Lloronas de abril

Publicado el Lloronas de abril

El día que decidí no ser llorona

 

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Ya venía pensando que eso de ser llorona no era para mí.

Me había pasado la vida entre dolores inventados y poesías sobre la cuales decía con arraigo, me llegaron al alma. Me la había pasado diciendo que de alguna manera mis lágrimas no podían ser el único medio de sacar tanto sentimiento infantil, inventado o irracional, así que decidí no ser llorona.

A veces el universo tiene maneras particulares de decirnos cosas.  O será una burla a un destino que ya está marcado?

Ese día y los siguientes el cielo lloro por mí.  Era verano, un supuesto verano donde el llanto del cielo no se esperaba, y yo, con cierta compinchería pensaba que esas gotas que caían eran justo las que me faltaba derramar para continuar con mi decisión.

Sin embargo, algo por dentro empujaba como una bola de pelos de un gato, esa necesidad irremediable de sacar a relucir lo que bien había hecho toda mi vida.  Pero yo, valientemente respiraba.  Profunda y calladamente hasta lograr seguir sin una sola lágrima.

Decidí ir caminando por los laberintos misteriosos de mi corazón, y ahí solo pude delatarme, irrumpiendo en sus cavernas y mirando sin poder parpadear por lo que iba descubriendo.

Comencé a escribir hace mucho y a dibujar hace menos.  Nada se comparaba con una buena lágrima con sabor de dulce desengaño, con sabor a amarga traición. Nada era comparable con esas gotas salidas de mis lacrimales cuando estaba tan feliz.

Era irremediable el hecho de ser una llorona casi abnegada, sin decisión, así mi naturaleza habló y sin poder resistir un instante más, regresé a ser lo que por derecho propio me pertenecía.

Tuve que reconocer que soy llorona, tuve que seguir llorando, y además, tuve sin contemplaciones, que reconocer mi don de convertir en lloronas a los demás.

 

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