El Hilo de Ariadna

Publicado el Berta Lucia Estrada Estrada

LA CARACAS DE GLORIA CEPEDA VARGAS

 

Los poemas que hoy publico, con el consentimiento escrito de su autora, la gran poeta e intelectual Gloria Cepeda Vargas, hacen parte de esos privilegios que rara vez no es dado recibir, son absolutamente hermosos. Más importante aún, son muy pero muy buenos.

Cuando me los envió le escribí lo siguiente: “Me uno a ti en ese dolor inconmensurable de ver como tu Caracas amada se va difuminando en la nada, perdida en el vaho de los transeúntes, equivocando el camino, borrando las huellas que la identifican”. … Poder compartir tus poemas con los lectores del blog El Hilo de Ariadna “es una forma de protestar por todo lo que está pasando, pero de una forma diferente, tú sabes de lo que hablo”.

Ceder el espacio a estos versos profundos  es rendir tributo a esta gran poeta colombiana que ha tenido la suerte de tener dos patrias, Colombia y Venezuela. Le ha cantado a las dos, y las dos le han dado alegrías y tristezas. En cada una de ellas ha dejado retazos de su vida, lleva cicatrices que ni la muerte podrá borrar. Quise publicarlos hoy pensando en este día que nos remonta al vientre materno, y eso son las ciudades que amamos, son enormes vientres que nos dan la vida o que nos ahogan.

Gracias amiga por este regalo que hoy nos das.

 

POEMAS DE AMOR

I

Caracas, te saludo

a pesar de tus manos al revés

no te has hundido aun

ni eres ese acerico cruzado de alfileres.

Muchacha de clavel

marimba loca

un hilo de agua limpia

guía los titubeos del sonámbulo.

Bella como una joven desnuda entre las aguas

hecha toda de acero

de humanidad intacta

brindemos por tu traje del domingo

por tus pies insumisos

por lo que asoma

esquivando cabezas destroncadas

por lo difícil de escanciar el tiempo

en un envase roto.

II

Quizá no vuelva

ese color donde no logro asirme

todo es “tal vez”

“quién sabe”

“si  acaso”

“de repente”.

Tal vez

no regrese la luna

los libros de las ventas callejeras

llenan la tarde de alas y graznidos

un cafetín resiste

una canción oída muchas veces

escala las paredes.

Quizá

tal vez

si acaso

el mundo es una caja ciega

¿caminamos o no?

baila la cuerda floja.

II

Nado y te alejas

corro y te encaramas

llamo y solo responde

el glu glu del invierno

y aquí me tienes

escuchando tus cuitas

saltándome tus baches

adelante y atrás

cofia de harina

para atrás y adelante

pase usted, comandante

sabor de vino rancio

globo roto.

En el aire tu pátina de menta

los niños

las mujeres

los hombres verdaderos

la cara de la luna que pretenden

espolvorear con cal

ellos mismos se inventan

se reciclan

se deshacen de espaldas al tsunami

no es para mí este verde

no quiero este café

se te cayeron todas las escamas

oscureció de pie.

III

Hay que llamar las cosas por su nombre

harta estoy de palabras con gorguera

todos a media voz. Los poderosos

es decir, los que tejen y destejen

son alacranes con ponzoña de oro

mientras los invisibles

se juegan la ceniza

en el macabro lance de la muerte.

Pasa la caravana

enana de alma y grande de impudicia

¿habrá tiempo

de rescatar el tiempo?

IV

Hay ciudades amables

que nos pertenecieron

alguna vez

sillas al sol de un día irrepetible

carpas para dormir con el amor.

Hay noches desatadas

bajo el látigo rojo del espanto

horas

azules y profundas

como para abrevarlas lentamente

momentos ensartados

en un hilo tan fino

que se rompe al mirarlo

ráfagas que guardamos

con llave y cerradura

minutos de papel

rodando por las calles del olvido

hay ciudades

jardines

trombas iluminadas

pájaros que murieron

pero siguen cantando.

 

Gloria Cepeda Vargas

 

 

 

 

 

 

 

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