Lloronas de abril

Publicado el Lloronas de abril

Carta para mamás postmodernas

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Por: Adriana Patricia Giraldo Duarte

Querida mamá:

Nuestras hijas nacieron en la primavera de la postmodernidad. No van a hacer listas de pendientes, ni se van a escudar en los conceptos porque tienen menos miedo de asumir la vida.

Andan ocupadas en construir su futuro.  Las piezas del rompecabezas, los silencios de los demás, las explicaciones ajustadas a otros criterios, las reciben con beneficio de inventario y no como una cuenta final con dos columnas resaltadas en rojo.

Como nos han visto llorar y deponer el dolor, tienen la capacidad de medir la bondad y evaluar la fuerza curativa de la compasión.  Caminan con la seguridad que palpita en su hipotálamo, porque de la mano de seres sensibles, han copiado la mejor parte de la canción.

Conectaron los vestigios de sus primeras sensaciones, con una palabra mágica pronunciada a tiempo y con la enseñanza maravillosa de una respiración pausada, con una carcajada cómplice, cuando el más desalmado de los humanos pretendió arrebatarles la lógica formada en el chacra equivocado.

Las cicatrices parecen no importarles.  Son recias y críticas, más no esclavas sumisas de intromisiones ajenas.

Armonizan nuestras marcas, porque se las mostramos sin culpas.  Fueron capaces de devolverles la energía, incluso cuando el ciclo de la felicidad parecía fenecer en equivocadas elecciones.

Tienen en sus párpados el secreto de la resurrección, marcado con rótulos de un único significado: un nombre que está lejos de caer en las trampas que a veces queremos evitarles.

Nos vieron en blanco y negro; desnudas; con maquillaje y sin color, a la madrugada; superiores en el universo de los tacones, y también atadas al centro de la tierra con la fuerza de los pies descalzos.  Se transformaron a nuestro lado porque vieron el rostro de la tristeza, mientras jugaron en medio de la magia creativa de la feminidad.

Su voluptuosidad es mental; en la transparencia está la única opción; y la lealtad es el gen natural que las cobija.

No te afanes por corregirla. Disfruta que la evidencia de su carácter permea su luminosa sonrisa. Celebra que la piel de sus ojos es y será en ella la marca de afecto que la hace exclusiva.

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