El Hilo de Ariadna

Publicado el Berta Lucia Estrada Estrada

Juan Sebastián Pedroza, el nuevo Atila del país de machitos marchitos

“La discusión comenzó por una pelea cualquiera que tienen dos novios. Es una discusión común y corriente. Ella estaba con tragos y yo también estaba tomado”.

http://www.semana.com/nacion/articulo/habla-sebastian-pedroza-presunto-agresor-de-maria-jose/429859-3

Así comienza Juan Sebastián Pedroza su pobre y patética disculpa ante la violenta agresión de la que fue víctima María José Rivas, la joven que hasta hace poco era su novia.

No creo que Juan Sebastián sea un monstruo, es simplemente un pobre tipejo que habría cometido un delito grave como es el de morder a una mujer. Y al respecto habría que hacerle una pregunta: ¿Si hubiese tenido en su poder un arma blanca o una de fuego, cuál habría sido el resultado? Como no la tenía sus mandíbulas se convirtieron en un arma muy poderosa.

En Colombia, como en muchos otros lugares, creemos que agredir a las mujeres es normal ; y que hacerlo convierte a los hombres en los machos que la sociedad y el país necesitan. De ahí que elegir presidentes como Álvaro Uribe sea considerado una virtud. No en vano, cuando ocupaba el Palacio de Nariño, la gente solía decir : -¡es que es un verraco ! y la turba enardecida lo aplaudía y gritaba en las graderías del circo romano que es Colombia : – ¡Bravo ! ¡Que acabe con todos!

Juan Sebastián es el producto de esos tenebrosos ocho años de Uribe ; el mismo que decía :- Cuando lo vea ¡le doy en la cara, marica !

Juan Sebastián aduce en su rídicula defensa que “La discusión comenzó por una pelea cualquiera que tienen dos novios. Es una discusión común y corriente. Ella estaba con tragos y yo también estaba tomado”.

Como si terminar mordiendo violentamente, aún si hubiese sido algo leve, fuese algo normal. Y como muchos colombianos que comienzan a emborracharse, cuando aún toman biberon, se escuda en que son cosas de tragos, y que para colmo la agredida también había tomado licor.

Y sigue su patético discurso :

“Esto es lo peor que me ha pasado en la vida. En un segundo se me cae todo, en un segundo soy lo peor, soy el criminal más grande. En un segundo ya no puedo ni salir a la esquina (…) ».

Juan Sebastián, el digno exponente del país de los machitos marchitos, sale a la radio a mostrar su carita de víctima. Quiere olvidar que cuando se cruza el límite que lleva a un individuo a agredir a una mujer, o a cualquier ser humano, el agresor se convierte en un delincuente. No importa si es grande o pequeño, es un delincuente. No es un error, ni una equivocación, es un delito. Y eso no se arregla diciendo : « Yo estoy poniendo la cara al país para que se den cuenta de que realmente yo no soy esa persona que están mostrando».

Está bien pedir perdón y la agredida se lo merece ; pero eso no excluye el derecho y la obligación que tiene María José a denunciar la grave lesión que Juan Sebastián le hizo porque en su fuero interno está convencido que ella es de su propiedad. Que ella no tiene derecho a salir con amigas ni con nadie más ; por lo menos hasta que él decida lo contrario ; para luego poder gritar a pecho herido, como en una ranchera : « Tú eres la chancla que yo dejé tirada, en la basura pa’ ver quien te recoge… »

No, Juan Sebastián no es el dueño de Maria José, por más que diga que « la quiere ». ¡Vaya forma de demostar el amor ! Como Uribe que dice que quiere mucho a Colombia, pero está dispuesto a destruirla a como dé lugar. ¡A hacer tabla rasa si es menester ! ¡Como Atila y sus hordas, que por donde pasaban ni la hierba volvía a crecer ! Como las FARC y el ELN y los paramilitares. Solo les digo : -¡No nos quieran tanto ! ¡No necesitamos esa clase de amor violento y criminal !

Y si hablo de Atila es porque el machismo es eso precisamente. Los machitos marchitos consideran a la mujer un terreno que debe pisotearse, borrarse, desaparecerse, y que una agresión es sólo un signo de amor. ¡Vaya amor ! En todo caso sería un amor patético, sucio, deleznable ; no hay que olvidar que la mayoría de las veces termina en un feminicidio.

Y es para evitar una catástrofe así que Maria José Rivas está en el deber moral y legal de no conciliar y de dejar que sea la justicia la que determine que castigo debe tener su misógino agresor.

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