El Hilo de Ariadna

Publicado el Berta Lucia Estrada Estrada

FANNY BUITRAGO

F Buitr 

Fanny Buitrago escribe su primera novela, El hostigante verano de los dioses, a la edad de 18 años. Ha incursionado en la poesía, en la literatura infantil y en el teatro y ha sido guionista de programas de televisión. Con respecto a la obra El hostigante verano de los dioses, Luz Mery Giraldo dice lo siguiente: “Manifestándose como una joven promesa revolucionaria que cambia de perspectiva el espacio novelesco, al romper las estructuras convencionales y señalar formas mucho más complejas que desarticulan el lenguaje y ahondan en problemas existenciales propios de experiencias modernas, donde la fatalidad, las frustraciones, los amores y los desamores, guiados por una autoconciencia novelesca, establecen los nexos de una indagación con características policíacas. Al interior del mundo caótico recreado, el lector evoca la condición humana de ciertos personajes faulknerianos, en un pueblo marcado por la fatalidad y entrelazado a la autonomía del escritor que desde una voz narradora, al final de la novela pregunta: «¿Quién escribió por fin ese libro?», y deja en el aire la respuesta que compete a la autoría de todos”.

En cuanto a su novela Cola de Zorro (1970), es considerada por Raymond Williams como una fehaciente muestra de esa década, en la que la literatura comenzó a tomar caminos diferentes a los trazados por el Boom latinoamericano. Además, la considera una verdadera joya literaria, opacada por el éxito sin precedentes de Cien Años de Soledad; fenómeno que afectó a mucho escritores colombianos que tuvieron que escribir ocultos por su sombra. No obstante, yo agregaría que no fue sólo  Cien Años de Soledad, la causa de la invisibilidad  de Fanny Buitrago, sino también el hecho de ser una obra escrita por una mujer; ya que Colombia es un país que ha mirado este oficio como eminentemente masculino y que aún hoy le cuesta mucho aceptar que las mujeres escriben y que pueden hacerlo muy bien. No para “entretenerse”, o para “desahogar” su neurastenia, como muchos creen, sino por convicción, por pasión, con preparación y con verdadero talento.

Y si dicha invisibilidad era evidente hace 40 años, hoy lo es mucho más. Fanny Buitrago es una gran desconocida en cuanto que su obra no se lee, o al menos muy poco. La mayoría de la gente ni siquiera ha oído hablar de ella, a no ser que se pertenezca al cerrado círculo de amantes de la buena literatura colombiana; desconociendo de esta forma su enorme valor literario, y desconociendo, igualmente, que es una autora traducida a varias lenguas y ganadora de varios premios internacionales.

ALGUNOS DE SUS PREMIOS:

Premio Nacional de Teatro de Cali (1964), por El hombre de paja, obra incluida en Las distancias doradas

Premio de la Temporada de Verano de Buenos Aires (1965) por una adaptación de relato “La garza sucia” para el ballet a cargo del coreógrafo argentino Roberto Trinchero.

Finalista del Premio Biblioteca Breve Seix Barral en 1968, por Cola de zorro.

V Premio Unesco – Editorial Voluntad (1979) por “La casa del abuelo”.

Premio Villa de Avilés (Asturias) (1984) por “Tiquete a la pasión, compilado en ‘‘¡Líbranos de todo mal!.

Premio Felipe Trigo de Narraciones Cortas – (España) en 1987

Aspectos míticos en la obra de Fanny Buitrago

Una de las principales características de la literatura latinoamericana, es la de haber hecho del mito una fuente inagotable de conocimiento, de creación y de reinterpretación de la realidad. Fanny Buitrago utiliza el mito para hacernos conocer su visión de la mujer y el drama que debe soportar. Pero antes de analizar este aspecto de su obra literaria veamos que es el mito en sí mismo:

“El mito es considerado como una historia sagrada, por lo tanto es una “historia verdadera”, puesto que se refiere siempre a las realidades… De hecho el mito relata las gestas de Seres Sobrenaturales y la manifestación de su poder sagrado, se convierte en el modelo ejemplar de todas las actividades humanas significativas.”  (Eliade, Mircea. Aspects du mythe)

Esta definición es la clave, no solamente para comprender el mito en sí mismo, sino también para poder acercarnos a la ficción de Fanny Buitrago; pero sobre todo, para comprender el tema que estamos tratando de analizar: la problemática de la mujer a través del mito.

 Abia, personificación del mito

Abia, es un personaje femenino bastante complejo y el cual conocemos solamente por alusiones hechas por su círculo de amigos, ya que son muy pocas ocasiones en las que ella hace irrupción directamente. No obstante, está presente a todo lo largo de la obra y cada personaje gira alrededor de ella. Abia es la simbiosis del bien y del mal:

“Abia es una que tendría la culpa si el rio se desbordase. Las personas como ella son culpables de lo bueno y de lo malo que le sucede a los demás.”  (Fanny Buitrago, El hostigante verano de los dioses)

Abia podría muy bien ser la síntesis de Eva, puesto que todas las faltas recaerían sobre ella, incluyendo los fenómenos naturales; lo que hace de ella un ser sobrenatural capaz de manipular todo lo que la rodea, sin que nadie pueda oponérsele, es capaz de aniquilar la fuerza de voluntad de todos los que la rodean:

“Tuve que ser útil para manejarlos, inconsciente para que obedecieran… ¡Los engañé a todos! … Tan niños y tan ingenuos siempre.” 

Su inutilidad y su apariencia débil, en realidad representan su fuerza:

“Abia es sólo una niña. Una niña débil que necesita del cuidado de los demás.

-Pero yo no lo creía.

-Esa debilidad le da el poder… La temí desde que llegó.”

Abia, una niña grande que conserva aún su alcoba llena de muñecas, y que aún no ha menstruado:

“¿Te vino ya la regla? Si, el período…

¡Ah! ¿Esa cochinada que moja por debajo?

Claro…

No, Olga me hace remedios. Yo no me los tomo. No quiero que me moje esa porquería.”

Este párrafo es la clave que permite comprender el carácter de Abia, pero sobre todo para entender porque todos los personajes que la rodean viven en función de ella, por ella y para ella. El hecho de no haber menstruado, la convierte en un ser inmaculado puesto que la sangre -según Mircea Eliade- representa para numerosos pueblos la mancha, la representación de una falta, de una transgresión. La llegada de la regla supone, para muchas mujeres, la obligación de separarse del grupo al que pertenecen mientras dure el período:

“La iniciación (de la mujer) comienza con la primera menstruación. Este síntoma fisiológico representa una ruptura, es el desprendimiento brutal de la jovencita con respecto a su mundo familiar: es inmediatamente separada de la comunidad… (es colocada) en una cabaña especial, en el matorral… (ella) debe evitar el sol o evitar ser tocada por cualquier persona. … la segregación comienza con la menstruación”. (Mircea Eliade, Op. Cit.)

Abia, en lugar de convertirse en una verdadera mujer (desde el punto de vista fisiológico y desde el punto de vista de la cultura dominante), se convierte en un mito:

 “¡Esa risa tintineante de Abia!

Abia, te ríes como un niño de pecho que acaba de despertar junto al pecho de su madre. … Ríes como el comienzo de la vida, cuando no ha sufrido, ni presentido el dolor. Ríes para ti sola, sin tenerme en cuenta, sin pensar que estoy aquí: tuyo, labrado y cosechado para tus manos.”

Abia, es comparada al “tiempo primigenio”, al tiempo de los orígenes del hombre. En ella están representados el caos y la armonía, lo pagano y lo sagrado. El momento de la muerte (de su muerte) está lejos de representar la tragedia cotidiana común a todos los mortales; puesto que vivir, con una concepción del tiempo lineal, significa, al momento de morir, el encuentro con el NÉANT (la nada). Pero para Abia su muerte es la ocasión de festejar con sus amigos:

“En la mañana había despertado con una obsesión: quiero una fiesta y verlos a todos hoy: Leo, Inari, Hade… todos los que me hicieron los días amables.”

Sin duda, porque ella, más que nadie, es consciente (o cree serlo) de su esencia sobrenatural. La muerte significa solamente el preludio de un nuevo nacimiento:

“Lo esencial no es el hecho del fin, sino la certeza de un nuevo comienzo.” (Mircea Eliade, Op.cit)

Su muerte es en realidad el comienzo de una nueva vida, de una vida plena, gracias al mito. Abia, niña-mujer, ha pasado de la categoría de ser sobrenatural, que vive en cada uno de sus amigos, a vivir en las leyendas del pueblo; transformándose de esta manera en una heroína de la tradición oral:

“Naciste tan incompleta que no necesitaste de dones, Abia… estabas destinada a morir, y ningún genio se ocupó de ti. A mi hermoso milagro lo ignoraron los genios y los dioses, e ignorándola, ¡la hicieron de su misma especie! Nunca temerás a nada de lo anterior, ni te asustará el futuro, porque careces de ese motor que distingue al hombre del resto de la creación y que mueve al mundo… el remordimiento.”

Y luego:

“Ni aunque se le carcomiera todo el cuerpo y perdiera sus bellos ojos, nos salvaríamos de ella.”

El mito del eterno retorno está presente en la imagen de Abia; se integran el uno en el otro, convirtiéndose en un solo mito: Abia, la mujer, es decir el origen del hombre o de la vida…, como se quiera decir.

 

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