Volar el río” es el título de la exposición que Sair García inaugura el 5 de octubre en Medellín en la galería Duque Arango, y en la que presenta una década de trabajo dedicada al río Magdalena y a sus escenarios llenos de belleza y muerte.

La motivación de Sair García para estudiar Bellas Artes fue dejar memoria, a través del arte, de la barbarie que padeció la zona en la que creció.

Tras su paso por las aulas de la Universidad Nacional de Colombia sus preguntas se transformaron en apuestas plásticas que encontraron en el petróleo, madera, acero y óleo su medio de expresión. Su premisa principal fue la memoria, abordando estos flagelos con respeto tanto formal como conceptual, hacia quienes lamentablemente forman parte del creciente colectivo de víctimas de la violencia del país.

Tras un trabajo de 10 años, el artista inaugura “Volar el río”, exposición que es presentada como el cierre de “Magdalena”, la serie pictórica de mayor alcance y duración de García.

“Es un homenaje no solo a las víctimas, que son muchísimas, sino a la resistencia y resiliencia de las poblaciones tanto ribereñas como a la colombiana en general, que, a pesar de caer mil veces, vuelve y se levanta, y pesca, y siembra, y pare hijos, en un pleno acto de fe por este pedazo de tierra tan maltratado y herido.  Por su parte, Magdalena es una catarsis de toda una vida de sucesos, recuerdos, añoranzas, dolores, lutos, duelos y muchas alegrías, no solo míos sino de otros, resultó ser una autobiografía de mis vivencias y el resumen del sentir de una gran nación y de un conglomerado de pueblos y culturas que quisimos hablar y nunca fuimos escuchados, ante las barbaries, el atropello, asesinatos con el silencio y la indiferencia”, dice el artista.

Instalación Magdalena de Sair García.
Instalación “Magdalena” de Sair García.

En “Volar el río” también se puede apreciar también la primera exhibición pública de dos series que vienen consolidándose desde el año 2020.

Se trata de “República”, un proyecto escultórico que retoma el elemento de la platanera que tradicionalmente ha sido asociada a nociones como tercer mundo, violencia y monopolio, para reivindicarla como símbolo no solo de identidad colectiva sino de resistencia; y “Funerales celestes”, que presenta a su vez una instalación de 500 chulos o gallinazos elaborados en una aleación de metal; en ella, la bandada de aves se halla suspendida a pleno vuelo. Aquellos animales considerados de mal agüero ofrecen la posibilidad de repensar no solo dicha idea, sino también los rituales que han enmarcado la muerte en culturas que lejos de considerar esta ave como un mal presagio, la ven como el vehículo para alcanzar el cielo.

Eduardo Serrano, curador de “Volar el río”, comenta “García ha logrado transmitir artísticamente la esencia, el carácter de la Nueva Venecia, mezcla de tragedia y poesía, de dolor y resiliencia, enmarcados en un atractivo paisaje donde la naturaleza ha sido generosa y le ha conferido una importancia ecológica reconocida.  Esta serie sobre el Magdalena ha cumplido fielmente su propósito como arte, puesto que en su desarrollo ha consolidado un lenguaje singular y efectivo para transmitir dolores y esperanzas, hechos y circunstancias que sería difícil comunicar con palabras”.

Escultura República de Sair García.
Escultura “República” de Sair García.

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