El Hilo de Ariadna

Publicado el Berta Lucia Estrada Estrada

La desafortunada declaración de la canciller Holguín

La prostitución en Cartagena

Esta semana se han escuchado toda clase de comentarios sobre la prostitución en Cartagena, hasta el punto que la canciller María Ángela Holguín, siempre tan ecuánime y respetuosa, ha dicho que “donde hay un hombre, hay prostitución”; lo que pone al género masculino en el mismo plato de una balanza y hace ver a  todos los hombres como potenciales “enfermos sexuales” que no pueden pasarse ni un día sin tener sexo.  Además, la canciller omite hablar de la prostitución masculina y no me refiero a ella como únicamente aquella que se da en el mundo gay; puesto que existe la prostitución que tiene como clientas a las mujeres. No habría sino que mirar muchos de los anuncios de los periódicos colombianos o darse un paseo por los alrededores de la Estación de Montparnasse en París, para ver como las mujeres, algunas maduras otras no tanto, se aproximan a los hombres bastante jóvenes que las esperan con el fin de ganar algo de dinero por unas cuantas horas en algún hotel o apartamento.

Por otra parte, hablar de las prostitutas en términos de “fufurufas”, palabra que desconocía hasta este escándalo perpetrado por los agentes de los servicios secretos de Obama, es claramente insultante. Lo digo porque estoy convencida que los problemas de la prostitución son muy profundos y que no puede simplemente argüirse que a “algunas mujeres les gusta el oficio” o “ que lo hacen porque ganan más que si ejercieran otra profesión”; argumentos que no desconozco, pero que no pueden mirarse como única regla que rige el comercio del sexo.

Arlene Tickner, en su columna de hoy, “Más allá de las furufufas”, en El Espectador (25.04.2012), toca un problema que a mi modo de ver es la columna vertebral de esta lacra que la sociedad ha tolerado desde tiempos inmemoriales. Me refiero a la trata de blancas, lo que en realidad quiere decir “esclavitud sexual”. No puede ignorarse que detrás de la gran mayoría de prostitutas y prostitutos hay redes mafiosas que se lucran de este comercio, en el cual, de una forma verdaderamente ignominiosa, se incluyen a menores de edad. Sin olvidar, los tratos denigrantes y la tortura, tanto psicológica como física, que las personas e infantes sufren cuando caen en estas redes de infamia. Por otra parte, la prostitución se ha tolerado como una forma de «proteger» a las mujeres de la familia, madre, hermanas, esposa, hijas, las mujeres puras de la sociedad patriarcal, las otras son sólo eso, prostitutas de poca monta.

Por otra parte, no es realista que la canciller desee tapar el sol con un dedo al querer desconocer que Cartagena es una ciudad con un alto índice de prostitución. Hacerlo sólo ayuda a los tratantes y a los dueños de prostíbulos o de bares que se mueven en torno a dicha actividad. Recuerdo que en el año de 2005 llevé a mi hijo a Cartagena, era su primer viaje al mar, por lo que también quería que conociera las islas del Rosario. Así que tomamos una de las tantas embarcaciones que llevan a los turistas a este paraíso que algunas familias poco escrupulosas las han transformado en sus sitios privados de recreo. El viaje lo hice con gran desagrado, ya que la mayoría de turistas eran españoles e italianos que estaban acompañados por mujeres muy jóvenes y que no dejaban la menor duda de la relación establecida entre ellos. Y digo que el viaje fue más que desagradable  ya que mi hijo contaba sólo con 10 años y no era esa la imagen que quería darle de las relaciones entre hombres y mujeres.

Para terminar, quisiera protestar solemnemente por el cinismo del alcalde de Cartagena, al querer llamar a las prostitutas, “damas de compañía”. Por una parte me pregunto si él solicita esa clase de servicios y por otra me preocupa el machismo que se aloja en tamaño eufemismo; puesto que al desconocer la prostitución, el alcalde podría erigirse en el principal cómplice de los proxenetas y en el enemigo número uno de sus víctimas.

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