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Un Borges de 1925 y una visión de César Vallejo

Jorge Luis Borges
Jorge Luis Borges

Gabriela Amar (*)

Escudriñando en los tesoros virtuales de Gallica (de la BNF, Biblioteca Nacional de Francia) caí, casi por azar -mientras investigo sobre la estancia de César Vallejo en Madrid en 1931 para un ensayo- en un texto del primer Borges y se fueron componiendo estas notas, cruzadas con Vallejo…
Caí así en Borges como siempre. Primero, en el Borges de César Vallejo (lo que daría para una tesis o un documental…!). Un Borges de 1927. Es decir de una época con muchos ecos aun «ultraístas» de los que luego se apartará del todo Borges. Y en esos años, César Vallejo dice lo siguiente: «hoy como ayer los escritores de América practican una literatura prestada que les va trágicamente mal…un verso de Neruda, de Borges, o de Maples Arce no se diferencia en nada de uno de Tzara, de Ribemont o de Reverdy» (En el libro que recopila sus Crónicas, disponible en la Biblioteca Ayacucho virtual, que recoge grandes clásicos latinoamericanos: http://www.bibliotecayacucho.gob.ve/fba/index.php?id=97&backPID=96&swords=vallejo&tt_products=269)

¿Será así..? ¿Borges «copiador-plagiador» de Tzara? Da para un cuento…

Que arduo y azaroso es juzgar a nuestros contemporáneos…

Si, a César Vallejo le inquietaban las «traducciones» directas de las vanguardias de la época y se preocupaba por un destino «propio» para las letras latinoamericanas (que vendría a concretarse poco a poco, en las décadas siguientes, sobre todo a partir del famoso «boom»…). Y no puedo dejar de preguntarme, hoy, casi un siglo después, ¿cómo vivimos esa relación entre lo latinoamericano (con todas su variantes) y lo que se viene llamando ahora «literatura mundial»…?

Así y todo, no deja de atraerme también ese «distante» primer Borges. Y caí, decía, por azar, en un remoto número de la legendaria revista porteña Proa, hacia 1925, donde se iniciara un cierto «ensayista» llamado Jorge Luís Borges. Allí leo:

«…yo bien se que Anastasio el pollo surgió como una divinidad de las aguas, más desconozco su paradero ulterior. Quiero pensar que fué feliz, pues varones como él enderezan siempre a la dicha y en la media hora de amistad y de charla que en el desplayado el oímos, traslució más divinidad que la que guardan muchos años ajenos. Yo emprenderé alguna vez una peregrinación al Bragao y allí en la hondura de los últimos patios, daré con algún viejo matero o con alguna chica antigualla que recordarán gracias suyas (gracias borrosas como antiguas monedas) y que me dirán la muerte y milagros de hombre tan inmortal…» (sic)

Se refería Borges a Estanislao del Campo y a su «Fausto, Impresiones del gaucho Anastasio el Pollo en la representación de la Ópera» de 1866: (http://www.folkloretradiciones.com.ar/_literatura/impresiones%20del%20Gaucho%20Anastasio.pdf)

Así escribía Del Campo:

«…El Dotor volvió a clamar por su rubia, y Lucifer,

valido de su poder, se la volvió a presentar.

Pues que golpiando en el suelo en un beile apareció,

y Don Fausto le pidió que lo acompañase a un cielo.

No hubo forma que bailara: la rubia se encaprichó;

de balde el Dotor clamó por que no lo desairara.

Cansao ya de redetirse le contó al Demonio el caso;

pero él le dijo: «Amigaso, no tiene por qué afligirse:

Fausto

Si en el beile no ha alcanzao el poderla arrocinar, deje:

le hemos de buscar la güelta por otro lao…»

Dicha peregrinación a la que alude Borges, la haría después en diversos Atlas y mates…

Pero, en este Borges, el de 1925, diez años antes de Ficciones y veinte antes del Aleph, el lunfardo se adueña de la situación y un sentir hondo emociona al joven poeta de 26 años. Pero también están ya presentes ciertos símbolos inefables suyos, como el rastro de las monedas…

En 1964, ahí siguen estando presente esas monedas…

«…a cada instante de mi sueño o de mi vigilia

corresponde otro de la ciega moneda…»

P.D

Los invito a leer entonces El fausto criollo de Borges, en su versión original.

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(*) Colaboradora.

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