El Hilo de Ariadna

Publicado el Berta Lucia Estrada Estrada

UN CAPATAZ* LLAMADO URIBE Y SU BANDA DE ESCUDEROS, PEONES Y DEMÁS INNOMBRABLES

 

 arcabuceros

El capataz Uribe había creído hasta ahora que su estrella de la buena suerte lo habría de acompañar por siempre. Él mismo que ha creído hasta ahora que es dueño de un feudo llamado Locombia, acompañado del Inquisidor Ordoñez, el que juega a ser un Torquemada, que quema libros y que hace piras para lanzar a sus contradictores políticos. Con un seudoescudero llamado Josefos Obdulius, que cree tener dotes de historiador y filósofo. Con sus peones de cuadra, Pfachito, y mis coterráneos Fernando, Hoyos y Zuluaga (y yo, que no creo en los pecados, estoy comenzando a creer que algo muy malo he debido de haber hecho en otra vida para merecer tamaño castigo, el del pertenecer al mismo villorrio que ellos);  y por supuesto, no hay que olvidar  al aprendiz de arcabucero Sepúlveda, “que guiña el ojo sólo para disparar”.

Él capataz por fin se está haciendo el harakiri. Él solito está cayendo lentamente en la trampa en la que pretendía enterrarnos a todos los colombianos de bien. Y todo esto con el único fin de salvarse de un juicio por crímenes de lesa humanidad, juicio que tarde o temprano tendrá que afrontar, de eso no me cabe la menor duda. Un capataz que le ha enseñado a sus hijos que para hacerse ricos deben de coger el atajo más corto, así sea llevándose por delante todos los valores que supuestamente les inculcaron en el colegio. En la universidad pareciera que no hubiese sido así, ya que uno de ellos habría sido acusado de plagio, falta muy grave. En otro feudo, diferente a Locombia, el tramposo de su hijo hubiese sido expulsado de la universidad. Al menos así habría sido en la Escuela de la Catedral de Notre Dame; allí donde Pedro Abelardo impartía sus cursos a cientos de estudiantes que bebían sus palabras llenas de sabiduría. Supongo que el Inquisidor Ordoñez debe detestarlo, ya que sus personajes favoritos deben ser Suger y Bernardo de Claraval, el instigador de la Segunda Cruzada. Aunque imagino que el capataz Uribe nunca ha oído hablar de estos personajes. Sobre todo porque condenaría la relación entre Pedro Abelardo y Eloísa; recuerden que no supieron temperar sus deseos y que le dieron rienda suelta al “gustico”. Tan bien hablado el capataz, siempre me deja estupefacta, aunque supongo que él diría estupefato; y hasta de pronto me corregiría: – No es estupefato, es Golpe de Fato.

El capataz, el mismo que el pasado viernes fue a la Fiscalía de la Nación a embetunarse los zapatos; imagino que para hacer pasar el mensaje que se estaba limpiando toda la mugre que había allí. En verdad era una argucia más de las que tanto hace alarde para que no viéramos cuanta basura arrastra; pero sobre todo para que no viéramos la estela roja de horror que deja en todas partes. Y todavía hay gente que se atreve a ponerlo en el mismo estrado que a Bolívar, ¡Debo de  estar soñando!

Por otra parte, nunca he entendido como su dama morena no lo ha abandonado. Me la imagino maltratada, humillada, vuelta un ovillo de miedo, de terror. No en vano buscó el hombro de uno de sus hijos en la tenebrosa segunda posesión del puesto de capataz de su marido. Nunca olvidaré esa imagen en la televisión. Sólo le faltó llorar, aunque supongo que ya lo había hecho, y bastante. Pero le faltan agallas. Yo de ella pediría asilo político en un país que estuviese en las antípodas de Locombia; para que ese capataz, que se cree ogro, no pudiese darle más zarpazos en la noche. Aunque falta saber si ella ya ha instalado un burladero en la mitad del lecho nupcial; entre otras para que no la tire al lecho del río. De todas formas la considero su cómplice, si no por acción, si por omisión. A ella no le ha importado lo que él ha hecho con sus dos gamines; me refiero a convertirlos en barriobajeros, Y lo que es aún peor, no le ha importado lo que ha hecho con nuestro país y con nosotros, los millones de colombianos que lo habitamos. Territorio que ha sido usurpado,  ya que el capataz Uribe corre todos los días las cercas, las llena de espinas, las siembra con swinglea, o suingla, como la quieran llamar, para que desgarre las entrañas de los que nos oponemos a sus designios de grandeza putiniana, mussoliniana, franquista o hitlerista; incluso stalinista  -a fuerza de detestarlo ha terminado por ser igual a él. Se parecen como dos esquirlas, como dos trincheras, como dos bolas de lodo-. Mejor dicho, la swinglea la sembró para hacernos desaparecer de la faz de Locombia. Esa que cree que es su feudo personal, a la mejor manera de los Castro con la Isla, como la llaman sus Torqueordoñez, sus furibundos peones, arcabuceros y seudoescuderos, algunos de ellos disfrazados de falsas palomas. No la paloma de la paz de Picasso, a esa la han querido tirar por la canal que va a las alcantarillas; o mejor dicho, al infierno.

paloma

Afortunadamente hay un Santo -no me refiero a los santos del insignificante  Pfachito- que la recogió, la está cuidando, y pronto la hará volar, alto muy alto. Y así nos tengamos que tragar muchos sapos, pero la PAZ, la verdadera PAZ merece esos sapos.

Nota final: El púgil Gaviria, el que viene del villorrio vecino al mío, decidió regresar al ring, BIENVENIDO, me ofrezco para amarrarle los guantes; hizo una excelente entrada, FELICITACIONES, y siga en la lucha que la lucha aún no ha terminado.

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*La primera vez que utilicé el término adecuado de capataz para el personaje en cuestión fue el pasado 5 de mayo, pueden leer el artículo en el siguiente vínculo:

DE CANALES Y URIBES, O EL SENADO DEL PAÍS DE JUANA CON MIEDO

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