Ser pragmáticos no equivale a ser moralmente inertes–por el contrario, el pragmatismo es en sí mismo una postura moral.
Ser pragmáticos no equivale a ser moralmente inertes–por el contrario, el pragmatismo es en sí mismo una postura moral.

Consideren el siguiente párrafo:
En el capítulo 12 de mi libro reciente La ruta del pragmatismo me pregunto si una cierta hipertrofia del sentido moral nos está volviendo incapaces de afrontar y solucionar problemas prácticos. No porque la moral no sea importante ni tenga lugar, sino porque cuando excede sus confines y crece más allá de lo debido (hipertrofia), desplaza o asfixia nuestra capacidad de resolver problemas.
La cita proviene de una ya no tan reciente entrada del blog que publica Andrés Mejía Vergnaud en Substack, y que puede checar aquí.
Me parece un ejercicio instructivo detenernos en el pensamiento principal del fragmento anterior. Es éste: en Colombia existe una cierta hipertrofia del sentido moral. Puesto de otro modo: el sentido moral de los colombianos está algo sobredimensionado, desproporcionado, fuera de su justa medida.
Esta proposición no es intuitiva: ¿Colombia, un país con un sentido moral demasiado desarrollado (de alguna forma o en algún sentido)? ¿Una nación que en 2024 tuvo más o menos 13.917 homicidios, i.e., alrededor de 25.4 homicidios por cada 100.000 habitantes? Para efectos de contraste, piensen en Francia, donde ocurrieron 897 homicidios, i.e., más o menos 1.3 homicidios por cada 100.000 habitantes en 2024. Uno tendería a pensar que existe en principio una relación inversa entre la robustez del sentido moral de una población y la tasa de homicidios de esa población. Si esta intuición es correcta, nuestros cruentos números parecen bastar para refutar la tesis de Vergnaud.
Esto no es lo único que no huele muy bien en las ideas que defiende Vergnaud. Hay, creo, problemas todavía más graves; más filosóficos, pues. Porque si en Colombia o donde sea el sentido moral puede exceder sus justas proporciones, entonces cabe preguntarse cuáles son los límites en los que debe mantenerse ese sentido. ¿Cuál es el peso exacto que una persona debe atribuirle a sus principios morales en su proceso de toma de decisiones?
Quiero llamar su atención sobre el hecho de que esta pregunta supone que somos más o menos libres de atribuirle una mayor o menor importancia a nuestros escrúpulos morales, y que, al menos en algunas circunstancias apremiantes, es posible que lleguemos a otorgarles un valor nulo. Quizá existen casos extraordinarios, pensamos, que nos exigen mantener cualquier tipo de evaluación moral al margen de nuestra deliberación práctica. Pero esta imagen del razonamiento moral de las personas es una ilusión–una ilusión que emana de una concepción superficial de la conducta de las personas.
Actuar, o mejor, ser agentes, es una labor teleológica. Ser agentes implica la existencia de algo que creemos ser un bien y que es aquello que funge como el objeto de nuestra intención. En un eslogan, actuar es valorar.
Si esto es el caso, i.e., si toda acción intencional presupone la creencia de que algo es un bien, entonces debe ser falsa la opinión de que existen formas de deliberación práctica moralmente inertes. Todo el punto de pasar por un proceso de toma de decisiones consiste en determinar cuál, entre varios cursos de acción posibles, es el que debemos tomar, dadas nuestras preferencias o propósitos.1 Si omitimos esas preferencias, no es claro cómo podremos determinar qué curso de acción es el correcto, o el más conveniente, etc.
Por estas razones, creo que haríamos mejor si, en lugar de preguntarnos por el peso que los principios morales deben tener en el ejercicio deliberativo (público o privado), examinásemos la calidad de ese mismo ejercicio: la solidez de las razones que llevan a nuestrxs conciudadanxs a tomar tales o cuales objetos como cosas deseables o buenas, o a pensar que sus acciones son consistentes con o propiciatorias del bien que persiguen. Colombia no sufre, creo, de un sentido moral hipertrofiado o paralizante, como opina Mejía Vergnaud. Todo lo contrario. Sufre de un sentido moral desnutrido, impotente y dejado a la buena de Dios.
IG: @paterdoloroso
Los editores de los blogs son los únicos responsables por las opiniones, contenidos, y en general por todas las entradas de información que deposite en el mismo. Elespectador.com no se hará responsable de ninguna acción legal producto de un mal uso de los espacios ofrecidos. Si considera que el editor de un blog está poniendo un contenido que represente un abuso, contáctenos.