El último pasillo

Publicado el laurgar

De géneros

Publicado originamente en HojaBlanca.net

Hace unos días, y como un simple divertimento, puse en mi cuenta de twitter un listado del quienes, a mi juicio, son los diez mejores columnistas colombianos. Un top 10 de columnistas. Lo hice, insisto, como un juego. Luego de publicar la lista, recibí algunas reacciones. Andrés Hoyos, fundador y ex director de El Malpensante, me dijo que estaría mejor una lista de columnistas chilenos, que son poco conocidos en Colombia. Intenté hacer esa lista pero no pude: los columnistas chilenos definitivamente no me gustan, me parece que, la mayoría, carecen de gracia, de capacidad argumentativa, y al final el listado quedaría armado con sólo dos o tres nombres. Luego un amigo me hizo caer en cuenta de que pasé por alto a Daniel Samper Pizano, un columnista que él sabe que admiro especialmente. Pero el mejor comentario me lo hizo mi amigo Nu, quien me hizo caer en cuenta de este detalle: mi listado no incluía a ninguna mujer. Y fue más allá: me llamó la atención de que ni siquiera hubiese incluido a la directora de Hoja Blanca, a mi jefa, Catalina Ruiz-Navarro.


El correo en donde me llamaba la atención sobre el asunto me llegó esta mañana y yo estuve todo el día dándole vueltas al asunto. A estas alturas no sé si la Cata me va a creer si le digo que me parece una muy buena columnista. Pero se lo digo: eres una muy buena columnista. Y no te lo digo porque seas mi jefa. Pero, lo dicho, ya metí las de caminar, ya no la puedo arreglar.

Lo cierto es que, bromas aparte, Nu tiene razón: no incluí a Catalina ni a ninguna otra mujer columnista, y eso tiene una razón. O varias, pero ahora diré una sola. Mis lecturas siempre han sido muy machistas. El problema de decir esto es que las feministas no me van a entender a la primera y querrán lapidarme acto seguido. Bueno, no creo que Catalina lo haga, pero le pediría que me tuviera un poco de paciencia mientras me explico, es decir, mientras le cuento a Nu, en esta columna y no en un correo, por qué mis lecturas son machistas.

Nu, que me conoce desde hace mucho tiempo, sabe que leo desde hace muchos años columnistas. De los diferentes géneros periodísticos, el de columna de opinión me ha fascinado siempre. Leí con gran gusto, mientras viví en Colombia, a Alfredo Iriarte, por ejemplo; a casi todos los de Semana; a los que se pasearon por Cromos o La Revista del domingo en El Espectador. Todavía guardo recortes de columnas que me gustaron mucho y que me traje a Chile en una carpeta. Y sí, la mayoría de esos columnistas que leí y que leo son hombres. Y, en otro género, en el género que me atrapa todo el tiempo y por el que vivo y muero, la literatura, mis lecturas no son menos machistas. Claro, acá ya hay otros matices y no voy a decir que leo solamente autores masculinos: está claro que no me iba a perder en esta vida la obra de Virginia Woolf, ClariceLispector, Marguerite Duras, Marguerite Yourcenar, Jane Austen, o mi más recientemente descubrimiento, Hiromi Kawakami, pero no voy a negarle a nadie que me lo pregunte que en mi biblioteca se leen más nombres de hombres que de mujeres.

Y acá es cuando le pido a las mujeres – y a Nu – que no me miren con disgusto, que no frunzan sus ceños ni arruguen sus narices. Pienso que el gran problema de la mujer, desde que lucha por la igualdad de sus derechos frente a los hombres, es que ha caído en la trampa del reconocimiento. Y es por eso que no comulgo con ningún tipo de feminismo. Me enferma que las mujeres que necesitan que se les reconozca su logro por eso, sólo por ser mujeres. Me cuesta mucho – y esto no sé explicarlo – ponerle género al género, es decir, ponerle género a la literatura, a las columnas, a lo que sea. No niego que, por su condición, por sus experiencias, una mujer puede narrar con mucha precisión cosas que un hombre no. Pero acá el asunto es que el mundo, lo quieran los lectores o no, tiene solo dos géneros para todo, para la literatura, la música, el periodismo, para todo: el que gusta y el que no gusta.

Hace poco Camilo Jimenez certificó en su cuenta de twitter: “Sólo conozco dos géneros musicales: la música que me gusta y la que no.”, y yo pienso que no sólo en los géneros musicales: en los literarios, en los periodísticos, en la malla de asignaturas de tu carrera, en todo en la vida, siempre hay dos tipos: lo que a uno le gusta y lo que no.

Pero hablemos de columnas de opinión y de libros: da lo mismo si los escribe una mujer o un hombre, estoy segura de que pocos nos fijamos en ese detalle. Estoy segura de que, una vez metidos en el texto, el sexo del autor se desdibuja por completo, y ni la mujer más frentera, ni el hombre más caballero, logrará cambiar lo más importante: nuestro gusto.

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