitos del dolor.

Crecí.  Superé a los innombrables.  Bendigo aún su credo porque fortalecieron las venas por las que corre mi amor.

Me hallé en tus ojos, en tu sonrisa perdida tantos años de nuestro tiempo eterno.

Hoy, me refugio en lo único posible, que es la pureza de tu amor finito, en el abrazo que nos hace inmortales cada mañana y cada noche.

Merodean sin rumbo para decirme que también en el amor íbamos a ser enemigos.

Y yo alzo mi mirada con fervor y les digo: ganamos, ganamos el tesoro de la vida que nos trae muchos nuevos días para recorrer y guardar en nuestra caja privada de recuerdos.

 

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