Lloronas de abril

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Desalojo/despojo

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Por: Federico Acevedo Ramírez*

Érase una vez un país cuyo campo estaba en guerra y las migraciones eran pan de cada día. Los campesinos llegaban a habitar los cordones de miseria de las grandes ciudades y a constituir los famosos y vapuleados asentamientos “ilegales”. Todo por no morir en una guerra ajena, como tantos otros.

Hace ya 40 años que un grupo grande de ellos llegó a asentarse a orillas de un gran río en los extramuros de una gran ciudad. La autoridad fue complaciente y transigió en dejarles allí. Incluso, les recomendó el cuidado de los árboles y del hábitat en general. Ellos cumplieron a cabalidad. Varias familias llegaron después, provenientes del campo, algunos, y otros, de otras partes míseras de la ciudad.

Allí las casas no eran de esterilla sino de ladrillo y cemento. Allí no se morían de hambre: había gallinas, marranos, tenían cultivos, pagaban servicios y hasta daban empleo. Eran la envidia de los demás desdichados.

Pero un día les cayó la plaga: debían desalojar. El asentamiento estaba muy cerca al río y corrían el riesgo de ser arrastrados por las aguas.  Una misión de otro país, uno muy lejano y que funciona bien, vino a examinar el caso y dictaminó que no todas las familias estaban en riesgo. Además afirmó que la tecnología permitía mitigar los riesgos. Pero se requería inversión. Se requería de voluntad. Fue justo lo que no hubo. Había intereses de otra índole, de los que pesan más.

Ya el terreno se le había prometido a alguien para que hiciera negocios. El desarrollo llegaría a la vuelta de la esquina, como efectivamente llegó.  La comunidad fue desalojada y se les entregó en recompensa una caja de cerillas a cada familia para que pudiera vivir; hechas de placas prefabricadas. Ahora no solo viven en un lugar más indigno, sino que se les truncó su modo de subsistencia. Ahora salen a rogar trabajo y son iguales de desdichados que los otros desdichados que antes los miraban con envidia.

*Historia de ficción inspirada en testimonios reales.

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