El Peatón

Publicado el Albeiro Montoya Guiral

Todos los libros el libro

A manera de prólogo a la hexalogía Poesía, si no es mucho pedir, de Sergio Marentes.

«No era una alucinación, me bastaba pensar   en   esos   años   en   que habíamos vivido tan cerca uno   de   otro   en   la   ciudad, compartiendo la política, […] y los libros» …

Julio Cortázar, Todos los fuegos el fuego

«Me dijo que su libro se llamaba El libro de arena, porque ni el libro ni la arena tienen ni principio ni fin».

Jorge Luis Borges

Sergio Marentes está escribiendo siempre. A tiempo y a destiempo, en cualquier lugar, solo o acompañado, mientras cocina o prepara el café, mientras recuerda su infancia con una sonrisa o su adolescencia con esa nostalgia de la que habla Zurita: «la nostalgia del futuro», porque de adolescente él siempre estuvo nostálgico de la vida que ahora tiene: la vida en la plenitud del amor, amado por el amor, como pocas personas en esta tierra triste, acompañado por el amor; respetado por el mundo de belleza que él mismo ha creado, arquitecto del lenguaje, escritor genuino, conductor de las palabras; pero no lo sabía, tan ocupado como estaba en escribir.

Aún en los sueños está escribiendo. Una noche, tal vez la peor de mi vida, la noche en que llegaba a Bogotá por primera vez, soñé con Sergio Marentes. Estaba entredormido en un parque, con un libro en las manos, escribiendo. Cuando me sintió cerca me tendió la mano y me invitó a escribir. «No puedo ahora, mejor mañana», le dije, apenado, «estoy muy ocupado ahora en mi tristeza». Ante mis palabras, no vaciló y, cuando menos lo pensé, ya era yo uno de sus personajes, escritor, y no podía, y no puedo, detenerme, como él, quien, ahora lo sé, como decía Carlos Héctor Trejos Reyes: «Ni siquiera lo detendrá la muerte».

Sergio Marentes escribe cuento breve, cuento fantástico, futurista y realista; novelas cortas y largas, trilogías y pentalogías de corte histórico y otras de hálito profundamente ficcional. Escribe piezas breves de teatro y extensas, guiones para cine, podcast, tuits y televisión. Crónicas de Indias y crónicas de indios, relatos de grandes y de pequeñas aventuras en islas temibles del Caribe y otras no tan temibles, o de la Asia desconocida. Epopeyas fundacionales y parodias al Amadís. Escribe libros de botánica y de navegación, manuales de cartografía. Escribió el Pop Vuj, el Rig-veda; le dictó sus mejores versos a Nezahualcóyotl. Talló figuras de gatos, por complacer a un amigo suyo, en las pirámides egipcias, por lo que el chiste le costó que estos fueran tenidos por dioses y hasta ellos mismos se le creyeran, como vemos hoy. Sergio Marentes escribió testimonios de la ceguera o del gigantismo, o evocaciones de los gitanos en el pueblo que está pasando la ciénaga. Es el autor de todos los libros. Pero, no lo olvidemos, es el autor de todos los libros de poesía, que se recogen en este volumen.

Por esta razón, encuarentenado lector, este libro que usted empieza a leer (ojalá saltándose mis impertinentes palabras), esta hexalogía, es un milagro, un llamado a la acción, pues cada uno de los seis libros que lo componen, es el verbo en imperativo hecho carne. No podrá usted leer este libro sin sentir la avidez extraordinaria de la libertad, de salir a los caminos y enfrentarse al mundo. En primer lugar, el poeta nos llama a imaginar, hace una defensa apasionada de la imaginación. «Imaginar», nos dice, «en sí mismo, es lo que nos define». No la fuerza ni la destrucción, la posesión, sino la fuerza creativa.

En segundo lugar, cambia de forma, la energía vital del libro anterior, y ahora nos habla con el lenguaje del sueño. Nos invita a soñar, pero un sueño lúcido donde gritemos nuestra inconformidad con la vigilia. Allí el poeta recompone la vida, nos hace señas, como Óscar Milosz, desde el ambiente onírico de su vida, a donde nos invita a entrar. Luego, en el tercer libro, Marentes asume el rostro de portavoz y parte en la resistencia civil y sus versos epigramáticos están ya cargados de paradoja y desenfado. Este podría llamarse tal vez El libro de las paradojas, pero su autor lo bautizó con uno de los nombres de eso que está a punto de desaparecer en el mundo, inclusive antes de la humanidad: el respeto.

En cuarto lugar, nos encontramos con el libro que considero el colofón de esta hexalogía de más de trescientas páginas de poesía, el libro dedicado al amor. Sabemos muy bien los humanos que cuando el amor habla, nunca lo escuchamos por estar ocupados hablando con la muerte, pero, para nuestra fortuna, Sergio Marentes fue testigo y escuchó con atención, para nosotros, las palabras del amor, y nos cuenta lo que dijo en estas páginas que relaciono. «El amor ya lo dijo todo, en todas las lenguas», reza un verso suyo.

A continuación, el quinto libro es una recomposición de la vida, un diálogo con el padre que, en estas páginas, no ha sido asesinado. El poeta lo extraña y lo busca en la memoria, le habla, le pregunta y él responde; con palabras va haciendo retroceder a los asesinos hasta el vientre de sus madres, los desaparece en la nada, los devuelve a ella, quiero decir, de modo que la trágica mañana nunca sucedió. El poeta, alegre, por el rencuentro en el lenguaje, celebra «el decir», da a la diosa de la poesía un acción de gracias por la vida, pero tal vez, supongo, el hecho de que en los poemas de esta sección aparezca la filosofía sentada a la mesa, se deba a que todavía tenga miedo por la ausencia, a que sospeche, a veces, que las casas construidas con palabras también puedan caerse; a que sospeche, pues, como oyó decir Eduardo Castillo al árbol que cantaba, que «toda la poesía ha nacido del dolor».

Por último —bueno, no por último, es un decir— el autor se enfrenta a la muerte y sale bien librado. La vence, arrebatándole para él y para sus personajes, la eternidad. En este libro se conjugan los mejores elementos y hallazgos poéticos de todos los anteriores. Este libro recoge con mayor intensidad que los anteriores la voz que grita libertad. «…en el país de la muerte hay un solo gobierno», anota, «el que cada ciudadano lleva adentro».

Y tengo para contarle, lector sobreviviente, que amará usted este libro porque, como en mi caso, cuando menos lo piense, se hallará usted viviendo en él. No le verá inicio —pero eso no le preocupará, seguirá avanzando por ese camino que es la vida, y seguirá alimentándose de sus palabras que son todos los fuegos el fuego, es decir, como quería Cortázar en este libro cuya paráfrasis titula este prólogo o bagatela, seguirá resolviendo todos los crímenes humanos contra el lenguaje, que son los peores, y seguirá celebrando la derrota de la muerte— ni tampoco le verá final, amigo mío o amiga mía, porque es el libro de arena.

Albeiro Montoya Guiral
Bogotá, 26 de junio de 2020

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