Lloronas de abril

Publicado el Adriana Patricia Giraldo Duarte

Acercarse a la ventana

Por: Adriana Patricia Giraldo Duarte

Seguimos remando del lado que nos aleja del miedo.  Somos capaces de subir al atril para despedirnos, con la frente en alto, con la posibilidad de mirarnos a los ojos, diciendo que podemos deambular, a ratos, sin perder nunca el norte.

Lloramos tantas veces antes de agradecer, porque somos producto del sano orgullo, de una memoria usada como rompecabezas, del precio de recomponer, respirar, fortalecernos y vivir.

No importan las corrientes turbias. Pasan los minutos y nos sabemos privilegiadas.  Podemos asumir el error y trabajar con una nueva perspectiva, sin ocultar la debilidad, trayendo de vuelta la esperanza.

Por fortuna nos tenemos, en soledad, en llanto, en comunión con un código que rara vez explicamos, pero que ha hecho parte de nuestras felicidades, y a veces, de las pequeñas miserias que vivimos.

Podemos hablarnos a distancia, percibir que necesitamos ayuda y salir al rescate, aparecer oportunamente para que las otras descarguen su curiosidad, sus preguntas sin sospecha, las dudas compartidas, una que otra discusión previa al inevitable juicio, las respuestas que refuerzan el eco del instinto.

Vinimos a aprender en compañía, con sinceridad, lejos del ego ansioso que hace perder las prioridades. A conectarnos cuando la vida nos devuelve en forma de aceleraciones en el pecho, el penúltimo cuestionamiento que nos hicimos antes de tomar la decisión.

Por fortuna estamos para las demás, y en una cercanía que honra la fuerza verdadera de la femininidad.

El paso de los años nos dice que podemos acercarnos a la ventana para ver llover, para que el tiempo migre y atraviese nuestros dolores, y nos llene de luz, de sobrevivencias mutuas que nos liberen al fin del abandono y nos muestren la luz, el hallazgo definitivo de nuestra propia voluntad.

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