Lloronas de abril

Publicado el Lloronas de abril

En cualquier mañana

 

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Adriana Patricia Giraldo Duarte

Se me iba olvidando a qué huele la lluvia.

Venía sin tener cerca de mí las pausas necesarias, las de siempre, las que me pertenecían, las que me invitaban a diario a respirar tras ver las gotas en la ventana, y pensar en lo mojado que deberían estar las almas de quienes corren por la vida al mismo ritmo.

Me dijeron que ese agite frenético era necesario. Que la tranquilidad de escribir sin ataduras no dejaba sino problemas, y casi que me prohibieron escuchar música a primera hora, antes de abrazar el amor.

Y algo vino a recordarme que merecía despertarme sin programar alarmas y dejar que la luz fuera el bálsamo del día.  Poner de lado el reloj y concentrarme en entregar mis dones sin el peso de las rutinas que todos consideraban normales.

Masticar, volver a sentir el agua en la cara y dejar que los minutos se diluyan en los tonos de la radio, abandonar el maquillaje y vestirse sin correas ni tacones.

Pensar primero en mi para dar lo mejor a los chicos, al novio eterno que me espera en las noches, y me abraza sin límite de tiempo y espacio, con el molde perfecto para los sueños que están por venir.

Leer por placer, teclear solo cuando quiero, buscar los datos de la siguiente historia y sonreír. Dejar atrás los afanes y entender al paso todos sus aprendizajes.  Entender que el odio  no es una opción y tener la certeza de caminar en la vía correcta.

Se me iba olvidando a qué huele la lluvia. Y volviste a ser esencia, regalo, vida, pasión, en cualquier madrugada, en cualquier mañana.

 

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