Lloronas de abril

Publicado el Lloronas de abril

Aprender de las batallas

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Por: Andrey Gutiérrez

He aprendido a estirar mi mano cuando creo que puedo hacerlo.  Aprendí a guardarla cuando supe que era inútil sostenerla en el aire esperando nada.

El tiempo no ha terminado de pulirme, solo me ha enseñado a mirar en retrospectiva y a ir eliminando algunas bacterias emocionales que en nada me ayudaron. Aprendí que quiero cambiar porque sé que puedo dar lo mejor de mi a quien quiera recibirlo.

De nada me sirvió ser hermético y jugar a ser de acero. He aprendido a dar rienda suelta a mi sentir y a liberar cada pensamiento y cada sensación que emana del corazón. A admitir mis equivocaciones y a pedir perdón por ellas.

Aprendí a tener fe en situaciones y esa misma enseñanza me ha mostrado el camino que he de seguir. Aprendí que hay personas que amo y quiero a mi lado, pero aprendí cuando no quepo en su vida y levantar mi vuelo y continuar.

Aprendí que aunque las cosas no van siempre en sintonía con lo que quiero, las situaciones adversas pueden cambiar. Que la amargura de mi corazón puede ser transformada si clamo al divino creador; que perdemos mucho por miedos que arrastramos como pesadas cadenas.

Aprendí que si quiero cambiar puedo hacerlo, que cada día que alimento mi mente con pensamientos derrotistas otros gozan, que si uso la tecnología para cosas indebidas, solo me engaño y lacero mi alma.

Aprendí que la vida es un libro complejo de leer, en la medida que yo lo haga complejo. Que aceptar un error y manifestar un sentimiento no es señal de debilidad, porque nada demanda tanta fuerza desde el interior que gritar me equivoqué…te quiero y contigo quiero pasar mis días.

Aprendí que ser orgulloso a nada me lleva. Que solo lo que vale la pena duele tan hondo en el pecho y que se convierte en un dolor indescriptible. Aprendí a dejar todo lo que puedo dar en el campo de batalla entendiendo que solo hasta ahí puedo hacer.

Aprendí que si algo me interesa, lucho. Aprendí a deponer mis armas y retirarme si así me toca. Aprendí que cuando se quiere cualquier cosa se puede, que cada día debo aprender más por ser mejor.

Aprendí que son mis hijos mi fuerza y mi motor, que sin ellos tal vez ya hubiese caído.

Aprendí que solo en la oscuridad de la adversidad se sabe con quien cuentas, generalmente los cuentas con menos de 4 o 5 dedos. Que aprender duele en ocasiones, pero también aprendí, que debo seguir aprendiendo.

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