Ella es la Historia

Publicado el Milanas Baena

Scheherezade

Al sultán Shahriar no le cayó en gracia las jugarretas de su infidente esposa y mandó a ejecutarla. Hastiado de la convivencia en pareja, y rencoroso con lo tocante al género femenino, cada noche se dedicaba a amar a una de sus concubinas para luego ejecutarlas a la mañana siguiente. Por esta desventura tuvieron que pasar más de tres mil mujeres antes de que se presentara Scheherezade. Ingenua como cualquiera, pero conocedora de los hábitos del sultán, la doncella le pidió un último deseo por cumplir antes de sufrir el mismo destino de sus otras amantes. El sultán no tuvo reparo en dejar que la concubina hablara con su hermana Dunyazad, con quien ya estaba complotada para que únicamente se dedicara a escuchar la historia que tenía para narrarle. Fue así como el sultán quedaría prendado del cuento. Era tal el poder de oratoria de Scheherezade y tal su capacidad de atrapar al oyente en su discurso, que el rey le pidió ya en la madrugada que postergaran la historia para la noche siguiente, donde nuevamente la doncella volvería a deslumbrar con una fábula que parecía interminable por tratarse de muchas, y en la que los personajes a veces reaparecían después de varios meses, y en cuyos relatos el tirano Shahriar encontraría la compañía y el regocijo espiritual que andaba buscando. Scheherezade siguió encadenando noche tras noche sus historias, ingeniándoselas para distraer al sultán con el relato de una lámpara mágica que al frotarla liberaba a un genio capaz de premiar al afortunado con el cumplimiento de tres deseos, y de ladrones de caravanas que ocultaban sus riquezas en cavernas cuyas puertas de piedra se abrían al invocar ciertas palabras precisas, y el marino que circunnavegaba el mundo encarando la odisea que los océanos le tenían deparado, y palacios, conjuros y hechizos, encantamientos y toda suerte de prodigios que mantuvieron al sultán despierto y embelesado con la fuerza de la retórica. La narradora no paró de hablar durante mil noches, tiempo en el que tuvo tres hijos del sultán, y en el que aprovecharía a través de sus historias para dejarle una moraleja clara que poco a poco iría aleccionando a su marido en los valores del honor, la moderación, la amistad, el amor y el liderazgo. En recompensa, y después de mil y una noches de historias, el sultán decidió nombrarla como su princesa consorte. Ya habíamos dado por hecho que mientras no detuviera su discurso, su vida sería perdonada. Fue la palabra la que salvó a Scheherezade. La leyenda nos cuenta hasta ahí, pero lo más probable es que no se trataran de mil y una noches sino que este fuera apenas el comienzo, y que la feliz pareja tuvo en adelante toda una vejez llena de noches, palabras y amoríos.

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